Contención // Pekín y Taiwán, dos estrategias para frenar una epidemia

  • 28 Marzo, 2020

    Mientras que las autoridades comunistas desencadenaron una 'guerra médica' para vencer al coronavirus, los de la isla rebelde apostaron por la prevención y el control.

    Cola para comprar en la ciudad china de Guangzhou

    Tan solo 130 kilómetros separan la China continental de Taiwán, la llamada isla rebelde por Pekín. Esta distancia se ha revelado enorme en cuanto a la gestión de la epidemia de coronavirus Covid-19. Las cifras son reveladoras: en la tercera semana de marzo, Pekín registraba 80.881 contagiados y 3.226 fallecidos, mientras que Taipéi solo contabilizaba 77 y una muerte, lo que supone que mientras en China el virus se cobraba la vida de una de cada 433.973 personas, en Taiwán esa relación era de una por cada 23 millones. Son unas cifras chocantes cuando la isla al otro lado del estrecho de Formosa corría el peligro de ser uno de los territorios más afectados por el Covid-19. Ambos parecen estar ganando la batalla al patógeno, aunque con métodos muy distintos: Pekín, con medidas autoritarias, cuarentenas masivas y restricciones de movimientos que han paralizado al país más poblado del planeta, y Taipéi con prevención y un control rápido y eficaz.

    China sacó pecho el 10 de marzo, cuando su presidente, Xi Jinping, viajó a Wuhan, epicentro del brote de coronavirus, en una clara señal de que pronto se podría cantar victoria sobre esta epidemia. "La batalla continúa, pero la victoria está cerca", dijo ese día Xi. Y las estadísticas parecen darle la razón, ya que los contagios han caído en picado. Así que ahora, lo que más preocupa en Pekín ya es cómo reactivar su descalabrada economía tras dos meses de inactividad.

    Un participante en la feria Comic World celebrada en Taiwan el 1 de febrero

    Pasividad inicial

    Al principio, China tardó un mes en frenar la expansión del Covid-19, tras una desastrosa gestión inicial en la que las autoridades provinciales escondieron la epidemia a Pekín. Una pasividad que hizo que entre el 22 de enero y el 22 de febrero, el número de contagiados pasara de 548 a 77.000 y de 17 a 2.443 la cifra de fallecidos. Desde entonces, los dirigentes chinos no vacilaron en declarar una guerra médica al patógeno y los nuevos casos positivos han pasado de contabilizarse a miles a ser solo unas decenas. Es una enorme contención propiciada por unas draconianas medidas aplaudidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera que han dado la pauta a otros países para afrontar el Covid-19.

    La primera acción contundente que adoptó Pekín fue en vísperas del Año Nuevo Lunar. El 23 de enero puso en cuarentena la ciudad de Wuhan, con sus 11 millones de habitantes. Unos días después, cerró las urbes que la rodeaban y finalmente decretó el aislamiento de toda la provincia de Hubei, decisión que llevó a confinar a 60 millones de personas en sus casas y a cerrar todas las empresas y comercios que no fueran esenciales. esta iniciativa luego se aplicó a otras ciudades, incluidas Pekín y Shanghái.

     

    Gran diferencia: En la tercera semana de marzo, el virus se cobraba la vida de una de cada 433.973 personas en China. En Taiwán, una por cada 23 millones.

    La ofensiva contra el patógeno aun fue más allá, además de activar su enorme aparato de censura para silenciar las críticas a la gestión de la epidemia. Se hizo obligatorio el uso de la mascarilla, se apostaron controles de temperatura en los edificios y se prohibió la entrada a todo aquel que no viviera en ellos. Las zonas comunes de los inmuebles se desinfectaron a diario y las botoneras de los ascensores se recubrieron de una capa plástica que se cambiaba en cuestión de horas, según el relato de algunos residentes. Y se ordenó que solo una persona por familia saliera a comprar artículos de primera necesidad cada 2 o 3 días, hasta que se impuso el confinamiento total y el avituallamiento a domicilio, una etapa que la población superó a través de Internet y WeChat.

    Para evitar la paralización del país, muchas empresas echaron mano del teletrabajo. No obstante, ello no ha evitado que el coronavirus causara estragos en la economía china. Los datos de enero y febrero fueron catastróficos y registraron mínimos históricos. La producción industrial se desplomó el 13,5%, las ventas minoristas cayeron el 20,5% y la inversión en activos fijos disminuyó en un 24,5%. Estas cifras auguran un pésimo dato del PIB para el primer trimestre del año, a pesar de los recortes fiscales, exenciones y ayudas millonarias adoptadas para reactivar la economía.

    Rapidez y transparencia

    En Taiwán, en cambio, la gestión del coronavirus ha sido distinta y los resultados también. La existencia de una solo muerto tras tres meses de epidemia no es fruto de la casualidad. Sus dirigentes apostaron por una gestión rápida, eficaz y transparente, y excluyeron el cierre de escuelas y el confinamiento de la población. Cuando Pekín comunicó el 31 de diciembre a la OMS la existencia de una neumonía desconocida en Wuhan, empezaron a realizar chequeos en los aviones procedentes de aquella ciudad. Cinco días más tarde ampliaron ese control a todos lo que habían viajado a aquella urbe en los últimos 14 días y cuando se dispararon los casos en China, Taipéi cerró sus fronteras a los viajeros procedentes de China continental, Hong Kong y Macao, según la prensa local.

    Las autoridades provinciales de Hubei ocultaron la epidemia al Gobierno de Pekín

    Acto seguido, las autoridades sanitarias locales se prepararon para lo peor, con una lista de 124 acciones. Estas medidas incluyeron fijar el precio de las mascarillas y su racionamiento, el establecimiento de controles de temperatura en los accesos a los edificios públicos y una apuesta decidida por la tecnología.

     

    Código QR

    Taiwán optó desde el principio por cruzar los datos del sistema de salud con los de inmigración y aduanas. Esta acción permitió al personal médico identificar a un paciente sospechoso tras examinar su historial de viaje cuando acudía a la consulta. Desarrollaron, asimismo, un programa para que la gente informe sobre sus viajes y síntomas de enfermedades a través de un código QR al llegar a la isla, lo que permite al usuario conocer su estado de salud y a los funcionarios centrarse en los que corren alto riesgo de infectarse del Covid-19. Y todo ello en el marco de una gestión transparente de la epidemia y con una información actualizada y sin censuras. En definitiva, dos métodos para un objetivo: frenar al coronavirus.

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