La arrogancia de Sarkozy

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    3 Noviembre, 2016

    Pobre manzana. Margrethe Vestager, la comisaria europea de la Competencia, no se las ha andado con chiquitas al imponer a la multinacional Apple que devuelva 13.000 millones de euros al Estado irlandés. La firma de la manzana que ha apelado la decisión, todavía no ha soltado un euro. Pero es un síntoma más de que el viento está cambiando para las multinacionales en lo referente a la optimización fiscal. Esta decisión es motivo de alegría, pero también tiene su parte cómica. Cualquier gobierno sensato se alegraría de recibir semejante regalo, pero el Gobierno irlandés está preocupado, pues ve tambalearse toda la política de dumping fiscal que ha practicado durante décadas. 

    En efecto, en este asunto no se ha condenado solo a Apple, sino también al Estado irlandés. La comisaria danesa ha considerado que había que equiparar la política fiscal practicada por Irlanda a una ayuda estatal que proporciona a una empresa una ventaja competitiva injustificada, lo cual está formalmente prohibido por los tratados europeos. Utilizar el principio de la competencia libre y no falseada para tomar una decisión que abre el camino a una armonización de las políticas impositivas de las multinacionales es una gran idea. ¡Bravo, pues, por Margrethe Vestager!

    Ollas duraderas. No hay que desesperarse jamás; ¡las cosas empiezan a moverse también en las empresas! La sociedad SEB, famosa por sus ollas a presión, y también por sus sartenes antiadhesivas y todos los pequeños electrodomésticos vendidos con las marcas SEB, Moulinex, Calor, Krups y Rowenta, va a colocar en todos sus productos una etiqueta con la leyenda “reparable durante 10 años”. Para concretar este compromiso, la empresa pondrá a disposición del gran público las piezas sueltas necesarias, o producirá a petición algunas piezas de plástico con impresoras 3D. Paralelamente, se compromete a que los precios de las piezas sueltas no superen la mitad del precio de venta del aparato nuevo, y va a poner a disposición del público planos e instrucciones de montaje. 

    A la vez, en cooperación con la Ademe, la agencia medioambiental y de gestión de la energía francesa, y con el sindicato patronal del sector, SEB va a abrir en algunas grandes ciudades unos Repair cafés. Finalmente, la empresa ha llegado a un acuerdo con varios grandes actores del sector de la distribución para ofrecer puntos de recuperación de sus aparatos usados con el fin de reciclarlos. Todavía tiene que concebir mejor sus productos para aumentar su capacidad de reciclaje o, lo que es mejor, ofrecer una garantía superior a la legal de dos años, como pide la asociación Alto a la Obsolescencia Programada (HOP, en sus siglas en francés).

    Penoso. Es el calificativo que ha usado el climatólogo francés Jean Jouzel, vicepresidente del IPCC, el grupo intergubernamental de expertos en el cambio climático, para calificar las recientes declaraciones de Nicolas Sarkozy en las que cuestiona el origen humano del cambio climático. En opinión del ex presidente de la República Francesa, el hombre da muestras de arrogancia al considerarse un Deus ex machina de la evolución del universo. El hecho de que el ex presidente descubra por fin que la especie humana puede dar muestras de arrogancia es un signo de lucidez por su parte, del que no podemos sino felicitarnos. Aunque, en este caso, la arrogancia sigue siendo la suya, y sobre todo la mala fe, pues ningún científico ha pretendido nunca que el hombre fuera la causa de todas los cambios del clima. Pero los que se observan desde la segunda mitad del siglo XX se deben al aumento exponencial de las emisiones de gas de efecto invernadero. En pocas palabras, la especie humana necesitaría ser más modesta y mantener su actividad dentro de los límites del planeta. A no ser que quiera desaparecer.

    Lo más inquietante es que Nicolas Sarkozy sabe muy bien esto. Incluso demostró en 2007, con los encuentros Grenelle de l’environement, tener una sensibilidad hacia los retos a largo plazo que le honraba. También tomó la iniciativa de reunir la Comisión Stitgliz-Sen sobre los nuevos indicadores de riqueza para reflexionar sobre las finalidades de la actividad económica. Pero su destino personal parece ahora importarle más que el de la humanidad. En lugar de informar a la opinión pública sobre los desafíos a los que nos enfrentamos, ha elegido unirse a ese populismo que ve conspiraciones por todas partes como el de Donald Trump. Desolador.

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