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La economía, en manos de un heterodoxo experto en Keynes

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Diciembre 2013 / 9

ANÁLISIS

Podía ser esperable, porque ya era viceministro, aunque no tenía todas las cartas a su favor: desde que entró en funciones, su nombre había provocado una fuerte aprehensión en círculos del establishment local. Sin embargo, Axel Kicillof fue nombrado ministro de Economía de Argentina. Según los antecedentes en la historia de quienes manejaron la economía del país, es la primera vez que un economista de su perfil asume ese cargo. 

El nuevo ministro de Economía de Argentina, Axel Kicillof, en el centro.

Son varias las características que lo diferencian netamente del resto. Tiene una sólida formación académica en teoría económica, algo no habitual en muchos de sus predecesores. Es profesor titular de Historia del Pensamiento Económico en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, pero no abreva en las teorías neoliberales predominantes, sino en un análisis crítico de economistas clásicos cuyos textos habían sido olvidados en la enseñanza. Esto se refleja en sus libros, uno más teórico sobre el pensamiento de Keynes y otro que recorre las principales doctrinas económicas de Smith a Keynes.

Su perfil podría estar más del lado académico que del político, pero esto no es tan cierto: fue también dirigente estudiantil, y logró romper algunas de las hegemonías más enquistadas en la universidad.

Existe una tradición en la aportación de la facultad a las políticas económicas. A principios de 2000, un grupo de profesores de orientación heterodoxa se había reunido en un think-tank fuertemente crítico con las políticas neoliberales de entonces, el llamado Grupo Fénix. Sus propuestas tuvieron mucha influencia en el fin de la convertibilidad y el tipo de cambio fijo que había dolarizado la economía y creado una formidable deuda externa. Muchas de estas políticas fueron aplicadas inicialmente por el presidente Néstor Kirchner (reindustrialización, defensa del mercado interno, canje de la deuda, etc.).

Kicillof no viene tampoco solo. Formó con gente más joven, que no supera por lo general los cuarenta años, un centro propio de estudios económicos también heterodoxo, el Cenda, cuyos miembros han ocupado ahora una gran parte de los cargos de la nueva Administración en el Ministerio de Economía y en otros ministerios clave, como el de Relaciones Exteriores.

También tiene respaldo político, puesto que el nuevo jefe de gabinete, Jorge Capitanich, es un antiguo amigo suyo, aunque proviene del viejo tronco peronista.

El nuevo ministro es defensor del modelo, pero reconoce retos

Kicillof es un defensor del actual modelo económico. En él, entre otras cosas, se apunta a expandir el proceso de industrialización y mantener controladas las divisas (necesarias para el pago de la deuda y las importaciones de bienes intermedios y de capital). Defiende, a su vez, la nacionalización de las empresas YPF y Aerolíneas, en cuyas nacionalizaciones desempeñó un papel activo, y rechaza las políticas económicas que han llevado a la crisis internacional.

Pero el nuevo ministro reconoce también los retos que le esperan. Sabe que deben realizarse cambios. Una cuestión es el financiamiento de las actividades productivas que padecen la falta de crédito. Otra es la relativamente alta tasa de inflación —sus índices, objetos de muchas críticas, se están comenzando a sincerar con el apoyo de expertos internacionales—. Kicillof no ubica a los culpables de esa inflación del lado de la oferta monetaria, sino de factores oligopólicos y de la puja redistributiva, además de atribuirles conductas inerciales que vienen del pasado. Otro reto, sin duda, lo constituye la dolarización del mercado inmobiliario, que afecta a la posibilidad de la adquisición de viviendas (unido a la falta de un crédito hipotecario a tasas razonables), lo cual ha transformado los inmuebles en verdaderas reservas de valor, lejos de su función original.

Los vientos del sur soplan con fuerza y desplazan a los que vienen del norte, cargados de crisis, en la política económica mundial.