Utopía para realistas // Lo más efectivo, repartir dinero en efectivo

  • Pobreza y trabajo: El libro de Rutger Bregman clama por la renta básica universal, el reparto del tiempo de trabajo y una apertura de fronteras. Por encima de todo, reivindica la utopía.

    Oscar Wilde definió el progreso como “la realización de utopías”.Pero el joven pensador holandés Rutger Bregman, que ha provocado cierto revuelo con su apuesta por un cambio profundo del modelo social y que se muestra muy crítico con los medios de comunicación convencionales, focaliza el drama  en el hecho de que, en un momento de importantes avances tecnológicos, humanitarios, económicos y sociales, parecemos habernos quedado sin ideas nuevas. “La verdadera crisis es que no se nos ocurre nada mejor”.  

    Sin utopías podemos caer en las garras de la tecnocracia, alerta el historiador y periodista, porque cualquier idea, más allá de que tenga sentido o no, es despedazada en los medios si éstos (o quienes mueven sus hilos) consideran que son disparates.

    Utopía para realistas
    Rutger Bregman
    Salamandra, 2017
    301 páginas
    Precio: 16,15 €

    Una de las ideas clave que defiende el autor a capa y espada es la renta básica universal, lo cual supone dejar de condicionar ayudas a la búsqueda de empleo o al  cumplimiento de determinadas condiciones. Rutger Bregman se arma de experiencias estudiadas sobre experiencias de transferencias de dinero que a la larga  han resultado ser más exitosas y eficaces en comparación con los montajes, burocracia, selección de candidatos, vigilancia del cumplimiento de condiciones. Allí donde se ha aplicado (Sillicon Valley, Canadá, Finlandia, Kenia), el articulista enfatiza que un sistema de ayudas directas no condicionadas ha acabado mejorando la salud, el rendimiento escolar, ha disminuido la delincuencia. 

    Da la sensación de que al autor, lo que de verdad le irrita es asistir a un espectáculo de ciudadanos que han dejado de pensar con criterios propios y se han abonado a “falacias” dominantes. Una de ellas puede ser la de que  el trabajo remunerado es el principio y el fin de nuestra existencia. Otras, que si los inmigrantes encuentran las fronteras abiertas de un país, van a romper la cohesión social del lugar de destino, van a quitar los empleos a los nacionales y a hacer que bajen los sueldos  o no querrán volver a sus países. Rutger Bregman aboga por una apertura total de fronteras a los movimientos de personas, porque en el mercado laboral mundial esa apertura haría que el mundo fuera el doble de rico (se incrementaría el producto mundial bruto entre el 67% y el 147%).

    En la nueva sociedad, una semana laboral más corta (de quince horas, como llegó a augurar Keynes) disminuiría los accidentes laborales, reduciría el estrés, puede amortiguar las puntas de desempleo,  y ayudar en la adaptación de sociedades que envejecen rápido y que tienen retos como la desigualdad y, en especial, la de género. 

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