La omnipresencia del pasado

  • Hotel Europa, del director bosnio Danis Tanovic, es una película basada en la obra teatral homónima, del controvertido escritor y filósofo francés Bernard-Henri Levy. El título original del film es: Mort à Sarajevo, y está situado y rodado en la ciudad bosnia.

    Jacques Weber (derecha) e Izudin Bajrovic (izquierda), en una escena del film.

    Un hotel puede ser el lugar idóneo para desarrollar una alegoría sobre un país –en este caso, Bosnia Herzegovina–, que se extiende también a toda Europa debido a la importancia que la capital bosnia tuvo en el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial. Para que resulte aún más evidente, la acción se sitúa el 28 de junio de 2014, fecha en que se conmemoró el centenario del atentado que el nacionalista bosnio Gavrilo Princip llevó a cabo contra el archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio Austrohúngaro, y su esposa, la duquesa Sofia Chotek.

    El decadente Hotel Europa (en realidad el Holiday Inn, construido para alojar a quienes intervinieron en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984), en otro tiempo el más famoso de Sarajevo y albergue de huéspedes ilustres, se prepara para recibir a los participantes en la celebración del centenario. Pero existen algunos problemas importantes que impiden al hotel acoger de modo adecuado a los visitantes. Se halla en una situación económica próxima a la quiebra y los trabajadores se han declarado en huelga porque llevan dos meses sin cobrar. Sólo un préstamo bancario puede salvar al hotel de la bancarrota, pero está ya tan endeudado que el banquero a quien el director recurre en busca de ayuda, se la niega alegando que, de hacerlo, el consejo de administración de la entidad prescindiría de él.

    En el sótano del local se llevan a cabo partidas de póquer dirigidas por unos gánsteres que son en realidad quienes gobiernan la empresa hotelera. Entre estos personajes se encuentra también aquel banquero. No se menciona que los demás tahúres sean miembros de la banca, pero se intuye que tienen algún vínculo con ella.

    Por otra parte, aquellos matones son utilizados para amedrentar a los trabajadores declarados en huelga, así como cuando conviene que impongan el orden e incluso lleguen al asesinato. Se espía a los huelguistas mediante un circuito cerrado de televisión; así pues, el hotel prescinde de cualquier tipo de ética cuando se trata de controlar a sus trabajadores. Considerando que el film está localizado sin ninguna duda en Bosnia, ¿debe entender el espectador que la situación que está observando puede hacerse extensiva a este país? Lo dejamos a su juicio.

    De modo general, la película resulta bastante didáctica, en especial cuando muestra cómo un personaje (interpretado por Jacques Weber, el actor francés que representó la obra teatral en su estreno, en 2014), al que se supone participante en los actos conmemorativos del centenario del atentado, ensaya su discurso sobre la Europa herida del siglo XX mientras es grabado también por cámaras de televisión ocultas en su habitación. 

    Las referencias al atentado de 1914 son constantes. Parte de la población aún considera a Gavrilo Princip un héroe, y el film pone en evidencia que el pasado está muy presente en Sarajevo. Durante el Festival de Berlín de 2016, en el cual se proyectó la película, Tanovic dijo: “Mi pueblo no tiene presente ni futuro, sólo vive pendiente del pasado”.

    La diferencia entre los que viven en otro tiempo y quienes ya lo han dejado atrás se manifiesta en una discusión entre un descendiente de Princip que lleva su mismo nombre y una periodista que realiza un reportaje en la azotea del hotel: “Si matáramos a algunos banqueros y políticos, puede que las cosas cambiaran”, dice el nacionalista, mientras que ella responde: “Mi problema es que vivo en un país de idiotas y fascistas que sólo saben empuñar el arma contra quien no opina como ellos”.

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