Jinping: liberal y comunista

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    Marzo 2017

    Libre comercio Mientras el presidente norteamericano, Donald Trump, confirmaba su deseo de renegociar los acuerdos comerciales en los que está implicado Estados Unidos, Xi Jinping, su homólogo chino, abogaba en Davos a favor del libre comercio. No deja de tener gracia ver a un comunista al frente del liberalismo siendo atacado por un millonario ultracapitalista. Tiene menos gracia cuando se sabe que el amor al libre comercio de Xi Jinping va unido a una falta total de avance en las libertades políticas y a una creciente afirmación imperialista.

    Y aún tiene menos gracia constatar que el nacionalismo económico de Donald Trump va unido a una xenofobia manifiesta y a una indiferencia total por la suerte de los más pobres o por el calentamiento global. Pero no es ninguna novedad: los dirigentes políticos creen en las teorías de David Ricardo y de Heckescher-Ohlin-Samuelson mientras sirven a los intereses que ellos defienden. A China hoy le beneficia. Pero mañana, cuando haya terminado de imitar lo que otros han inventado, defenderá la propiedad industrial.

    Estados Unidos está en una situación completamente distinta. Aunque su desindustrialización es una realidad —atenuada por su posición en las industrias de futuro—, sus multinacionales siguen dominando el mundo. Pese a que no todos los estados se benefician, el país sigue siendo el que más ha ganado con una globalización que le permite vivir por encima de sus posibilidades. Trump pretende manejar su big sitck para negociar unos acuerdos aún más favorables para Estados Unidos y para relocalizar algunos empleos con el fin de responder a la angustia legítima de los perdedores. ¿Logrará conseguir el oro del proteccionismo conservando el moro de la globalización liberal? La respuesta, en los próximos cuatro años.

     

    Nuclear La oleada de frío que sufrió Francia en febrero ha obligado a Électricité de France  (EDF) a importar masivamente electricidad a un precio muy alto para evitar un black-out causado por el hecho de que parte de su parque nuclear está fuera de servicio. La Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN) ha facilitado la tarea de la empresa eléctrica nacional autorizando la puesta en funcionamiento acelerada de varias centrales. Asombra la poca repercusión mediática que origina el asunto de los generadores de vapor que habían obligado a pararlas. Desde hace más de cuatro décadas, los expertos en energía nuclear nos aseguran que todo está previsto, que todo está bajo control. Pero de repente descubrimos —gracias a la ASN— que la principal empresa industrial del sector ha fabricado unas piezas enormemente dudosas engañando sobre los resultados de los controles y que ahora hay que hacer miles de verificaciones… Es un escándalo que debería llevar a examinar de cabo a rabo nuestra política energética. Pero no. Apenas se habla de ello, como si todo lo que afecte a Areva y a la energía nuclear perteneciera al interés superior de la nación e impidiera cualquier debate.

     

    Europa ¿Puede ser bueno para Europa que Trump haya sido elegido presidente? Europa siempre ha avanzado cuando se ha visto enfrentada a importantes desafíos: la Comunidad del Carbón y del Acero nació del deseo de acabar con las guerras intraeuropeas; la creación del mercado común surgió de la necesidad de fortalecer la prosperidad de Europa occidental frente a la amenaza soviética; finalmente, el euro fue una respuesta a la inquietud provocada por la unificación alemana. ¿Puede Trump desempeñar hoy ese papel catalizador o, por el contrario, va a fomentar que cada uno vaya a lo suyo al estilo británico?

    Europa siempre ha avanzado cuando ha tenido grandes desafíos

    En principio, está claro el interés de un acercamiento entre una Francia —relativamente— autónoma en el campo de la defensa y una Alemania dotada de un fuerte potencial económico. ¿Pero estamos dispuestos, a uno y otro lado del Rin, a llegar a los acuerdos necesarios? Para ello, Alemania debería acabar con su visión estrecha y cortoplacista del interés nacional en el ámbito económico y asumir un liderazgo condescendiente. Pero también es necesario que, por su parte, Francia comprenda que no puede exigir a Alemania que pague por su defensa sin compartir el poder en este terreno.

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