¡Ojo con los bancos!

  • Por (Director)
    1 Octubre, 2016

    La prolongada rebaja de los tipos de interés promovida por los bancos centrales hasta situarse en tasas negativas mantiene a la banca española en una situación muy crítica.  Los analistas ven muy difícil que el negocio bancario pueda funcionar con márgenes cada vez más estrechos. Los activos improductivos que mantienen los bancos, aunque han descendido en los últimos años, representan todavía 213.000 millones de euros, según el Banco de España. La tasa de morosidad es todavía superior al 9%. Hay que recordar que cuando superó el 6%, los expertos aseguraron que era imposible hacer banca con un porcentaje tan elevado de créditos impagados.

    El dato más inquietante, sin embargo, es la baja rentabilidad del negocio bancario español, que en 2015 fue de una media del 4,4% frente a un coste de capital que se situó en el 8%, según el Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España. Es decir, para la mayor parte de los bancos españoles el coste de su financiación es muy superior al rendimiento que obtienen con su actividad. 

    El continuado descenso de los tipos de interés ha supuesto que en algunos países los depositantes tienen que pagar a los bancos para que les guarden su dinero.  El propio presidente de la patronal bancaria, José María Roldán, ha señalado que “pagar a alguien por pedir prestado es un contradiós”.

    Esta situación tan controvertida es muy inquietante no porque haya que temer por los ingresos de los banqueros. A pesar de la baja rentabilidad de su negocio, no han cesado de aumentar sus emolumentos gracias a todo tipo de ayudas públicas, ventajas fiscales y financiación regalada del Banco Central Europeo (BCE). Los ejecutivos bancarios ganaron 132 veces más que los salarios más bajos en las entidades durante 2015, según Comisiones Obreras. Hace tres años los salarios máximos eran 76 veces superiores a los más inferiores.

    El verdadero temor es que los bancos quieran compensar su bajo rendimiento con la vuelta a la colocación  de productos tóxicos y a las prácticas ilegales como los imperdonables desahucios y las abusivas preferentes, obligaciones subordinadas, cláusulas suelo, IRPH, intereses de demora usureros, etc., que han causado graves perjuicios a varios millones de personas. 

    De momento estamos viendo de nuevo una gran agresividad de la banca para colocar nuevos productos peligrosos para los clientes habituales, una agresividad que está comportando serios problemas de salud a sus empleados.  La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ya lleva varios meses advirtiendo de los riesgos de los nuevos productos (bonos convertibles, determinados fondos de inversión, diferentes tipos de deuda, productos estructurados, entre otros). En el caso de los ahorradores, la regla de oro para evitar disgustos es asegurase de que sus ahorros tienen garantía del Estado.

    Hace unos días Patrick Jenkins, editor de Economía del Financial Times, advertía que “los bancos no pueden dejar de ser villanos en una era de bajos tipos de interés”. Y señalaba que ya no podían obtener los rendimientos superiores al 20% de antes de la crisis y que ahora la lucha estaba por lograr entre el 5% y el 10%.

    En España las prácticas abusivas de la banca han supuesto una lógica pérdida de reputación de las entidades financieras. El 85% de los clientes desconfía de la banca, un porcentaje sólo comparable al de Irlanda. Sin embargo, da la sensación de que las entidades financieras no han entendido nada. Siguen con las viejas prácticas de avasallar y dominar. Hace unos días el diario El País se presentó a sus lectores envuelto con un anuncio del Banco Sabadell que cubría completamente la primera y la última página. En enero de 2015 el Santander hizo lo mismo con el mismo periódico, El Mundo, Abc, La Vanguardia, El Periódico, La Razón y 20 Minutos. Eclipsar así la primera página de noticias es una exhibición de poder innecesaria que supone una humillación para periodistas y lectores.

    Ya sabemos que en España la banca lo puede todo. Dominan al Legislativo, al Gobierno y a la mayoría de los medios de comunicación. Pero es inimaginable una experiencia similar en Le Monde, The Economist, The New York Times, The Guardian o Financial Times. La banca española tiene un serio problema de reputación que difícil mente mejorará con esta exhibición de poder situándose sistemáticamente por encima de la ciudadanía.

    En este país ha habido cientos de miles de afectados por desahucios en una de las decisiones más injustas e inhumanas de nuestra historia, que además ha supuesto una absurda decisión económica. Siguen expulsando a miles de inquilinos de sus hogares y a la vez se hallan con decenas de miles de viviendas vacías sin ninguna rentabilidad. Por otra parte, su dominio sobre todas las instituciones les ha permitido transitar por la crisis sin apenas castigo alguno. En Estados Unidos y Europa, los diez principales bancos del mundo han sufrido multas por valor de 150.000 millones de dólares. En algunos casos, como Bank of America o Deutsche Bank, las sanciones oscilan entre 16.600 y 12.500 millones de euros. 

    En España, por el mismo tipo de malas prácticas, como comercialización indebida de determinados productos, las sanciones impuestas en ningún caso han superado apenas los 10 millones de euros y el máximo de multas impuestas en un año a todas las entidades no han alcanzado los 25 millones de euros. La impunidad es absoluta.

    La situación de debilidad estructural de las entidades financieras junto al inmenso poder que detenta la banca en los diferentes ámbitos de la sociedad produce una mezcla explosiva que es motivo de inquietud a la vista de la experiencia pasada en los últimos años. Los ciudadanos deben estar muy vigilantes ante las actuaciones de un sector que no ha mostrado ningún tipo de rectificación y sigue dispuesto a todo para mantener sus privilegios.

    Este cúmulo de prácticas bancarias abusivas representa una gran distorsión del sistema. Para muchos observadores los bancos son los verdaderos antisistema de nuestra sociedad.

     

    FOTO PORTADA : Justin Pickard

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