Panorama económico

  • El euro no es la única moneda que permite adquirir bienes y servicios. La economía social trata de construir desde hace tiempo un mercado en el que sea posible comprar y vender con una moneda menos inaccesible para crecientes capas de la población: ecosoles, boniatos, pumas, dragos, zoquitos, turutas... Algunos han contado hasta 130 monedas alternativas solo en España, sin contar el bitcoin, la moneda digital de alcance global que ha desconcertado a los autoridades monetarias.

    Todas las empresas sufren la falta de crédito, pero las cooperativas y la economía social suelen tener un problema añadido por la incomprensión de sus dinámicas específicas por parte del sistema financiero tradicional. Para sortear estos escollos añadidos al acceso a la financiación se han puesto en marcha instrumentos que suelen comprometer al núcleo más cercano al proyecto, como los títulos participativos.  Conllevan riesgos, pero pueden ser muy útiles si se planifican bien.

    Ni compra ni alquiler. La cesión de uso es una fórmula a medio camino que aspira a aunar lo mejor de ambos mundos: estabilidad y posibilidad de construir un hogar con horizonte a largo plazo, pero a precio asequible y sin quedar hipotecado de por vida ni a merced de los vaivenes del mercado. Es una opción aún muy rara en España, uno de los países europeos con más tradición de vivienda en propiedad, pero común en varios países, y aquí también empieza a ser posible.

    Desde que empezó la crisis se han iniciado más de 400.000 ejecuciones hipotecarias en España, en muchos casos por iniciativa de entidades financieras rescatadas con dinero público o que se han beneficiado de algún tipo de apoyo de la Administración. La respuesta oficial ante un drama social de esta envergadura sin precedentes ha sido tibia y encaminada a la resignación. Pero la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha mostrado que los afectados tenían una alternativa: organizarse y resistir.

    Saltarse al oligopolio energético no es fácil, pero existen muchas posibilidades mediante un creciente abanico de empresas y cooperativas que aportan exclusivamente energía verde. El cambio no encarece la factura, pero exige una toma de conciencia previa y una voluntad de contribuir a variar la situación, lo cual ayuda a explicar el auge de algunas iniciativas que convierten al consumidor en socio de la empresa. En cambio, el autoconsumo se ve ahora muy perjudicado por los nuevos peajes.

    Todo el mundo parece condenado a depender de las grandes multinacionales si quiere un teléfono móvil con acceso a Internet. Sin embargo, en Reino Unido operan con éxito cooperativas en las que el usuario del teléfono no es solo un usuario que intenta como puede que le atienda alguien del servicio de atención al cliente, sino un socio que participa en las asambleas de la compañía para decidir a qué destinan los excedentes, si los hay. Este modelo acaba de llegar también a España.

    Las películas y documentales independientes tienen enormes dificultades para encontrar un exhibidor que se arriesgue a salirse del guion que escriben las grandes multinacionales y las majors. El problema acaba siendo de los espectadores más reacios a ser tratados como meros consumidores pasivos ante una oferta de apariencia sobreabundante pero surgida, en la práctica, de la misma cocina . Algunos cines de reciente creación tratan de salirse de esta dinámica.

    Entre un teatro pensado solo como entretenimiento y otro que quiere ser motor del cambio social hay una enorme escala de grises. Sin embargo, los teatros comerciales basculan casi siempre alrededor de la primera opción y casi sin grises. Nuevas iniciativas aspiran a consolidar espacios también para quienes desean recuperar una visión del teatro como herramienta para el cambio, conectada con las múltiples mareas que recorren la sociedad.

    La caída brutal de la venta de libros por la crisis tiene consecuencias también en las librerías: sus ingresos dependen de manera creciente de los best-sellers, las grandes apuestas de las multinacionales, que  acaban apartando de la estantería los libros de editoriales independientes. Ello explica el auge de nuevas librerías promovidas por asociaciones y cooperativas, donde lo difícil es encontrar el best-seller.

    Los bancos han tomado el control accionarial de la mayor parte de grandes medios de comunicación tradicionales, y algunos de sus lectores más fieles se sienten ahora huérfanos. Sin embargo, en paralelo han surgido nuevos medios impulsados por periodistas de larga trayectoria que aspiran a seguir haciendo periodismo independiente. Los nuevos medios son propiedad de los mismos periodistas, que cuentan con alta especialización: en la práctica abarcan todas las secciones de un periódico. 

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