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Tirole, neoclásico inteligente y regulador

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Diciembre 2014 / 20

Reconocimiento: El premio del Banco de Suecia recompensa a un especialista francés de la teoría de los incentivos, que pretende regular mejor los oligopolios.

Jean Tirole, en un debate del FMI en Washington en 2013. FOTO: FMI/Stephen Jaffe

Los (raros) economistas franceses laureados con el premio del Banco de Suecia “en memoria de Alfred Nobel” (1) tienen un rasgo común: no son conocidos por el gran público. Es lo que ocurre con Gérard Debreu (premio 1983), Maurice Allais (1988) y Jean Tirole (2014), hasta el punto de que el diario Le Monde titulaba en su edición del 16 de octubre a propósito de este último: “Un economista inclasificable”.

Jean Tirole es un economista perfectamente “clasificable”. Junto a Jean-Jacques Laffon (fallecido prematuramente en 2004) es autor de la teoría de los incentivos: en un mundo de competitividad imperfecta, ¿cómo establecer reglas o contratos que estimulen a los agentes económicos a comportarse sin abusar ni a beneficiarse de la frecuente asimetría de poder o información existente entre los actores? Un ejemplo muy actual: la Comisión Europea se pregunta si la SNCF (Sociedad Nacional de los Ferrocarriles Franceses, en sus siglas en francés) no se aprovecha de su monopolio sobre los TER (Transporte Exprés Regional) y del escaso criterio de las administraciones regionales en este ámbito para obtener de estas últimas una financiación que beneficia más a la empresa que a los usuarios.

 

BASES DISCUTIBLES

Esta problemática se inscribe claramente en la corriente del pensamiento neoclásico: los agentes son racionales (luego sus comportamientos, previsibles y calculables); intentan maximizar su interés (teoría del Homo economicus) y aprovechan todas las ocasiones que se les presentan para lograrlo (oportunismo), sobre todo si los otros disponen de menos información que ellos. Esto no deja de constituir unas suposiciones discutibles.

La particularidad de Jean Tirole es que se interesa por la acción pública (2). A diferencia de los ultraliberales, favorables a la desaparición del papel económico del Estado, él no cree posible la existencia de una competitividad perfecta ni de una economía sin más reglas que las del mercado, pues él llegó a la economía a partir de la economía industrial. En este ámbito es bien conocido que las economías de escala –y, por tanto, las empresas oligopólicas– permiten unos incrementos de eficacia mayores que los del mundo utópico, y desde hace tiempo superado, de la competitividad perfecta entre pequeños comerciantes o productores. Pero esas grandes empresas tienen también un “poder de mercado” considerable que es necesario regular.

Forma parte de la corriente liberal  dominante

Se interesa por la acción pública y es realista

 
Tirole ha intervenido en el debate público francés con motivo de la regulación del mercado laboral. A diferencia de los liberales que abogan por una reducción, por no decir supresión, del seguro de desempleo obligatorio, es favorable a un contrato único de trabajo (supresión del contrato temporal) acompañado de un bonus para las cotizaciones del seguro de desempleo a cargo de las empresas con el fin de estimular a estas últimas a recurrir a los despidos en última instancia. Esta postura plantea, evidentemente, problemas, pero al menos se inscribe en la óptica de la regulación de la economía más que en la de un mercado desregulado. Es incontestable que Jean Tirole forma parte de la corriente dominante, pero de un modo inteligente y realista.
 

(1) Llamado por comodidad aunque erróneamente “Premio Nobel de la Economía”. Para un resumen de la obra de Tirole: www.nobelprize.org/nobel_ prizes/economicsciences/laureates/2014/
(2) Oliver Williamson (también recompensado por el premio del Banco de Suecia en 2009) ha desarrollado un enfoque similar pero respecto a las relaciones entre empresas.