Más reservas de oro por si las moscas

  • Los bancos centrales, y especialmente el de Rusia, están haciendo acopio de oro, un síntoma de las tensiones geopolíticas y de los riesgos económicos del momento.

    Se supone que si alguien puede tener buena información sobre lo que está por llegar son los bancos centrales. Sin embargo, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ha aludido recientemente al momento de enormes incertidumbres que rodean la economía mundial, refiriéndose a “una habitación oscura”, en la que deben darse “pasos pequeños”. Entre las que citó el pasado marzo, figuran los enfrentamientos comerciales y la desaceleración  de la economía china —de hecho, afecta a la economía global, empezando por la locomotora europea, Alemania—. Y en este movimiento a tientas por una era de inestabilidad, los bancos centrales, y en especial los de países cuyas economías se consideran emergentes, no paran de incrementar sus reservas en oro.

    Las reservas de los bancos centrales son una especie de parachoque cuando vienen mal dadas. Funcionan como una protección para poder hacer frente a crisis imprevistas de distintos tipos, de los ataques especulativos a la moneda a desequilibrios financieros y macroeconómicos, del país o externos. Así, son un termómetro de la capacidad de hacer frente a los pagos de bienes que se importan o del servicio de la deuda. Y dan estabilidad.

    En 2018, más de 20 bancos centrales compraron oro, según el Consejo Mundial del Oro (WGC, en sus siglas en inglés). Rusia sobre todo, pero también Kazakhstán y Turquía se mostraron los más ansiosos, para ‘desdolarizar’ sus reservas de divisas, pues el dólar acapara el grueso de ellas. El incremento de la demanda de oro como reservas fue del 74% respecto del año anterior. Este apetito –traducido en 651 toneladas de oro en sus reservas, la mayor desde el abandono del ‘patrón oro’ por Estados Unidos, en 1971— es lo que explica el incremento global de la demanda de oro del año pasado, que fue del 4% y lo situó en 4. 345 toneladas.

    El año 2019 la tendencia no ha decaído. En enero se registró el mayor incremento en reservas de oro en 18 años, según datos del WGC, que espera que la demanda de los bancos centrales “se mantenga boyante”.  Varias consultoras como Metals Focus inciden en la idea por la volatilidad política y financiera.
    La segunda gran depresión iniciada en 2007 acabó cambiando el enfoque de los supervisores respecto del oro. Hasta entonces, tendían a vender, pero a partir de 2010 tendieron a comprar.

    Una razón de esta tendencia, agudizada en los últimos dos años, es el deterioro de las relaciones geopolíticas. Otra, la voluntad de diversificar las reservas por parte de los Estados. Es este el caso, de Hungría, que, junto con Polonia, fueron los únicos países de la Unión Europea que compraron oro (aunque Alemania es el primer país en reservas en oro después de Estados Unidos). A nadie se le escapa tampoco el hecho de que la deuda de EE UU, en máximos durante la presidencia de Donald Trump, también desempeña un papel motor. Rusia lleva 13 años comprando oro, y ya es el sexto país en reservas. 

    El oro tiene muchos fans. Sus partidarios argumentan que este metal precioso mantiene su valor, también en periodos de crisis, pese a que, paradójicamente, el oro cotiza en los mercados y su cotización se comporta como un objeto de inversión como los demás, y ve fluctuar su valor. Desde el verano pasado, el precio tiende al alza, y está por encima de los 1.300 dólares por onza. Otro de los argumentos a favor del oro es el de que, a diferencia de una divisa, el oro no se relaciona con un país o grupo de países en concreto.

    Uno de los economistas más destacados que últimamente ha salido a la palestra a augurar un futuro con más oro —como un modo de almacenar riqueza, herramienta de diversificación y de mitigación de riesgos— es el profesor de Harvard Ken Rogoff. 

    Hubo un tiempo en que el oro tuvo un enorme protagonismo, como un metal relativamente escaso y poco oxidable. En el siglo XIX, el dinero que se imprimía tenía que estar respaldado con su valor equivalente en oro. Y los tipos de cambio entre monedas se establecían a partir de su equivalencia en oro. La supremacía económica de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial convirtió el dólar en moneda de referencia internacional. EE UU mantuvo un precio fijo en oro de su moneda hasta hace medio siglo.

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