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España, un refugio para el turismo

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Julio 2017 / 49

¿Puede España estar tranquila con los datos positivos que registra el sector turístico?

El año 2016 resultó ser histórico en entrada de turistas (75,3 millones, el 9,7% más que el año anterior; en ingresos (74.000 millones de euros, más el 3,8% del gasto medio por turista); en pernoctaciones (330 millones de pernoctaciones, el 7,1% más que en 2015),  y en mejora de la rentabilidad empresarial (incremento del RevPar hotelero del 10,6%, que lo coloca en el mejor de la historia). España es la primera potencia europea turística (Eurostat, 2017). Cualquier organización que presentara estos resultados despertaría el entusiasmo de todos sus socios. ¿Podemos afirmar lo mismo nosotros?
Tres aspectos conducen a una respuesta negativa: el posicionamiento de la oferta; la debilidad de la demanda interna y la escala salarial. 

 

POSICIONAMIENTO DE LA OFERTA

Existen esfuerzos notorios por innovar. En el informe sobre el Estado de Innovación Turística en España (ESADECREAPOLIS, 2017), la mayoría de las empresas españolas aceleran las inversiones en innovación iniciadas en los dos últimos años, pero una de cada cinco  ni se lo plantea. Desde 2000, triunfan propuestas tecnológicas nativas aplicadas al sector, como Edreams, LetsBonus, Rusticae, Wallapop, Tiketea, Wanup, Outify.me, Destinia,  Atrapalo, Logitravel y Smartravel, entre otras. Se rehabilitan zonas de playa, se avanza bastante en el uso de los big data, se ofrecen experiencias, se mejora la calidad de los establecimientos, la fidelización y la relación con los clientes y se revaloriza el territorio.

Pero el señuelo de los orígenes turísticos en los años de 1960, cuando España se especializó en turismo masivo, estacional y barato —al que el avance del ciclo de vida ha añadido la madurez—, sigue vigente en la mayoría de la costa. Llevamos tres décadas perdidas en la reinvención del modelo de negocio turístico hacia valores de experiencia, servicio,  calidad y equilibrio con la naturaleza. Existe conciencia generalizada de que el modelo tradicional de cuantos más turistas mejor resulta insostenible, pero los acontecimientos de los últimos veinticinco años nos han convertido en refugio de casi todo. Desde la guerra yugoslava hasta los últimos atentados en Francia, Gran Bretaña, Turquía o Bruselas, España acoge a los turistas que huyen de los destinos conflictivos. El buen precio ha añadido otro atributo al refugio: británicos, alemanes, franceses, holandeses, belgas e italianos se abalanzan sobre propiedades inmobiliarias españolas (Kyero, 2017). En estas condiciones, si vienen los turistas, “¿para qué cambiar?”, dice una parte numerosa de la comunidad turística.

 

DEBILIDAD INTERNA

El gasto promedio de los turistas españoles en España en los primeros meses de 2017 alcanza los 44 euros al día, y se ha incrementado un discreto 3,7% respecto a 2016. No representa más de un tercio del gasto de los extranjeros —134 euros al día, con un incremento del 13,15% en el mismo período—. La depauperación de las clases medias españolas a raíz de la crisis de 2008 permanece. La falta de empuje del turismo interior supone una gran debilidad y se convierte en un freno a la desestacionalización. 

 

SALARIOS

El crecimiento de los puestos de trabajo (5,01% más que en 2016) resulta inferior a la entrada de turistas, a los ingresos, a las pernoctaciones y a los márgenes empresariales. De este dato se desprenden dos cosas. La primera que el empleo (13% de la población activa) es superior a lo que el sector aporta al PIB general (12,2%). Y la segunda que el 95,48% de los nuevos puestos de trabajo generados en los últimos años son temporales: aumenta la contratación, pero no el empleo estable y de calidad (CC OO, 2017). Sin obviar que los puestos de trabajo siguen manteniéndose como los más baratos del país.

¿Resulta tranquila la posición de refugio de casi todo? Mientras el terrorismo golpea en los países del entorno, aparece relativamente fuerte, pero nada cómoda. El día que se modifique  el escenario, nos encontrarán más o menos donde estábamos hace veinticinco años.