Redes sociales

  • Sumar adeptos es imprescindible para provocar un cambio. Las redes permiten multiplicar adhesiones fácilmente, a gran velocidad y de forma interactiva. Ayudan a ejercer presión y refuerzan el sentido de pertenencia a una comunidad de valores.

    Defender el respeto a los derechos humanos, asegurar cuidados humanitarios en zonas de conflicto o allí donde se requieran, garantizar compañía a personas mayores abandonadas a su soledad, batallar por un mejor futuro para los niños, contribuir a proteger el medio ambiente, ayudar al desarrollo (...)

    Es difícil. Pero existen cada vez más iniciativas que intentan acercársele. No hay fronteras para sumar adeptos a una causa porque a los múltiples problemas específicos que resolver en el entorno cercano se le suman retos globales compartidos. La multiplicación de proyectos (...)

    Dentro de nuestra faceta de consumidores, también podemos hacer ondear algunas banderas, seguir ciertas pautas y tener referentes. El propio consumo colaborativo se ha erigido en una causa para muchas iniciativas que han surgido, entre la moda y la convicción, constituyendo (...)

    El turismo colaborativo ha funcionado desde mucho antes de la llegada de Internet, pero con las posibilidades que ofrece la Red, ha estallado una pequeña revolución. De intercambios de casa a guías de turismo: todo se comparte.

    La gente que vive fuera de su país, y que no es exactamente un inmigrante, se ha puesto de acuerdo en webs colaborativas sobre vivir en el exterior. Son una especie de redes sociales específicas, donde conocer gente e intercambiar información, organizar un evento o ser miembro de algún grupo  (...)

    Por ejemplo, si uno quiere ofrecerse como —o necesita a— entrenador personal, para rehabilitación o problemas específicos, existen multitud de plataformas donde hallarlos. Una de las más conocidas es Entrena.me, donde la web se queda 4 euros frente a 20 que puede cobrar (...)

    Las redes sociales desempeñan un importante papel económico. Pero su utilización, lejos de liberarnos de las actuales relaciones existentes entre clases sociales, tiende, por el contrario, a multiplicar sus efectos, de modo que constituyen un factor más (...)

    La explosión de las redes sociales y el uso de Internet han multiplicado el rastro que los ciudadanos van dejando sobre sí mismos. Esta información pasa a ser propiedad de la empresa que gestiona la plataforma sobre la que operan los ciudadanos (llámese Facebook, Google o Twitter) y pueden explotarla con fines comerciales o ponerla eventualmente a disposición del Gobierno que lo solicite. Algunas iniciativas tratan de replicar las herramientas, pero  salvaguardando la intimidad de los usuarios.

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