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  • Tener alguna habilidad —cortar el pelo, enseñar a leer o escribir, lo que sea— no es garantía de que el mercado te lo reconozca y te paguen por ello. Sin embargo, los bancos de tiempo, que siempre crecen en contextos de crisis, sí permiten sacarle partido a través del intercambio: yo te corto el pelo y tú refuerzas las matemáticas de mi hija. Las combinaciones son casi ilimitadas y es posible acceder a muchos servicios sin dinero. Solo hay que cumplir unas reglas muy elementales.

    Los expertos consideran que la educación de cero a tres años es clave para la formación de los niños y las niñas. Sin embargo, el Estado deja a los padres a la intemperie, con escasa oferta de guarderías públicas, y  la única opción de ir a centros privados caros y masificados. Una alternativa es la madre de día, que trata de crear un segundo hogar, cálido y personalizado, para un máximo de cuatro niños. En Europa es una opción común desde hace décadas, pero en España se encuentra aún en fase incipiente y a menudo alegal.

    Las residencias para gente mayor han sido estigmatizadas en ocasiones como un lugar donde se aparcaba a la gente que le costaba valerse por sí misma. La realidad es muy diversa, pero esta visión estereotipada nada tiene que ver con las comunidades autogestionadas en las que los integrantes mantienen sus espacios de máxima intimidad, disfrutan de espacios comunes y participan activamente en la gestión de la propia entidad.

    Los envíos por mensajería son inevitables para muchas empresas, y cada mensaje solía llevar aparejadas nuevas emisiones de dióxido de carbono, el principal causante del efecto invernadero. Sin embargo, los servicios de ecomensajería —generalmente en bicicleta— han reducido sensiblemente la factura ecológica de estas operaciones. Los pioneros empezaron en Barcelona en 1984, pero ahora ya hay servicios análogos en muchas ciudades.

    Lo más caro de viajar suele ser el alojamiento y para las familias con niños es aún más inaccesible. Si finalmente se consigue un buen precio, lo habitual es que sea un espacio pequeño y despersonalizado. Una alternativa es el intercambio de casa. Siempre se ha hecho, pero Internet ha multiplicado las posibilidades y algunas webs cuentan con hasta 50.000 casas en todo el mundo. No se trata solo de un ahorro económico: es también la mejor forma de vivir las vacaciones como viven los lugareños.  

    Comprar un coche ha sido durante muchas décadas símbolo de estatus, y en muchos casos sigue siéndolo, aunque cada vez hay más gente —especialmente, entre los jóvenes— interesada básicamente en su función primaria: un medio de transporte que sirve para ir de un sitio al otro sin depender de terceros. Para ello no siempre es necesario comprarse un automóvil y asumir los costosos gastos anexos, desde el seguro hasta las reparaciones: basta con adentrarse en el mundo del carsharing.

    La movilidad en las ciudades suele estar muy lastrada por los embotellamientos y la masificación del transporte público. La red pública de transporte en bicicleta llegó tarde a España, pero ha supuesto un alivio para miles de ciudadanos que han encontrado en muchas ciudades una forma alternativa de moverse sin esperas y de forma económica, aunque los precios han ido subiendo de forma progresiva para los usuarios.

    No es necesario comprar bicicletas para poder disfrutarlas. Ni siquiera de segunda mano. Algunas empresas de inserción social y asociaciones entusiastas ayudan a reconstruir bicicletas en mal estado y a reciclarlas para que puedan volver a ser utilizadas, a menudo gratis o a un precio simbólico. Incluso organizan cursos  en los que enseñan a construir una bicicleta desde cero, aunque ello ya requiere algo de tiempo y de habilidad.

    En las empresas mercantiles  manda el capital: quien aporta el dinero indica lo que se debe hacer y se lleva los beneficios. Pero existen también las empresas cooperativas, en las que el elemento central es el trabajo: todos los trabajadores socios tienen el mismo peso en las asambleas, con independencia del cargo que desempeñen y del capital aportado. Estas empresas de raíz democrática suelen resistir mejor  las crisis, y no son ninguna rareza: solo en España hay 17.000.

    Decenas de miles de empresas han cerrado con la crisis siguiendo un mismo guión, que concluye con los trabajadores en el Fogasa. A veces no hay otro remedio que ceñirse a este guión, pero en ocasiones sí hay posibilidades de una opción radicalmente distinta que raramente se pone sobre la mesa: la posibilidad de que los trabajadores se queden con la empresa. Desde 2008, al menos 75 compañías han sido recuperadas por sus trabajadores en España y reconvertidas en cooperativas.

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