Ecuador, un país dividido

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    Relevo: En Ecuador, eres correísta o anticorreísta. Lenín Moreno ganó las elecciones al banquero Guillermo Lasso  por sólo 200.000 votos.

    Asistentes a un acto de Lenín Moreno en la pasada campaña electoral. FOTO: ANDES/Micaela Ayala V

    Rafael Correa, presidente de Ecuador,   concluirá el 24 de mayo diez años de mandato y se marchará a Bélgica, lugar de origen de su esposa. Entregará el bastón de mando a su delfín, Lenín Moreno, su vicepresidente durante la primera parte de su Gobierno. Por eso dice que el país queda en buenas manos y que la “revolución ciudadana”, término acuñado por él, continúa. 

    Pero mientras Correa se va, cada vez es más evidente que queda un país partido por la mitad. En Ecuador, eres correísta o anticorreísta. Los funcionarios públicos que han osado criticar al Gobierno de turno, por ejemplo, salen en páginas de Facebook que son verdaderos paredones. Los llaman “traidores de la patria” y les exigen que renuncien a sus puestos, para que un “verdadero patriota” ocupe su lugar. En el otro lado pasa igual, si apruebas algo que haya hecho este Gobierno, por mínimo que sea, te etiquetan de correísta y te vuelves una persona poco confiable. En algunas empresas privadas, se descartan perfiles solamente al constatar que han trabajado para el Gobierno de Correa. Por eso, es imposible predecir lo que pasará en el poscorreísmo.

    Moreno se esmera en decir que será “el presidente de todos”, pero la realidad es que ganó la presidencia en segunda vuelta con cinco millones de votos, mientras que su contrincante, el banquero Guillermo Lasso, obtuvo 4,8 millones. 

    Algunas empresas descartan currículos sólo por la filiación

    Moreno se esforzó en distanciarse de Correa en la campaña electoral

    Los críticos califican la Constitución de hiperpresidencialista

    Correa opina que “no hay ningún país dividido, sólo hay malos perdedores, niños engreídos que no quieren aceptar la derrota”, dijo en medio de la celebración que organizó su movimiento político el pasado 22 de abril. Pero lo cierto es que la mitad del país votó en contra del correísmo, por el cambio. 

    Paco Moncayo, el candidato de la coalición de izquierdas, que buscó la presidencia en la primera vuelta electoral, pidió el voto para el banquero en la segunda vuelta: “El modelo sandinista-chavista-correísta no quiere dejar el poder. Lasso representa al neoliberalismo que tanto daño ha hecho, pero hoy es el mal menor y necesario para recuperar la democracia”.

    Pero si Rafael Correa nació de la indignación de los ecuatorianos con los partidos políticos, con la partidocracia —lo que sería la casta en España—, ¿qué ha salido mal? Una clave para responder a esta pregunta se halla en la redacción de la nueva Constitución que pretendía reconstruir la institucionalidad que se había roto entre 1997 y 2006, cuando tres presidentes fueron destituidos; uno por el Parlamento y otros dos por la gente, que  tomó las calles y gritó: “¡Que se vayan todos!”. Pero la nueva Carta Magna resultó hiperpresidencialista, según sus críticos, e hizo que el Ejecutivo acumulara poder.

    Lo que Correa pedía en su rendición de cuentas semanal, la llamada “sabatina”, se ejecutaba a rajatabla. Que se investiguen a tales opositores, que se revisen sentencias que él no consideraba justas, que se sancione a tales medios de comunicación, que se aprueben determinadas leyes. Incluso en el reciente proceso electoral, cuando aún no terminaba el recuento de votos que solicitó la oposición, el presidente informó de los resultados parciales a través de su cuenta de Twitter, antes de que lo hiciera la autoridad electoral.

     

    POSCORREÍSMO

    Lenín Moreno se ha esmerado en marcar distancias con Correa. En el último tramo de la campaña y con las encuestas a favor citó a los medios extranjeros a una reunión para hablar de su forma de gobernar. “Mi forma de ser privilegia el oír, el entender, el conversar”, dijo, y recordó su política de puertas abiertas en la vicepresidencia: “Conmigo se puede hablar”. Para justificar la actitud poco conciliadora que ha caracterizado a Correa usó el argumento de que le tocó gobernar “un país devastado” que necesitaba “un espíritu confrontador”.

    Pero algunas anécdotas de su propio comportamiento no parecen corroborar sus palabras: en una rueda de prensa posterior al recuento de votos, se negó a responder la pregunta de un periodista que lo llamó “licenciado Moreno”. Levantando la voz, pidió que lo traten con respeto, y que se dirijan a él como “el presidente electo”. La pregunta era cómo planea gobernar un país dividido.

     

    LOS RETOS DE MORENO

    Lenín Moreno gobernará con el modelo correísta. De momento, ha ratificado sus promesas de campaña que incluyen casas gratuitas para los más desfavorecidos, el aumento del bono de pobreza, la mejora de las pensiones, el programa de cobertura sanitaria para toda la vida.

    ¿De dónde sacará el presupuesto? En una entrevista dijo que el presupuesto anual tiene entre seis y ocho millones de dólares para la inversión. Pero lo cierto es que cada año el presupuesto tiene un déficit que ronda esos mismos valores. El financiamiento extra hasta ahora se ha hecho con deuda. 

    La deuda pública del país roza el techo permitido del 40% del PIB (38.883 millones de dólares hasta febrero pasado), aunque estratégicamente en el último informe del Ministerio de Finanzas se eliminó el apartado que detalla el monto de la deuda agregada, que suma el endeudamiento interno y externo, y sólo muestra las cifras de la deuda consolidada, que incluye únicamente la deuda externa del país. La misma que en febrero sumaba 27.620 millones, equivalente al 27,3% del PIB.

    Mejorar la economía es otro reto que tiene el presidente Moreno, algo muy difícil teniendo en cuenta que Ecuador es un país dolarizado, sin capacidad para hacer maniobras monetarias, y dependiente del petróleo, ya que 6 de cada 10 dólares que ingresan en la economía ecuatoriana vienen del crudo.

    Lenín Moreno gobernará con el modelo correísta

    El plan económico habla de controlar los capitales

    Un reto es sanear las instituciones y luchar contra la corrupción

    En el plan de gobierno de Moreno hay 15 páginas dedicadas a explicar la “revolución económica”. Se habla del manejo de los sectores estratégicos y la necesidad de diversificar la producción, gracias a la mejora de infraestructuras —por ejemplo, los puertos— y la construcción de las hidroeléctricas. También se reitera el control de los mercados y monopolios y la regulación de la salida y del ingreso de capitales. Hay un apartado que habla de mejorar la economía popular y solidaria para generar fuentes de trabajo. En campaña, Moreno dijo que generará 250.000 empleos cada año, pero no hay una hoja de ruta clara.

    El otro reto es sanear las instituciones y sancionar la corrupción, que se ha hecho evidente durante el Gobierno de Correa. Uno de los grandes casos de mal uso del dinero público ocurrió dentro de la petrolera estatal, Petroecuador, en la rehabilitación de la refinería que costó más de 2.000 millones de dólares. Pero tras un año de investigación sólo se ha sancionado a mandos medios. El más alto cargo de Petroecuador, que fue ministro de Hidrocarburos, a pesar de que todas las sospechas apuntaban a él, logró salir del país antes de que la Fiscalía emitiera una orden de prisión. El otro escándalo es el de Ode-brecht, que apenas tiene dos nombres en la lista de funcionarios sobornados. Uno fue ministro de Electricidad y fue detenido una vez pasadas las elecciones.  

    El fiscal que heredará estos casos fue nombrado hace poco por el Consejo de Participación Ciudadana, tras un concurso de méritos y una oposición. El mejor calificado fue Carlos Baca Mancheno, que fue asesor de Correa y uno de sus hombres más cercanos. Las otras autoridades de control también han sido nombradas en los últimos meses del Gobierno de Correa y sobrevivirán al mismo Lenín Moreno, porque se mantienen en sus funciones cinco años, un año más que el período del presidente. 

    Por todo eso, el término poscorreísmo no es muy recurrente. Quizá lo habría sido si ganaba la oposición, pero a menos que Moreno haga borrón y cuenta nueva, retoque la Constititución oyendo a la otra parte del país que no votó por el continuismo, es muy difícil pensar que el modelo correísta se vaya a extinguir.  

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