¿China, el basurero del mundo?

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    Relocalización: La decisión de restringir las importaciones de algunos residuos perturba el comercio de materias primas.

    Transporte fluvial de basura en China. FOTO:  Thinkstock

    Lo anunció el pasado mes de julio: a partir de 2018, China va a prohibir la importación de varios tipos de residuos, especialmente de papel-cartón y plásticos mezclados, sin lavar y sin seleccionar, así como de algunos residuos metálicos. Su objetivo es mejorar la calidad de las materias reciclables que compra para su transformación. Muchos actores de la economía mundial han reaccionado enseguida a ese anuncio, como ha reflejado la prensa económica. En Francia, la Federación de Empresas de Reciclaje (Federec) ha trasmitido su preocupación, así como, a escala europea, Euric, la confederación de industrias de reciclaje eu-ropeo. El Bureau of International Recycling (BIR) les ha seguido los pasos, y con razón: el comercio internacional de residuos se ha convertido en un eslabón importante del comercio de materias primas en el que China ocupa un lugar preponderante.

    Ese país es, por ejemplo, el primer importador mundial de papel-cartón recuperado (cerca de 30 millones de toneladas en 2013), muy por delante de India (2,5 millones de toneladas), y el primer importador mundial de residuos plásticos (7,8 millones de toneladas en 2016, es decir, el 63% de las importaciones mundiales). También es el séptimo importador mundial de acero procedente de chatarra (2,2 millones de toneladas en 2016), tras Turquía (17,7), India (6,4) y Corea del Sur (5,8).

     

    RESIDUOS SIN SALIDA

    En todo el mundo, las empresas de reciclaje tratan alrededor de 600 millones de toneladas de residuos anuales, de las que aproximadamente un tercio entra en el comercio internacional, especialmente con China e India, según el BIR. Ese comercio aumenta debido a la escasez de las materias primas vírgenes, de su coste y de las reglamentaciones medioambientales que estimulan el auge del reciclaje, sobre todo en los países desarrollados.

    Pretende mejorar la calidad de las materias reciclables que compra

    El comercio de residuos se ha convertido en un eslabón de la economía

    El país es el primer importador de papel- cartón reciclado

    También se basa en una forma de división internacional del trabajo. India, China y los países en vías de desarrollo se han convertido en las fábricas de los países desarrollados produciendo una gran parte de los bienes manufacturados comprados por los consumidores estadounidenses y europeos. A cambio, parte de los residuos generados por esos bienes vuelven a China e India, países que carecen de materias primas con las que alimentar sus fábricas. Los bajos costes de los fletes de vuelta favorecen ese tipo de intercambio: en efecto, los transportadores marítimos bajan sus tarifas para intentar llenar sus barcos que, de otro modo, harían ese trayecto de vacío.

    La decisión china de restringir sus importaciones tiene muchas posibilidades de trastocar una parte de ese comercio. Durante años, China ha vigilado poco la calidad de los residuos que importaba, lo cual iba bien a todo el mundo. En los países desarrollados se hacía una clasificación mínima de los residuos, lo que limitaba sus costes de gestión, y China recibía las materias que necesitaba a precios interesantes.

    En los últimos años, China ha enviado varias señales advirtiendo de que iba a aumentar sus exigencias de calidad. La decisión anunciada el pasado verano no es quizá más que un paso dentro de un movimiento que podría ampliarse. Sin embargo, ha sorprendido su radicalidad, pues si los chinos aplican rigurosamente lo que han anunciado, su industria del reciclaje va a encontrarse rápidamente escasa de materia prima. Algunos residuos clasificados en Occidente, incluida Francia, no van a tener salida, al menos a corto plazo.

     

    VARIOS ESCENARIOS POSIBLES

    A medio plazo, la decisión china puede tener diversas consecuencias sobre las que los especialistas no se ponen de acuerdo. Algunos consideran que ello va a obligar a los países desarrollados a clasificar más y mejor sus residuos para satisfacer las exigencias chinas y poder continuar con sus exportaciones. Pero si los occidentales clasifican mejor también podría ocurrir que los industriales aún activos en estos países optaran por quedarse con una parte de sus residuos con el fin de utilizarlos in situ, en sus fábricas.

    Este escenario desembocaría en el desarrollo de la clasificación y del consumo de residuos clasificados por la industria occidental. Los chinos, por su parte, mejorarían la valorización de sus residuos mediante la recogida selectiva y la clasificación. El medioambiente ganaría por ambas partes: menos transporte, más clasificación y reciclaje, menos consumo de materias primas vírgenes. 

    El sector del reciclaje trata 600 millones de toneladas anuales

    Este comercio crece por la escasez de materias primas vírgenes

    Sin embargo, no es la hipótesis más probable. Según otros profesionales, las restricciones chinas a las importaciones podrían llevar a otros países en desarrollo, sobre todo de Asia (Vietnam, India…) a intentar ocupar el lugar de China y aceptar los residuos que ella ya no quiere, para reexportarlos después… a China. Este comercio cambiaría entonces únicamente su primer destino, pero no su destino final.

    Los profesionales ignoran aún el rigor con que China aplicará sus restricciones. Estos días son decisivos. Es muy posible, sobre todo, que las exigencias de calidad sirvan en realidad de “rueda de ajuste” para China. Regularía así el volumen de sus importaciones según sus necesidades u otras consideraciones de política interior: cuando hubiera una necesidad importante, podría mostrarse poco vigilante sobre la calidad y, cuando hubiera menos necesidad, podría ponerse exigente. Es una práctica tan vieja como el reciclaje que se aplica también desde hace lustros al comercio doméstico de residuos.

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