Ricard Ruiz de Querol

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    Lo digital y lo político están cada vez más mezclados. La cuestión a dirimir es si la sociedad tendrá que adaptarse a las condiciones que impongan los gigantes de la red.

    La comunicación digital está siendo como un bote salvavidas durante el confinamiento masivo que ha provocado la covid-19. Los bits han reemplazado a muchos átomos; lo virtual, a lo presencial. Hay quien ya aprovecha la circunstancia para proponer una nueva normalidad basada en lo digital, convirtiendo en normales prácticas adoptadas en el estado de emergencia.

    Refugiarnos en las redes nos hace potencialmente más vulnerables en lo personal y en lo social.

    Dicen que son los momentos de crisis o incertidumbre los que ponen al descubierto las virtudes y carencias de los humanos, los colectivos y las instituciones. Es mucho, pues, lo que podemos aprender observando con una lente de gran angular el desarrollo de la emergencia de la covid-19 desde que China dio la primera señal de alarma el 31 de Diciembre.

    La industria digital está demostrando que es capaz de mantener las redes en funcionamiento en estos momentos de demanda multiplicada, pero al mismo tiempo está presionando para que la regulación de la privacidad se siga posponiendo y los abusos de posición dominante no sean corregidos. De la pandemia saldrá un mundo más digitalizado, pero no resultaría aceptable que eso fuera una imposición ni que los digitalócratas pidan un cheque en blanco.

    La crisis del coronavirus motivará muchas reflexiones sobre lo que debería de ser la new normal, el conjunto de creencias, políticas y prácticas que, en función de lo que hayamos aprendido, servirían para una mejor sociedad post-virus. Propongo, por ejemplo, reconsiderar la valoración de dos conceptos que la industria tecnológica, con el apoyo de sus seguidores y su aparato de propaganda han contribuido mucho a poner de moda últimamente: la exponencialidad y la viralidad.

    Se atribuye a Peter Drucker la afirmación de que hay sólo tres cosas que ocurren espontáneamente en una organización, y por extensión en un colectivo o una sociedad: desorientación, fricción y resultados por debajo de lo esperado. Lo que se espera pues de los líderes, más aún en tiempos difíciles, es que proporcionen orientación, faciliten la resolución de las fricciones y que su actuación produzca los resultados deseados.

    Es cada vez más evidente que la crisis del Covid-19 nos está cambiando la vida hoy y que tendrá consecuencias para el futuro.

    Bajo el lema Barcelona Dibuja, el Ayuntamiento de Barcelona organizó el domingo 28 de octubre más de 40 actividades de creación artística en equipamientos culturales por toda la ciudad.

    Para fijar directrices convincentes sobre cómo generar riqueza socialmente sostenible hará falta una mirada más cercana a las ciencias sociales