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Por qué la deflación es mala para Europa

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Marzo 2015 / 23

La bajada general y automantenida de los precios tiene efectos muy nocivos para la economía, especialmente porque aumenta el peso de las deudas.

Comercios con ofertas en Barcelona. FOTO: ANDREA BOSCH

Que bajen los precios puede parecer una buena noticia. Pero a menudo es pésima.

En tiempos normales, que bajen los precios puede ser síntoma de una sana competitividad, de un crecimiento de la productividad o de un avance técnico, lo que se traduce en un aumento de poder adquisitivo para los hogares y/o en una disminución de los costes de las empresas. Por eso, la bajada del precio del petróleo se recibe hoy como un plus para la actividad.

La deflación no indica, sin embargo, un descenso de los precios temporal, sino su retroceso general y automantenido. Este fenómeno echa raíces cuando las expectativas de inflación basculan: si los agentes económicos prevén que los precios van a bajar, las empresas comprimen sus márgenes y terminan por reducir su masa salarial.

La bajada de salarios y pérdidas de empleos llevan a los hogares a consumir menos, a lo que se añade que también se ven incitados a retrasar la compra de bienes no perecederos previendo que, en un futuro, les cuesten menos. Se crea un círculo vicioso: bajada de precios y bajada de demanda y, por tanto, bajada de producción y de los ingresos se retroalimentan.

 

IMPOTENCIA

La política monetaria clásica se ve en seguida impotente para reactivar la demanda: cuando los precios disminuyen, los tipos de interés reales (es decir, los tipos nominales corregidos teniendo en cuenta la variación de los precios) aumentan, aunque los nominales sean nulos.

Hay otro mecanismo aún más funesto: mientras que los precios y los ingresos bajan, las deudas anteriores no lo hacen. Resultado: el peso del endeudamiento respecto al ingreso aumenta, ya se trate de deudas públicas o deudas privadas.

Para hacerle frente, los hogares, las empresas y las administraciones reducen su nivel de vida, lo que gravita también sobre la demanda y, por tanto, sobre los precios.

 

CICLO DEL CRÉDITO

Este peso del endeudamiento es decisivo para comprender la deflación: ésta no se genera en el mercado de bienes, sino en el ciclo del crédito, como demostró en 1933 el economista Irving Fisher. Él denomina debt deflation (‘deflación por la deuda’) a esa espiral negativa desencadenada por un nivel excesivo de endeudamiento.

La economía clásica suele verse impotente ante el fenómeno

Todos intentan vender al mismo tiempo, lo que hunde los precios

Los agentes económicos intentan entonces desendeudarse vendiendo todos al mismo tiempo sus activos y los precios se hunden de golpe. Resultado: al ser menos ricos y seguir igual de endeudados, reducen sus gastos, mientras que los bancos, que se encuentran en dificultades, reducen el crédito.

Hasta ahora, los precios de los bienes y los servicios en la zona euro seguían aumentando aunque, desde hace dos años, a un ritmo cada vez menor. Pero el pasado diciembre, la inflación pasó a ser negativa: -0,2%. Las expectativas de inflación de los mercados se desploman. De ahí la decisión del Banco Central Europeo, el pasado 22 de enero, de emprender una compra masiva de bonos con la esperanza de hacer que suban las expectativas de la inflación.