‘Coronamoneda’ digital para potenciar la renta de cuarentena

  • 31 Marzo, 2020

    Una propuesta de la economista Susana Martín Belmonte pretende multiplicar el gasto local y dinamizar la economía. Está basada en los resultados del proyecto REC de Barcelona.

    Bares y tiendas cerradas en Barcelona. FOTO: FAUSTO NADAL

    La crisis económica sobrevenida abruptamente a causa del coronavirus obliga a abordar cómo se puede garantizar que la ciudadanía que se haya quedado súbitamente sin ingresos pueda resistir y salir adelante. Existen distintos enfoques al respecto. Algunos sectores, como la organización ATTAC, sugieren realizar transferencias directas a la gente. Sostienen que esta medida tendría mayor impacto que los avales públicos al crédito bancario para el sector privado, puesto que se ha hundido la demanda. En tiempos de crisis, cuando escasea el dinero, emergen también con especial interés las propuestas de activar monedas ciudadanas, con el fin de dinamizar las economías locales. 

    La economista Susana Martín Belmonte propone aunar ambas cosas: una renta de cuarentena vehiculada a través de una moneda ciudadana digital descargable en una app y con respaldo del Banco de España de acuerdo, normalmente, con el Banco Central Europeo, igual que se emiten los billetes de euros. La propuesta de esta especie de coronamoneda se basa en los resultados obtenidos hasta ahora por el proyecto de moneda local REC (recurso económico ciudadano) en Barcelona. 

    El Gobierno de Pedro Sánchez ha asegurado que está “comprometido” con la puesta en marcha de un ingreso mínimo vital destinado a las personas que resulten más afectadas por la crisis sobrevenida del coronavirus, según el Ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá. No se conocen detalles sobre esta renta mínima, pero el hecho de que se haya presentado como una ayuda para los colectivos más vulnerables hace que el concepto difiera de la Renta Básica Universal (RBU) impulsada por una red internacional de economistas desde hace años. 

    En este último caso, se trata de un derecho al que debería tener acceso cualquier persona en tanto que ciudadana, con independencia de su riqueza, sexo o edad, aunque se presenta acompañada de una profunda reforma del sistema fiscal para que quienes salgan más beneficiadas sean las capas de la población con menos recursos. En última instancia busca acabar con la pobreza.

    Pero existen otras aproximaciones a la idea de blindar un listón mínimo de ingresos, un listón que algunos sectores quieren que se siga condicionando a la búsqueda activa del empleo y que otros ven como red de seguridad para quienes tienen especialmente difícil la reintegración en un mercado laboral que tiende a la automatización y a la polarización. 

    La propuesta de la economista Martín Belmonte combina transferencias directas a la ciudadanía, con monedas ciudadanas que contasen con el respaldo de una moneda digital que emitiría el Banco de España con el fin de financiar el gasto público que implicarán dichas transferencias. La introducción de una moneda local persigue amplificar el impacto económico de la renta de cuarentena. Esta moneda no devengaría intereses, así que no aumentaría la deuda pública.

    La cofundadora del Instituto de Moneda Social basa su propuesta en los resultados positivos del llamado proyecto B-MINCOME, la moneda  con la que está experimentando Barcelona desde hace más de un año con apoyo financiero de la Unión Europea y el Ayuntamiento de la ciudad. Se trata de una prueba piloto de renta mínima en el eje del Besós de la que un 25% debe gastarse en el comercio local en moneda ciudadana (funciona mediante una aplicación de pagos descargada en el móvil). El incremento del multiplicador económico del gasto público local en sus 13 meses de funcionamiento ha sido de un 54%, según los resultados difundidos recientemente. 

    Belmonte sugiere que la nueva moneda sirva únicamente para el acceso a bienes de primera necesidad, y la lista de receptores deberían definirla los gobiernos de las distintas administraciones. Después de consumir un producto, el comercio receptor (autónomos y pymes que deberían registrarse para ello, aportando la documentación correspondiente bajo la tutela de Hacienda para evitar el fraude) podría redimir la moneda ciudadana en euros depositados en su cuenta bancaria, o bien podría pagar en dicha moneda, lo que impulsaría la economía local.

    Este dinero sería una moneda digital en forma de token (unidad de valor o pseudomoneda, para entendernos, basada en la tecnología blockchain o de cadena de bloques), con paridad con el euro, accesible para gobiernos locales y que pusieran en circulación los gobiernos. La economista sostiene que la moneda ciudadana, al tener solo determinados propósitos para el gasto inicial (acceso a bienes de primera necesidad) no supondría problemas a la estabilidad del sistema financiero.

     

    Entre los estudiosos de las monedas locales, se multiplican las iniciativas. Algunas no plantean vincularlas a la compra de bienes de primera necesidad sino a la compra de productos o servicios de empresas que no despidan a la gente. La cuestión es siempre quién las respalda, porque el dinero es confianza.

     

    De hecho, los bancos centrales ya disponen de moneda digital, si consideramos como tal los depósitos de los bancos en el banco central. Pero hace tiempo que una corriente de pensamiento económico defiende crear una Moneda Digital del Banco Central (CBDC, en sus siglas en inglés) que funcione como efectivo digital, para que los programas de inyección de dinero del Eurobanco lleguen realmente a la ciudadanía y aumenten el dinero en circulación. 

    Hay quien defiende que pueda ser de acceso universal o como alternativa al crédito, entre otras opciones. El ex gobernador del Banco de España Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO) se ha apuntado a la idea de que los ciudadanos puedan tener depósitos seguros en el banco central. 

    Es hora de recordar que a principio de los años treinta, en la localidad austríaca de Wörgl se recurrió a “certificados de trabajo” para financiar infraestructuras públicas y el funcionamiento de negocios. O el uso del wir por parte de pymes en Suiza desde la misma década (reconvertido después en banco cooperativo). La economía social ha sido muy activa en este terreno (en su momento, con el ecosol, el boniato, el puma… en diferentes localidades). No todas las monedas locales tienen fines sociales. Sin embargo, en el caso que nos ocupa el terreno parece abonado para ello. 

     

    Foto portada: Fausto Nadal, flickr

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