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¿Ricos que buscan ‘salvar’ el mundo?

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Enero 2016 / 32

Agenda: El filantrocapitalismo y el ‘greenwashing’ cotizarán al alza en la reunión de la élite económica en Suiza tras la cumbre de París y el anuncio de Zuckerberg.

Foro  Económico Mundial en Davos (Suiza). FOTO: WORLD ECONOMIC FORUM

Quizá el comentario periodístico más agudo sobre el Foro Económico Mundial de  Davos (WEF, en sus siglas en inglés) lo hizo Larry Elliot, jefe de la sección de economía  de The Guardian en 2014, cuando los organizadores de la cumbre de la élite global celebrada cada mes de enero en los Alpes suizos, anunciaron algo sorprendente: el nuevo reto para los 2.000 participantes del foro —muchos de ellos multimillonarios de la clasificación de Forbes— sería buscar soluciones para el problema de la extrema desigualdad en las economías avanzadas. La polarización de renta entre el 1% hiperrico y el resto ya era un asunto de inquietud para los hombres de Davos, según el WEF. Elliot respondió cáusticamente: “Este año, cuando me haga la maleta, junto con mis botas de nieve y el gorro de lana, meteré una bolsa de las que hay en los aviones para vomitar”. 

Ante la cumbre de Davos, este mes mi plan consiste en aprovechar el vuelo Madrid-Zúrich para hacerme con unas cuantas bolsas. Porque dos eventos se han producido en el preámbulo del próximo foro que hacen pensar que serán de gran utilidad en Davos. El primero fue la cumbre del cambio climático, que ha pactado de forma un tanto voluntarista la adopción de las medidas necesarias para frenar la subida de temperatura y evitar la destrucción del planeta. El otro, la decisión de fundador de Facebook Mark Zuckerberg de celebrar el nacimiento de su hija mediante un donativo filantrópico de 45.000 millones de dólares, el 99% de su fortuna. 

Paris COP21 se aprovechará en el foro este mes porque no hay nada que más le guste a un hombre de Davos que la oportunidad de presentar un proyecto de greenwashing, según el sucinto término inglés que viene a decir un marketing diseñado para causar la impresión de que una empresa esté velando por el medio ambiente y el futuro del planeta. A modo de ejemplo, en el foro de 2009 tuve ocasión de ver los consejeros delegados de Coca-Cola y Nestlé encabezar una sesión sobre la necesidad de prevenir una catastrófica crisis de recursos de agua debida al cambio climático. Nadie comentó en aquella sala abarrotada de empresarios globales y banqueros internacionales que esas mismas empresas, junto a Pepsi, son las mejores embotelladoras de agua de grifo de plástico petroquímico del mundo y que dejan una gigantesca huella de carbono. Ni que Coke y Pepsi habían provocado en el sur de la India batallas campales entre la policía y los campesinos que protestaban por el impacto sobre los acuíferos subterráneos que regaban sus cultivos de las nuevas plantas embotelladoras de las multinacionales. 

 

“SALVAR EL MUNDO”

Richard Branson, el consejero delegado de Virgin cuyos vuelos producen billones de toneladas de emisiones de CO₂, es otro incondicional de Davos. En la cumbre del año pasado, Branson dijo lo siguiente respecto al cambio climático: “Yo paso gran parte de mi tiempo en Davos explicando a otros líderes empresariales que somos ciudadanos del mundo, y que salvar el mundo tiene sentido empresarial”. Branson añadió que su fondo de cambo climático estaba llevando a cabo proyectos de CO₂ cero. Nadie mencionó que el presidente de Virgin estaba financiando mediante su fondo nuevas tecnologías que facilitan la explotación del petróleo en las espeluznantes arenas bituminosas de Canadá, cuyo petróleo, según un estudio de la Universidad de Londres, debe quedarse bajo tierra si se va a cumplir con la meta de subidas de temperatura necesaria para evitar el cambio de clima.

Empresas que dicen combatir el cambio climático lo exacerban

3.000 policías armados y francotiradores supervisan la cumbre

El greenwashing de las Colas y la Virgin son sólo la punta de la Zauberg (montaña mágica). Este año, con la cumbre de París perfilada detrás del macizo nevado del cantón de grisoles,  los consejeros delegados multimillonarios, los gestores de fondos especulativos y los cientos de representantes de la industria auxiliar de la plutocracia reiterarán sus firmes compromisos para combatir el cambio climático y acelerar la transición a una economía de cero CO₂. Mientras tanto, repartiré mis bolsas de vómito de la marca Virgin o Iberia.

No hay nada que le guste más a un Davosman que la oportunidad de bañarse en un mar de greenwashing, salvo quizá un   podio en el cual puede estrenar un nuevo proyecto de filántropo del capitalismo. De ahí la importancia del anuncio de Zuckerberg para la oleada de iniciativas filantrópicas que se anunciarán en el foro.  Davos, a fin de cuentas, es la capital mundial del filantrocapitalismo, un término acuñado por el ex joven líder global del foro Matthew Bishop, autor del libro El filantrocapitalismo; cómo los ricos pueden cambiar el mundo. En el libro se defiende la idea de que, “aplicando las técnicas de los negocios a la filantropía, la élite de superricos del siglo XXI ha creado un renacimiento de la cultura de regalar”. El eslogan de Davos es Committed to improving the world (‘comprometidos por mejorar el mundo’), que aparece en las vallas publicitarias de la cumbre, protegida por 3.000 policías armados y francotiradores en el tejado de centro de convenciones Congress.

“Todo el mundo en Davos, en enero, va a estar intrigado por el plan de Zuckerberg”, dijo Katherine Brown, experta en filantropía del Foro Económico Mundial. La novedad del megarregalo de Navidad de los Zuckerberg es que al depositar sus 45.000 millones en una sociedad limitada, la pareja podrá probar todas las nuevas modalidades filantrocapitalistas, desde el impact investing (inversiones con impacto positivo social) hasta la venture philanthropy (filantropía con capital riesgo), sin olvidar la blended finance (finanzas éticas para el desarrollo).

 

DICCIONARIO PROPIO

Son nuevos términos en el diccionario de Davos que vienen a significar: ‘rentabilizar la filantropía’. “La inversión con impacto es la mezcla de rentabilidad financiera con la rentabilidad social”, explicó Brown. Blended finance, por su parte, permite conseguir “rentabilidad para inversores privados equiparables con las expectativas del mercado” con el fin de “movilizar flujos a mercados emergentes y fronterizos”, según un informe del WEF. “Blended finance permitirá lograr las metas de desarrollo sostenible de la ONU; si no no habrá fondos suficientes”, dijo Brown..

La venture philanthropy aporta a la filantropía las últimas técnicas del capital riesgo de Silicon Valley (la cuna de una nueva generación de multimillonarios que pronto serán filantrocapitalistas). Se está produciendo una “convergencia” entre el negocio convencional y la filantropía.

Todo esto ocurre en un momento de concentración de la riqueza sin precedentes en la historia del capitalismo. Ni siquiera existían semejantes niveles de desigualdad en los años del Gran Gatsby. Los 20 primeros puestos de la clasificación de Forbes de Estados Unidos corresponden a magnates estadounidenses, cuyo patrimonio conjunto equivale al de 150 millones de sus conciudadanos. A escala mundial, el 1% más rico con patrimonio superior a 700.000 euros anuales (que incluiría hasta a los más humildes en la cumbre de Davos) cuenta con activos de mayor valor que la mitad de la población del planeta. Ocurre también en un momento de evasión fiscal endémica perpetrada por esta plutocracia y sus empresas globales. Facebook factura casi todos sus ingresos no estadounidenses —más de 5.000 millones de euros— en Irlanda, donde sólo paga 3,4 millones de euros de impuestos, el 0,03%. En Reino Unido sólo pagó 6.000 euros de impuestos el año pasado. Por supuesto, la ingeniería fiscal que libra a las multinacionales de la necesidad de pagar impuestos priva al Estado de la financiación necesaria para mantener los servicios públicos. La simetría es perfecta. Cuanto menos recauda el Estado, más necesidad tiene de individuos como Bill Gates o Mark Zuckerberg para intentar gestionar los servicios públicos.

En cuanto a Zuckerberg, pues, no necesita de la filantropía para eludir impuestos, dice Gabriel Zucman, de la London School of Economics, por una sencilla razón: no paga impuestos. “Zuckerberg no cobra un salario, Facebook no paga dividendos y evita los impuestos sobre sociedades declarando miles de millones en las islas Caimán. O sea, hay pocos impuestos que Zuckerberg tiene que intentar evadir”, dijo Zucman, colaborador de Thomas Picketty, el autor del libro de referencia sobre la desigualdad, El Capital en el siglo XXI. “Lo que a mí me resulta muy desconcertante de lo de Zuckerberg es que él ha amasado una enorme fortuna gracias a no pagar impuestos; y ahora es elogiado porque la regala con el fin de combatir la desigualdad; ¡pero si lograr una mayor igualdad supone pagar impuestos!”.

Así que cuando empiecen los elogios a  Zuckeberg y Chan en Davos y circule aquella foto de la pareja billonaria mirando con adoración navideña a su pequeña bebé, el momento de repartir las bolsas que queden habrá llegado. 

 

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