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Una enorme oportunidad perdida

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Abril 2013 / 2

Chávez dispuso de una renta petrolera el 113% superior a quienes gobernaron en años anteriores.

En la fecha en que sus herederos notificaron públicamente su fallecimiento, Hugo Chávez había ejercido la presidencia de Venezuela durante catorce años, un mes y tres días. ¿Cuál es el legado económico del gigante político? Cualquier aproximación objetiva no debe desvincularse de los recursos de que dispuso: el suyo ha sido un período de extraordinaria bonanza. Cuando llegó a la presidencia, en 1998, las exportaciones petroleras de Venezuela equivalían a 522 dólares por persona. A la fecha de su muerte, esta cifra se había multiplicado por seis. Ajustando por crecimiento poblacional e inflación del dólar, dispuso en promedio en cada año de su gobierno de una renta petrolera 113% superior a quienes gobernaron en los catorce años anteriores.

Quizá la mejor forma de empezar a analizarlo es a partir de lo que menos se ha hecho: crecer. Durante su mandato, el volumen de bienes y servicios producidos (PIB) por habitante ha crecido el 13%, menos del 1% anual. En ese período, la producción por habitante en Perú creció el 73%, en Chile el 50%, en Argentina el 46%, en Colombia el 38%, en Brasil el 37%. Lo que sí creció de forma exponencial fue el consumo: un venezolano promedio consume hoy el 55% más que en 1998. Esta ruptura entre producción y consumo fue uno de los factores esenciales de su popularidad. Sólo podía venir a cuenta de importaciones masivas, que han crecido en su período el 59% por habitante (3,3% anual).

Visto así, estos catorce años se presentan como una enorme oportunidad perdida. El Gobierno emprendió un programa agresivo de gasto público, basado en los crecientes ingresos petroleros, y lo llevó del 29% del PIB en 1998 al 51% en 2012. Este gasto se encuentra esparcido alrededor de diferentes fondos y entes parafiscales, lejos del Gobierno central, lo cual escapa a cualquier escrutinio y hace imposible la rendición de cuentas. Se trata del gasto público más alto de América Latina, cuyo promedio se ubica en el 29%. Para alcanzar ese nivel de gasto no fue suficiente la renta petrolera, por lo que la deuda pública externa se cuadruplicó y pasó del 24% del PIB a una cifra entre el 70% y el 150% (según la tasa de cambio que se utilice).

Ese enorme caudal de gasto cayó en una economía con cada vez menos incentivos a la inversión. Para promover el consumo y evitar una inflación todavía mayor, el Gobierno se vio en la obligación de facilitar importaciones y salidas de capital. Esto lo hizo a través de una política de apreciación masiva de la moneda local, en particular a partir de la implementación del control de cambio en febrero de 2003.

La inflación acumulada totaliza el 727%, una de las mayores del planeta

Desde entonces, la inflación acumulada totaliza el 727% (24% anual, una de las mayores del planeta), mientras que la devaluación ha sido del 240% (13% anual). Al bolívar, que perdía poder adquisitivo en Venezuela, el gobierno de Chávez se lo mantuvo en el exterior. Venezuela se convirtió así en un exportador colosal de puestos de trabajo y de capital.

La campaña electoral de 2012 no sólo pasó una factura significativa a la salud del presidente, sino también a la economía venezolana. El nivel sin precedentes de gasto público provocó un déficit fiscal superior al 18% del PIB (con el barril de petróleo por encima de 100 dólares), financiado en esencia a través de la impresión de dinero inorgánico. Eso ha originado una depreciación del bolívar en el mercado negro superior al 200% en solo seis meses, una aceleración de la inflación y, debido a los controles de precios, una escasez rampante. Esa es su herencia económica. 

Será interesante observar cómo sus herederos políticos lidian con esta situación sin el gigante que todo lo vendía, sin aquel que en última instancia apelaba a la soberanía y al símbolo por encima del bienestar (“con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo”). Sin Chávez, a quien todo se le aceptó y todo lo pudo.
 

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