Un euro, igual a un dólar

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    1 Febrero, 2017

    Euro El tipo de cambio del euro respecto al dólar ha bajado considerablemente y se acerca a la paridad. Como de costumbre, los economistas nos han explicado a posteriori las razones de esa evolución. Su causa principal es el aumento de los tipos estadounidenses, lo cual atrae capitales, hecho que origina una mayor demanda de dólares. Pero también se pueden alegar otras razones como la escasez de actividad en la zona euro, aunque ya no se teme su estallido, lo que reduce la expectativa de una reevaluación de un euro reducido a un euro-marco alemán.

    La democracia es la afirmación de que todos valemos lo mismo

    Paradójica situación de la izquierda francesa a 5 meses de los comicios

    ¿Esta bajada de tipos de cambio constituye una buena noticia para la economía francesa? Tiene el mismo efecto que una devaluación: aumenta el coste de las importaciones no sustituibles denominadas en dólares, empezando por las compras de petróleo y de gas, en un momento en que la OPEP, seguida por Rusia, anuncia que va a reducir su producción, lo cual genera un ligero aumento de los precios. Al mismo tiempo, la bajada del euro hace que los productos franceses sean más competitivos a la hora de exportar, lo que permite a los exportadores franceses recuperar cuota de mercado o aumentar sus márgenes. Como es natural, esto no afecta directamente a los intercambios comerciales en el seno de la zona euro, que es donde están los principales proveedores y clientes de Francia. Aunque sólo es cierto en parte: los productos y servicios Made in France también compiten en la zona euro con productos y servicios procedentes de terceros países. Pero  no hay que esperar ningún milagro: en Francia, la dinámica de la actividad depende ante todo de la demanda interna.

    Efecto de goteo ¿Qué hacen los presidentes de las empresas, los oligarcas rusos y los futbolistas estrella con sus descomunales ingresos? Es una pregunta que me atormenta cuando pienso que un ser humano sólo puede comer tres veces al día, que no necesita más que una cama para dormir o un solo reloj para saber la hora (lo que, por otra parte, nos indica estupendamente nuestro móvil). El mercado, con su maravillosa eficacia, nos da una respuesta. Por eso encontramos en algunos restaurantes vinos a 3.000 euros la botella, algunos palacios ofrecen suites a 35.000 euros la noche y podemos comprarnos un reloj por 100.000 euros. Todo ello crea empleos, según dicen. Lo que no me impide pensar que ese trabajo estaría mejor empleado en producir directamente comida para los que pasan hambre o viviendas donde alojar a los sin techo… La democracia es la afirmación de que todas las personas valen lo mismo, en derechos y dignidad, algo que ratifica el sufragio universal. Y esas diferencias entre ingresos y modos de vida no pueden más que debilitarla. Sin embargo, hay una pequeña luz de esperanza: mientras que el presidente de EE UU, Donald Trump, se rodea de millonarios para dirigir su país, la ciudad de Portland, en Oregón, ha decidido aumentar los impuestos a las empresas cuyos directivos tengan ingresos superiores a 100 veces el salario mínimo de su empresa. 100 veces es aún una diferencia enorme, pero es un primer paso.

    Deseo La situación de la izquierda francesa, a cinco meses de las elecciones presidenciales, es paradójica. Según los sondeos, la suma de votos obtenidos por sus múltiples campeones podría llevarla a ganar en la primera vuelta del escrutinio si lograra unirse en torno a un/una único/a candidato/a. Si dejamos a un lado el choque de egos –nada despreciable– y la dramatización de lo que les separa, que ponen en escena unos y otros para diferenciarse, no es difícil imaginar un conjunto de propuestas comunes: dar prioridad a la educación; defender la protección social y hacerla más eficaz y más justa; actuar para que la construcción europea esté de nuevo al servicio de los pueblos europeos; desarrollar el empleo encontrando un mix mejor entre competitividad y apoyo a la actividad, y entre flexibilidad y seguridad; invertir masivamente en la transición energética para encaminarnos hacia una economía baja en carbono…

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