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Japón quiere seducir a la mujer

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Julio 2017 / 49

Género: En 2013, el Gobierno aplicó medidas para facilitar la integración en el mercado laboral. Cuatro años después, los resultados no son esperanzadores.

Estampa familiar en el barrio de Sihinjuku, en Tokio. FOTO: Anirut Rassameesritrakool 

En la sala de color pastel, libros y juguetes están impecablemente ordenados. A esta hora, final de la mañana, sólo el ir y venir de las puericultoras rompe el silencio. Una atmósfera asombrosamente tranquila para una guardería. Y con razón: tumbada en una camita azul, la única niña del lugar duerme profundamente. 

La guardería abrió sus puertas el pasado octubre en pleno centro de Tokio, frente a la sede de Nippon Koei, una sociedad de consultoría en ingeniería. Los asalariados de la empresa tienen la posibilidad de que les cuiden a sus hijos desde las 7:30 hasta las 19 horas mientras ellos están trabajando al lado. Es una pequeña revolución en una empresa fundada en 1946 que siempre ha contado con una inmensa mayoría de hombres entre sus trabajadores. Hoy, las mujeres representan aún sólo el 20% de los 300 empleados de Tokio y el 10% de los 4.300 empleados del grupo, que cuenta con 35 sedes en el extranjero.

 

CAMBIAR MENTALIDADES

En un sector de actividad tradicionalmente masculino y ante una demanda a priori tan escasa, puede extrañar que la empresa haya decidido abrir una guardería. “La idea es cambiar la mentalidad de los hombres que trabajan con nosotros: pueden traer a sus hijos a esta guardería y así su mujer puede trabajar no importa dónde”, resume Hajime Kaneda, director de comunicación de la sociedad japonesa. En el país del Sol Naciente, encontrar una guardería significa una lucha de titanes y es uno de los principales frenos para que las jóvenes madres prosigan su carrera profesional. Según el diario japonés The Mainichi, en 2016 había 90.000 niños a la espera de guardería.

Nippon Koei ha creado, paralelamente a la apertura de la guardería para sus empleados, un sitio en Internet de información sobre los derechos de permiso de maternidad y paternidad de sus asalariados. La sociedad se vanagloria también del gran aumento de mujeres cuadros en su sede de Tokio, que han pasado de cinco  en 2012 a un centenar hoy.

 

HACER DESPEGAR LA ECONOMÍA

Todas esas iniciativas son consecuencia directa de las Womenomics. En 2013, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, anunció que quería que las mujeres fueran el centro de su plan de impulso de la economía. Era una estrategia que se basaba en una serie de constataciones. 

Abe puso a la mujer en el centro del plan de la recuperación económica

Jornadas interminables  impiden conciliar trabajo y familia

En Japón, muchas mujeres se quedan en casa a pesar de que aspiran a trabajar: en 2016 su número ascendía a 2.740.000, según la Oficina de Igualdad de Sexos. Ello se debe sobre todo a que el 60% de las mujeres interrumpen su carrera tras el nacimiento de su primer hijo para dedicarse a la familia. En un país campeón de las jornadas laborales larguísimas, estas mujeres no encuentran una solución viable para conciliar trabajo y familia. “Los japoneses son famosos por pasar horas interminables en la oficina. Es un modo de trabajo muy masculino heredado de la posguerra. Parte del principio de que los hombres trabajan y las mujeres se quedan en casa para ocuparse de los hijos. El mercado laboral se basa implícitamente en esa concepción”, resume Naohiro Yashiro, economista del trabajo y profesora en la Showra Women’s University de Tokio.

Sin embargo, paralelamente, en muchos sectores, como los de la hostelería y restauración, la construcción o el cuidado de los ancianos, empieza a escasear la mano de obra. Esta escasez se explica por el rápido declive demográfico del país y por la opción histórica de limitar enormemente la inmigración: según el último censo, el país ha perdido un millón de habitantes en cinco años. Si el fenómeno perdura, Japón pasará de los actuales 127 millones de habitantes a 87 millones en 2060. En ese contexto, la mano de obra femenina, muy subempleada hoy, es uno de los principales recursos de que dispone el país para que su economía despegue. 

 

ESFUERZOS INSUFICIENTES

En cuatro años se han sucedido una serie de planes para integrar a las mujeres en el mercado laboral. A pesar de los esfuerzos que ha hecho el Gobierno para paliar la falta de guarderías, siguen siendo muy insuficientes: entre 2013 y 2015 se crearon 219.000 plazas. El objetivo es tener 500.000 plazas más en 2018 que en 2013.

En ese año, la Declaración de acción a favor de una sociedad en la que las mujeres brillen había fijado el objetivo de un 30% de mujeres en puestos directivos en 2020 y en todos los sectores. Pero dos años después, hubo que revisarlo muy a la baja, sobre todo en el sector público, que sólo contaba con 3,5% de mujeres cuadros en 2015 y cuyo objetivo es ahora llegar al 7%. “Tenemos que ser pragmáticos. No podemos aferrarnos a unos objetivos inalcanzables”, comenta Hidenobou Ishibashi, representante de la Oficina de la Igualdad de Sexos. Globalmente, el porcentaje de mujeres cuadros ha aumentado alcanzando el 12,5% en 2015, pero sigue aún lejos del 30%. En este asunto, Japón está a la cola de los países desarrollados, lejos, por ejemplo, de Francia (31,7% de mujeres cuadros) o de Estados Unidos (43,4%).

 

3,5%

Era el porcentaje de mujeres cuadros en el sector público japonés en 2015

 

Aunque, según la Oficina de Igualdad de Sexos, más de 1,5 millones de mujeres han vuelto al mercado laboral en los últimos cuatro años, la mayoría de ellas tienen trabajos a tiempo parcial o contratos temporales. En 2016, sólo el 44% de las mujeres activas tenían un empleo estable y a tiempo completo, frente al 78% de sus homólogos masculinos. 

Desde abril de 2016, las empresas de más de 300 empleados deben hacer públicas las medidas que se comprometen a tomar a favor de sus asalariados (guarderías, horarios flexibles, etc.). Pero su seguimiento no está solucionado: no se ha establecido ninguna instancia de control para verificar si se cumplen las promesas anunciadas, y tampoco está prevista ninguna penalización en caso de que no se cumplan. 

Cuatro años después del lanzamiento de las Womenomics, la economista Machiko Osawa observa “un cambio de actitud de los directivos en las grandes empresas, sobre todo respecto a la promoción de mujeres a puestos de responsabilidad”. Pero las empresas de menos de 300 empleados representan el 99,7% de las empresas del país y el 70% de los asalariados . “Para estas empresas, sigue siendo complicado incluso el mero hecho de encontrar sustitutos para las personas que cogen un permiso de paternidad”, constata Masako Ishii-Kuntz, socióloga y especialista en asuntos de paternidad en Japón, a la vez que subraya la tradicional lentitud de los procesos de contratación y las tensiones en el mercado laboral.  

 

TRABAJAR MENOS PARA PROCREAR MÁS

La integración de las mujeres en el mercado laboral obliga a un cambio profundo de la cultura empresarial, y sobre todo a cuestionar las largas jornadas laborales. “Aunque hubiera suficientes plazas de guardería para todos, ¡no se puede dejar a un niño al cuidado ajeno doce horas!, subraya Naohiro Yashiro. En este aspecto, promocionar a las mujeres a puestos de responsabilidad podría tener un gran impacto sobre el modo de trabajar de los japoneses, especialmente acerca de su productividad, una de las más bajas de los países desarrollados. “Esas mujeres directivas trabajarían menos horas y no tendrían más remedio que realizar su trabajo en un tiempo determinado, lo que puede incitar a la gente a trabajar de un modo más eficaz”, avanza Machiko Osawa.

 

60%

De las japonesas interrumpen su carrera profesional tras el nacimiento de su primer hijo

 

Según ambas economistas, una cosa es segura: si los japoneses conservan su ritmo de trabajo actual, la caída de la curva demográfica se acentuará. “A causa del descenso, los hombres y las mujeres están obligados a trabajar”, subraya la profesora de la Universidad de las mujeres de Tokio, “pero si la gente sigue trabajando al ritmo actual, no tendrá tiempo de casarse y tener hijos”, añade.

Una madre japonesa mira su móvil con su hijita en la mochila. FOTO: 123RF

Sin embargo, en un país en el que un cuarto de la población tiene más de sesenta y cinco años, la resistencia al cambio se hace notar. Naohiro Yashiro habla incluso de “conflictos intergeneracionales”: los más viejos, con frecuencia hombres que ocupan puestos de responsabilidad, no comprenden por qué tendrían que cambiar su forma de trabajar para integrar a las jóvenes madres.

A sus veintinueve años, Sawako Ohata lo ha sufrido en sus carnes. Hace dos años, cuando la joven puericultora mencionó que estaba proyectando tener un hijo a su director, de sesenta y cinco años, éste le dijo sencillamente que tenía que dimitir. A pesar de que Sawako lo considera “injusto”, no le sorprendió: “Una de mis colegas fue despedida por estar embarazada”. Aunque se trata de un despido totalmente ilegal, la joven se resignó a dejar su puesto de trabajo para poder tener a su hija Miiko. En Japón, el camino hacia la igualdad es aún muy largo.

 

DISCRIMINACIÓN

Acoso a las mujeres embarazadas

Matahara: los japoneses han creado un neologismo a partir de las palabras inglesas maternity y harassment para designar el acoso que sufren las mujeres embarazadas en su puesto de trabajo. Esas japonesas sufren violencia psicológica, por no decir física, por parte de sus superiores o de sus colegas, en ocasiones, incluso mujeres. Son objeto de burlas, de presiones para que trabajen más y son empujadas a despedirse con el argumento de que la empresa sufriría por su ausencia futura. 

En un país donde es difícil decir “no”, muchas sufren en silencio. “La mayoría piensan que la culpa es de ellas y no se consideran víctimas”, constata Hiroko Miyashita, portavoz de la asociación Matahara Net. Creado en 2014, este organismo ofrece ayuda y consejo a las víctimas del matahara. Este fenómeno se da tanto en las pequeñas como en las grandes empresas. Aunque los juicios son escasos porque el acoso es difícil de probar, sin embargo, algunos empleadores han sido condenados. Como el pasado mes de enero, cuando un tribunal de Tokio condenó a una empresa por haber empujado a dimitir a una de sus empleadas, que no podía acudir al trabajo debido a su embarazo.

Si Japón mantiene su ritmo de trabajo, la curva demográfica caerá

Un cuarto de la población japonesa tiene más de 65 años

Matahara Net ha contribuido enormemente a la difusión pública de ese fenómeno, hasta entonces tabú en el archipiélago. En 2015, la fundadora de la asociación, Sayaka Osakabe, recibió el premio Mujeres Valientes de manos de la entonces primera dama norteamericana, Michelle Obama. Unos meses más tarde, el Ministerio de Sanidad, lanzaba una amplia campaña de prevención sobre ese asunto en las empresas.