¿Quién ganará en Brasil? Los bancos

  • Por (Periodista. Autor de Off the road. Miedo, asco y esperanza en América )
    Junio 2018

    Desde São Paulo

    Desencanto: Tras el encarcelamiento de Lula, ningún candidato preocupa a los mercados ni a la banca, la única que mejora los beneficios pese a la crisis.

    Simpatizantes de Lula piden su excarcelación, el pasado abril en Brasilia. FOTO: Fabio Rodrigues Pozzebom/Agência Brasil

    ¿Quién ganará las presidenciales brasileñas octubre ? Nadie lo sabe. “Son las elecciones más imprevisibles de la historia; el mensaje es moralizador con un deseo de castigar al sistema por la corrupción y la crisis, pero no hay ganador claro”, sostiene Jorge Chaloub, politólogo de la Universidad Federal de Juiz de Fora en Río de Janeiro.

    Hay candidatos para todos los gustos. Tras la casi inevitable salida de Lula de la campaña, aún el más popular de todos pero encarcelado por presuntos delitos de corrupción, quedan sobre todo Geraldo Alckmin, ex gobernador del Estado de Sao Paulo del cada vez más conservador y neoliberal Partido Socialdemócrata (PSDB), y Ciro Gomes, un candidato progresista asesorado por el filósofo de Harvard Roberto Mangabeira Unger. Gomes espera atraer los votos de Lula, y hay una suerte de pacto de no agresión entre su campaña y el Partido de los Trabajadores (PT). 

    El expresidente lidera los sondeos, seguido de un ‘ultra’ sin partido

    En el ‘impeachment’ contra Rousseff fue clave la banca privada

    El 27% de los beneficios del Banco Santander proceden de Brasil

    Está también Marina Silva, la ex ministra de Medio Ambiente de Lula, la esperanza de las ONG, pero entregada a la causa del progresismo neoliberal. Seguramente, habrá un candidato del PT, un producto tóxico para muchos brasileños por su involucración en el escándalo de Petrobras, pero cuyos afiliados van al alza en estos momentos. El nombre que se estudia es el ex alcalde de Sao Paulo Fernando Haddad. El versátil Henrique Meirelles, ex banquero central de la primera Administración de Lula y ministro de Hacienda en el Gobierno de Michel Temer, será con toda seguridad el candidato del Movimiento Demócrata de Brasil (MDB), el corrupto vehículo político de Temer, conocido como el “partido del alquiler“ por sus prácticas clientelares.

    Finalmente, está Guilherme Boulos, el líder del Movimiento de Trabajadores Sin Techo, líder del partido de izquierdas PSOL. Lula invitó a Boulos al escenario durante la triste despedida del expresidente en la sede del sindicato metalúrgico en abril antes de ser trasportado en helicóptero a la cárcel federal de Curitiba. Pero es muy poco probable que Boulos llegue a la segunda vuelta del 27 de octubre.

    El número dos en los sondeos después de Lula es el exmilitar de ultraderecha Jair Bolsonaro. Racista, misógino, homófobo, oportunísticamente evangélico y en guerra permanente contra un comunisimo que no existe, Bolsonaro es el candidato que sintoniza con el delirio de parte un electorado furioso. Pero el ultraderechista tiene un problema: en Brasil, al menos hasta la fecha, siempre hacía falta tener un partido grande, como el PT, el PSDB o el MDB, y suficientes diputados para lograr espacio en televisión y para financiar campañas. “Es difícil ganar elecciones en Brasil si no eres de los grandes partidos”, insiste Chaloub.

     

    LOS MERCADOS, TRANQUILOS

    Pese a la incertidumbre, los participantes en una conferencia organizada por la Asociación de Operadores de Mercados Emergentes (EMTA) en un hotel de lujo en Sao Paulo en abril no parecían demasiado preocupados. La crisis del PT y el encarcelamiento de Lula ha tranquilizado a los bancos y los inversores. Todos los demás candidatos parecen bastante market-friendly, incluso Bolsonaro, que, en busca de fuentes de financiación, está abandonando sus viejas posturas de patriotismo económico proteccionista y defiende ya hasta la privatización de Petrobras (al igual que Alckmin). “Parece que hay bastante consenso en que hay que avanzar con las reformas que todos saben que son necesarias, como en pensiones”, dijo Tony Volpon, analista del banco suizo UBS. La salida de Lula dará un “espacio que será ocupado por una izquierda más moderada”, añadió Alexandre Claros Lintz, de Garde Asset Management.

     

    BANCA: SIEMPRE BENEFICIOS

    Resultaba difícil no pensar durante la mesa redonda de inversores y banqueros internacionales, entre ellos el del expresidente latinoamericano de Goldman Sachs, que hay un solo ganador seguro en las elecciones brasileñas: los bancos. Porque en Brasil, el país de los tipos de interés más altos del mundo, los bancos jamás pierden.

    Un repaso de las dos últimas décadas muestra que los beneficios bancarios en Brasil suben en tiempos de vacas gordas y también de vacas flacas. Entre 2003 y 2015, subieron el 460%. Tras una pequeña moderación entre 2015 y 2016, han vuelto a dispararse. Bradesco registró una subida del 9,7% de los beneficios entre 2017 y 2018. Itau, otro gigante privado, subió el 3,8%. Pero el banco que ha batido todos los récords de rentabilidad en el último año es el Santander, cuyos beneficios se dispararon el 54,65 % en 2017-2018. El 27% de los beneficios mundiales del Santander provienen en estos momentos de Brasil, un país que atraviesa una profunda crisis social y económica y una terrible escasez de crédito para la economía productiva. “Tenemos un escenario de poco crédito y tipos altos; incluso con el crédito estancado desde hace tres años y una economía pésima, los beneficios de los bancos han crecido”, dijo Luis Miguel Santacruz, de Austin Rating.

    La fórmula utilizada por los bancos para mantener sus márgenes de beneficios cualquiera que sea la coyuntura económica o política es fácil. Rentabilizan los spreads (la diferencia entre los tipos que pagan los bancos privados en el mercado interbancario y lo que cobran a sus clientes). Este diferencial de tipos se disparó de 18 a 41 puntos entre 2013 y 2016. Es decir: cuando el Banco Central subía tipos hasta un nivel asesino del 14%, los bancos privados los subieron aún más. “Fue extraordinariamente dañina para la actividad económica”, dice Adam Sadler, de Oxford Economics en Inglaterra. Pero no para los márgenes de beneficios bancarios. 

    Cuando Dilma Rousseff intentó utilizar la banca pública para forzar una reducción generalizada de los spreads, se produjo una rebelión en la banca privada que, según analistas como André Singer, fue el momento en el cual el plan de impeachment de la líder de la izquierda logró el crucial apoyo del sector financiero. 

    Una vez destituida Rousseff, el Banco Central empezó a bajar tipos del 13% hasta el 6,5% entre 2016 y 2018. Pero los bancos privados no los bajaron tanto. Pese a los 12 recortes del tipo bancario Selic realizados por el Banco Central, el tipo de interés medio sobre créditos a empresas y consumidores en Brasil sigue situándose en el 26,2%. Los spreads bancarios han subido dos puntos en el último año, los bancos bajaron sus tipos en 3,8 puntos porcentuales frente a una reducción de 5,7 puntos por  parte del Banco Central. Los spreads del Santander en Brasil se situaron en el 10%, un punto más que en 2017. 

     

    LIBERALIZACIÓN INCOMPLETA

    “Los bancos están esperando a bajar los spreads para recuperar sus márgenes de beneficios”, dijo Marcos Casarín, de Oxford Economics, en Sao Paulo. Falta competencia en el sector, pero pese a las medidas de liberalización adoptadas por Temer con el apoyo de los bancos privados y del FMI en otros sectores de la economía, no se ha realizado ningún intento por incorporar más competencia ni debilitar el oligopolio bancario.

    Ahora la fuerte apreciación del dólar y las expectativas de subidas de tipos en EE UU han desencadenado una fuga de capitales desde los mercados brasileños (gestionada por los mismos bancos privados internacionales). Si se mantiene, habrá que subir tipos en Brasil otra vez para evitar una crisis por la balanza de pagos, aunque con reservas de divisas de 350.000 millones de dólares el país está más blindado que en la década de 1990. En cualquier caso, el Banco Central ha dejado entrever que el ciclo de expansión se acabó. 

    Para la mayoría de brasileños el ciclo ni había empezado. Los tipos de interés para tarjetas de crédito, hipotecas y créditos al consumo jamás bajaron de los dos dígitos, lo que causó miles de quiebras de pequeñas empresas. ¿A quién le puede extrañar que el votante brasileño tenga ganas de castigar el sistema en las urnas el próximo 7 de octubre?

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