Sebastián Serrano

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    Mucha gente hablando, gritando o cantando en un lugar cerrado y mal ventilado es el entorno ideal para que se propague la infección.

    La investigación sobre los orígenes de la pandemia no podía comenzar de peor manera: con prejuicios, judicializada y con el cese de un coronel de la Guardia Civil y lío político, un magnífico cóctel para que no se aclare nada. Resulta que una juez de Madrid, Carmen Rodríguez-Medel, tras admitir la denuncia de un particular a finales de marzo, ha actuado con celeridad en pleno estado de alama para tratar de hallar indicios de responsabilidad en la actuación del delegado del Gobierno en la comunidad madrileña, José Manuel Franco, por permitir las manifestaciones feministas del 8-M, dando de hecho por supuesto que dichas concentraciones han desempeñado un papel importante en el origen de la pandemia, algo improbable aunque algunos portavoces de la extrema derecha y la derecha extrema se empeñen en ello.

    Han sido dos jarros de agua fría casi simultáneos. La OMS dejó ayer claro que el coronavirus puede “no irse nunca”, al tiempo que una encuesta efectuada a más de 60.000 personas ponía en evidencia que solo el 5% de los españoles ha estado en contacto con el patógeno y ha desarrollado inmunidad. El espejismo de que la enfermedad está a punto de ser sometida ha sido fulminado. En palabras recientes de Angela Merkel: “No estamos al final de la pandemia, estamos al principio”.

    El camino hacia la nueva normalidad anunciada debe andarse de la mano de una estricta vigilancia del coronavirus mediante muchos test para detectar nuevos enfermos y el rastreo de sus contactos cada vez que se localiza un infectado. Todo ello para aislar los posibles contagiados mientras el resto de la población mantiene su derecho a moverse. Para hacer ese trabajo se habrá de contratar en España con rapidez a 10.000 o 20.000 personas. Sorprende que los responsables de los diferentes niveles de la sanidad apenas hablen de un tema tan importante para controlar la epidemia. 

    Donald Trump se está superando a sí mismo en esta crisis sanitaria provocada por la pandemia. La sugerencia de que se ensaye la posibilidad de aniquilar el coronavirus inyectando lejía en los pulmones ha rebasado ya cualquier límite. Contrastan con este estilo estrafalario e irresponsable las intervenciones de Angela Merkel, una política con formación científica que trata de explicar de la manera más didáctica posible lo que está pasando y lo que nos espera.

    Salir del confinamiento no va a ser fácil ni rápido. No hay nada escrito y el único precedente, el de China, aporta alguna luz pero ha utilizado mecanismos autoritarios de difícil aplicación en una Europa democrática. Hay una imperiosa necesidad de conocer mejor hasta dónde han llegado las infecciones, pero el Gobierno deberá empezar a tomar decisiones antes de tener una idea precisa de la expansión del coronavirus en España y sin saber hasta qué punto la llegada del calor va a ayudar a controlar al patógeno.

    Después de que la semana pasada empezase a decrecer en España el número de nuevos infectados por el coronavirus, lo fundamental ha pasado a ser el reforzamiento del sistema sanitario para que pueda resistir las nuevas oleadas de enfermos graves. Luego se tendrá que ver cómo se afronta la compleja vuelta a la normalidad sin perder el control de la epidemia. La lucha será larga.

    Estos días, la castigada ciudad china de Wuhan, capital de Hubei, está empezando a recuperar la normalidad, dos meses después de que las autoridades suprimieran el transporte público, tanto dentro de la ciudad como con el exterior, y obligaran a los ciudadanos a quedarse en sus casas. Cuando se tomaron esas decisiones los casos confirmados de covid19 eran 375 en la región y 571 en toda China. Es muy probable que hubiera más enfermos, pero el orden de magnitud era ese.

    Todos los modelos de éxito en la lucha contra la pandemia de Covid-19 son asiáticos: los pequeños países del entorno de China, como Taiwán y Singapur, que impusieron desde el principio controles estrictos para cualquier viajero procedente de la superpotencia asiática; Corea del Sur, que se despistó al principio pero luego ha basado su estrategia en test masivos, y China, foco irradidor de la pandemia, que ha cortado por lo sano mediante el bloqueo de territorios y la paralización de toda actividad no relacionada con la enfermedad.

    La cifra de contagios totales, tanto sintomáticos como asintomáticos, puede situarse en torno a los 100.000.

    China ha dejado de registrar contagios locales del coronavirus y ya sólo se registran casos importados. Ha pasado la reválida de gran potencia capaz de superar cualquier adversidad y ahora ofrece su ayuda a otros países, incluidos los europeos. Con el triunfo chino son ya tres los modelos que han demostrado ser eficaces en la lucha contra el temible SARS CoV2.

    Entre tanto ruido causado por la pandemia de covid19 ha pasado bastante inadvertido que dos territorios chinos relativamente pequeños pero muy cercanos al foco irradiador de la pandemia, Taiwán y Hong Kong, han tenido muy pocos casos de contagio.

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