El edificio donde se vive o se trabaja también repercute en la salud

  • 13 Abril, 2020
    Andrea Bosch

    Vale la pena releer en estos tiempos de confinamiento la entrevista a Elisabet Silvestre que Alternativas Económicas publicó en su edición de marzo. Esta  doctora en Biología y experta en Biohabitabilidad recuerda en ella que la mayoría de la gente pasa el 90% de su tiempo encerrada en algún edificio. Y lo que ocurra en ese entorno tiene relación directa con la salud. Silvestre sostiene que el lugar de trabajo y la vivienda pueden llegar a hacer enfermar. Cuando se diseña, construye o rehabilita un edificio, hay un modo de poner a las personas en el centro. O, en palabras de Silvestre: "Hay un modo de abordar qué condiciones ambientales necesitan nuestros sistemas biológicos para estar en equilibrio y sentir bienestar".

    ¿Hasta qué punto el boom de la construcción fue una oportunidad perdida en materia de salud ambiental?

    Debemos conocer cómo funcionamos y aplicar dicho conocimiento al diseño de los espacios para que los espacios se adapten a las personas y no al revés. Hasta ahora, se ha venido construyendo sin tener muy en cuenta este aspecto. Aunque aún no había pasado a primer plano la eficiencia energética, se empezaron a levantar edificios más herméticos y ese cambio ha dado pie a problemas de salud. No se tuvo en cuenta cómo afectaría a las personas que iban a pasar en ellos muchas horas. 

    ¿Significa que hay edificios enfermos?

    Cuando el 20% de las personas que trabajan en un edificio sufren determinados problemas de salud en relación a la calidad ambiental podemos hablar de edificio enfermo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció ya el síndrome del edificio enfermo en 1982, un concepto que se asocia a los edificios más modernos. Precisamente, la OMS afirma que el 30% de edificios nuevos y recién rehabilitados tienen características asociables a síntomas que crean malestar. Es un problema para la persona y para las empresas, pues baja la productividad y sube el absentismo. 

    ¿Es cuantificable este coste?

    España celebró en noviembre de 2018 en Madrid su primer congreso internacional de la calidad del aire interior, y los expertos manejaban cálculos de 14 millones de euros en gasto de cuidados médicos, pérdidas de productividad por absentismo. Picor de ojos, irritación de garganta, piel seca. Eso sucede por una humedad relativa baja o por presencia de compuestos orgánicos volátiles en el ambiente. Las pinturas y los materiales sintéticos son factores clave, entre otros. 

    ¿Pero esos edificios cumplen la normativa? ¿Es un problema de normativa?

    Estos edificios pueden cumplir perfectamente la normativa. El problema no es que nos la saltemos. A nivel estructural son edificios bien hechos. La problemática radica en los factores ambientales del espacio interior. Los parámetros que más pueden oscilar son la temperatura y la humedad relativa. La humedad relativa debería estar entre el 40% y el 60%.

    Cuando baja, da lugar a un ambiente seco y propicia la generación de electricidad estática, por ejemplo. La limitante que puede tener la normativa es que no contempla el efecto cóctel, es decir, la exposición a muchas dosis bajas de diferentes factores al mismo tiempo. Hoy, los edificios ganan en aislamiento, y el reto para finales de 2020 es el de conseguir edificios de consumo de energía casi nulo, pero debemos conseguir que este reto no vaya en detrimento de una calidad del aire interior que nos enferme.

    Entonces sí es un problema de normativa, pues no estamos protegidos...

    La normativa es importante, sí. También lo es que los profesionales de la arquitectura y la sanidad conozcan bien esta estrecha relación entre la calidad del ambiente interior y la salud de las personas.  

    ¿Quién es?

    Descripción: http://alternativaseconomicas.coop/sites/default/files/resize/shared/publicaciones/revistas/2020/revista%2078/fotos/elisabet%20silvestre%202-650x433.jpg

    Elisabet Silvestre (Caldes de Montbui, 1965), estudió Biología porque le interesaba la genética. En el Hospital Clínic de Barcelona empezó en un departamento pionero en la materia, y en Sant Joan de Déu investigó las causas cromosómicas de los abortos espontáneos para su tesis doctoral. Pero su carrera en el campo de la genética, también en la empresa privada, cambió al descubrir el peso del ambiente en la salud. En 2014 publicó Vivir sin tóxicos y en 2017, Tu casa sintóxicos (ambos en RBA). Hoy combina la divulgación con la asesoría y la docencia, como el Máster de Bioconstrucción Aplicada de la Universitat de Girona y el posgrado de Arquitectura y Salud del Colegio de Arquitectos de Barcelona.

     

    Hay abogados que se han especializado en la hipersensibilidad química múltiple y la electrosensibilidad.

    Sí, para realizar su trabajo precisan de un amplio conocimiento del efecto de los factores ambientales. He colaborado con personas afectadas de síndromes de sensibilización central, como la fibromialgia, fatiga crónica o sensibilidad química múltiple, y he aprendido mucho de ellas, del periplo de médicos que a menudo sufren. La medicina ambiental debería ser una materia de la formación curricular de los médicos, sanitarios, ingenieros o arquitectos. La salud es un vector transversal que debe ser prioritaria en todas las disciplinas y no se ha tenido en cuenta en la arquitectura. En Japón, uno de los países que ha estudiado más el síndrome del edificio enfermo, si  en una familia alguien sufre alergia y va al médico, la receta puede  ser: "Cambia la pintura de tu casa". El médico debe poder saber que la pintura influye. Y el arquitecto, el interiorista y el ciudadano, también.

    ¿Qué aspectos son más importantes?

    Todos los relacionados con los acabados de interior, porque son los que acabamos respirando o en contacto. Eso se traduce en elegir otro tipo de pinturas, suelos, techos, mobiliario, acabados interiores más saludables. Tenemos que crear espacios en los que el bienestar de las personas no se vea perjudicado por materiales sintéticos o por una ventilación deficiente. Son clave los materiales, las tomas de tierra eficientes y si los objetos metálicos y los cables están bien derivados a la tierra. La cuestión es que los técnicos conozcan que hay parámetros que, aislados, pueden tener impacto, pero que, cuando se juntan, generan problemas nuevos.

    Habla de problemas nuevos, pero aún estamos rodeados de amianto en tejados de casas e infraestructuras...

    El amianto es un material que fue comercializado, del que décadas después se conoció su efecto nocivo para la salud y cuya comercialización se ha prohibido y aun así,sigue estando presente. Es un reto eliminarlo completamente.


    En cada acto de consumo se elige, e informar ayuda, no genera alarma

    Si sufres asma, el médico debe indicar que la pintura de tu casa puede influir

    A veces, el problema radica en el propio terreno, como el gas radón.

    Hace décadas que se conoce que la radiación ionizante afecta a la salud y que no hay dosis bajas seguras. Las exhalaciones del terreno no se pueden cambiar, pero se puede evitar que este peligro entre en los edificios para que no lo inhalemos. Por fin se han hecho cambios en el código técnico de la edificación y, a partir de este verano, los arquitectos deberán tener en cuenta el gas radón en todas las edificaciones. 

    Hace unos años se produjo alarma con la lipoatrofia semicircular en varios flamantes nuevos edificios de oficinas.

    Sí. La lipoatrofia es un ejemplo de cómo la combinación de varios factores ambientales puede confluir en la aparición de una patologia; en este caso, la humedad relativa baja, la presencia de campos electromagnéticos, de electricidad estática, o unos cantos de las mesas más angulosos... 

    ¿Influye la forma de las mesas?

    Claro que influye. Es mejor que los bordes del mobiliario sean más anchos y redondeados, puesto que los cantos vivos facilitan que las cargas eléctricas lleguen al cuerpo.

    Entonces estamos listos, porque el ambiente está cada vez más tecnificado.

    No, no, en absoluto. Eso no significa que no podamos tener ambientes tecnificados. Simplemente, lo que hay que hacer es aplicar medidas técnicas para que esto no ocurra, como que el cableado, los equipos y las partes metálicas del mobiliario estén debidamente derivadas a tomas de tierra, y que esta sea eficiente,... o que la humedad relativa no baje del 40%.

    ¿Hay nuevas enfermedades por estos cambios o se dan más casos de enfermedades conocidas? 

    Por una parte hay, enfermedades conocidas, como los problemas respiratorios, como el asma, las alergias, las neumonías, las crisis de tos o la irritación e mucosas, asociadas a la calidad del aire interior de los edificios. También se observa un incremento de las denominadas enfermedades ambientales emergentes, asociadas a la sensibilización central.

    Y en las casas debe pasar lo mismo.

    Lo mismo. Y en las casas es especialmente importante el dormitorio. Solo por la noche el sistema biológico pone en marcha mecanismos que permiten eliminar toxinas y reparar. La ciencia ha estudiado la importancia de la luz en la regulación de los procesos biológicos, o cómo afecta realizar los turnos de noche. Por ello es tan relevante cuidar la calidad del ambiente interior. La temperatura o la luz son factores que intervienen en la higiene del sueño.

    ¿Se puede vivir de forma saludable sin renunciar al progreso tecnológico? 

    Pues sí. La idea, para mí, no es irse a vivir a una cueva en medio del campo. La idea es aprender de los antecedentes y de los conocimientos que tenemos y aportar opciones que nos protejan. Por ejemplo, por seguridad hemos tendido a iluminar todos los espacios posibles. Y ahora sufrimos contaminación lumínica, que tiene impacto nocivos para el ser humano y los animales. Pero se puede cambiar la forma de las farolas de una ciudad para que no enfoquen directamente a las viviendas. Lo mismo con el ruido. La tecnología es muy útil. Pero hagamos que sea lo más saludable posible. Recuerde que antes los televisores eran de tubo catódico.

    ¿Qué impacto tienen pantallas y móviles, en una sociedad hiperconectada?

    Suponen un cambio importante de hábitos, de la forma de comunicarnos, de problemática de ergonomía, incluso de adicción. Todos estos aspectos afectan a la salud. Por otra parte está el impacto que pueda tener el despliegue tecnológico a largo plazo, en relación a los efectos no térmicos. Por ello muchos colectivos piden aplicar el principio de precaución.

    Descripción: http://alternativaseconomicas.coop/sites/default/files/resize/shared/publicaciones/revistas/2020/revista%2078/fotos/elisabet%20silvestre%203-350x525.jpg

    Elisabet Silvestre trabaja en divulgar que el diseño de los edificios debe priorizar la salud de las personas

     

    ¿Y usted qué opina?

    Mi posición es aplicar el sentido común, empezar por formularse preguntas. ¿Es necesario mantener el wifi encendido cuando dormimos? ¿Verdad que no dormimos con la luz encendida por si la necesitamos? Los hábitos, insisto, son importantes. No podemos enviar al cerebro el mensaje de que es de día y luego pretender un sueño de calidad. Eso es lo que ocurre al exponernos a la luz de las pantallas por la noche. Y si se utilizan por necesidad, pongamos filtros. Tienen que ver con lo que comemos, hacemos,  respiramos o tocamos. Menos sedentarismo, menos comida procesada, no abusar del móvil, no mirar pantallas antes de dormir... No  sabemos cómo nos afectará a la larga estar expuestos a campos electromagnéticos 24 horas. Es una exposición que no teníamos antes. El Parlamento Europeo acaba de publicar un informe en el que explica que las disposiciones de la UE sobre la exposición  a los campos electromagnéticos tienen  20 años. No tienen en cuenta las características del 5G. La investigación no se ha centrado en la exposición crónica en dosis consideradas bajas.

    Todos son productos legales.

    Mire, el tabaco también era legal. Yo prefiero saber que el tabaco es perjudicial. En cada acto de consumo se elige. Informar ayuda a elegir, no genera alarma. En cuanto a la limpieza, siempre explico la paradoja de que limpiamos de microorganismos, por un lado, mientras que, por el otro, ensuciamos el ambiente con sustancias tóxicas. En realidad, con bicarbonato, vinagre y jabón neutro, no necesitamos mucho más si se hace una higiene regular. Hoy existen alternativas de consumo en todo tipo de materiales, alimentación, cosméticos, ropa. Y soy optimista porque hay una parte de la población muy despierta, como los jóvenes. Es cierto que una sola acción, un cambio de política hace mucho más que miles de pequeñas acciones de la gente, pero es la presión de la ciudadanía lo que logra la acción política. El consumidor tiene mucha fuerza. Pero hace falta decisión en las políticas sobre salud ambiental. El caso del plomo es un buen ejemplo. Lo vemos también en el tráfico y las emisiones. Fíjese que pequeñas decisiones generan cambios enormes en la salud pública. Si se crea un espacio verde se constata que la población hace más ejercicio. Y si en un edificio no ves de entrada el ascensor, subirás a pie.

    Hablamos de casas enfermas cuando existe un problema grave de acceso a la vivienda y de pobreza energética...

    Los factores socioeconómicos son determinantes de salud. El código postal es más determinante para la salud que el genético.

    Este artículo sólo es posible con tu colaboración.
    Haz una donación

    Todavía no hay comentarios, sé el primero en opinar

    Escribe tu comentario