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Reglas comerciales obsoletas

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Noviembre 2018 / 63

Punto de vista: El contencioso entre China y Estados Unidos revela la impotencia del marco de la OMC para resolver los nuevos temas del comercio internacional.

Hong Kong,  uno de los principales puertos exportadores de China.  FOTO:123RF

La nueva etapa de la escalada proteccionista de Donald Trump podría verse como una demostración más de su inestabilidad profunda y del caos que ella crea. Al amenazar con imponer un 25% de aranceles a casi 200.000 millones de dólares de productos chinos importados al  año  —en lugar del  10%— y al añadir a la lista de los productos sometidos a impuesto el conjunto de bienes importados de China, el proteccionismo de Estados Unidos adquiere un cariz  más concreto. 

La lista de los reproches de EE UU a China es larga: no respetar la propiedad intelectual, compras estratégicas de empresas con fondos soberanos, subvenciones públicas que acaban en dumping, barreras para acceder al mercado,  bloqueo de internet que impide que los gigantes estadounidenses accedan al consumidor chino.

Al convertirse en miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, China se comprometió a llevar a cabo reformas profundas en su economía y a respetar el tratado Trips sobre la propiedad intelectual. El punto de vista que tiende a imponerse en EE UU es que los chinos han desviado a su favor la política benevolente que Washington ha llevado con China desde la apertura de Richard Nixon a ese país en 1972, lo que les ha hecho pasar de ser el 7º exportador mundial en 2001 al primero hoy.     

Hay que decir que el fracaso de la ronda de negociaciones de Doha (que comenzó en 2001) bajo la égida de la OMC ha impedido que haya resultados sobre las nuevas materias del comercio internacional. Las reglas actuales están, pues, poco adaptadas a las prácticas y necesidades en temas como normas medioambientales, de seguridad, de regulación financiera, de terciarización de la economía o de protección de la propiedad intelectual, aunque el Trips tiene casi  un cuarto de siglo. 

Las quejas de Estados Unidos a China están fundadas. Pero merece la pena conocer el punto de vista de Pekín. El plan Made in China 2025  tiene sólidas ambiciones respecto a las tecnologías del futuro: sitúa al país como futuro líder mundial y tiene como objetivo duplicar la actual hegemonía estadounidense.


HEGEMONÍA 

Esas tecnologías están muy asociadas a rendimientos de escala masivos, casi infinitos, que contrastan con lo que implicaba la tecnología del fordismo. Los rendimientos de escala de entonces eran consecuentes y hacían posible la reducción de costes mediante la extensión de los mercados. Y unos mercados suficientemente grandes permitían a unos competidores numerosos que la competencia bajara los beneficios. Hoy, a la inversa, unos rendimientos crecientes ilimitados llevan al monopolio, y la ampliación del mercado se ve coronada por un winner takes it all (el que gana se lleva todo). El porcentaje de mercado de los gigantes de internet procede de esos rendimientos ilimitados por los efectos de red. 

La protección de la propiedad intelectual que enarbola EE UU no es un escudo que posibilite una distribución justa del esfuerzo de investigación y desarrollo, sino el medio de garantizar un monopolio difícil de regular y someter a impuesto cuanto que su localización es imprecisa. De hecho, solo la política de aislamiento de China ha limitado la extensión del poder de mercado de EE UU. 

En el mundo que se anuncia, la idea de que la especialización y el intercambio son ventajosas  para la oferta y para la demanda, idea en que se fundamentaba Bretton Woods al final de la II Guerra Mundial, ha quedado obsoleta. La arquitectura de la OMC solo es válida para un grupo de bienes tradicionales cuyo peso en la cesta del consumidor globalizado tiende a disminuir. Compartir el botín mundial de las actividades con rendimientos infinitamente crecientes no será un asunto sencillo con los intereses nacionales en juego. 

 

El Observatorio Francés de las Coyunturas Económicas (OFCE) es un organismo independiente para la previsión, investigación y evaluación de las políticas públicas. Véase la versión íntegra de este artículo en www.alternatives-economiques.fr