¿Un nuevo ‘milagro’ en el empleo?

  • Las cifras del paro caen,  pero ni de lejos en la cantidad necesaria para acercarnos a las cifras de ocupación de 2008.

    El Partido Popular, con sus buenas conexiones con vírgenes y santos, presume de ser un especialista en generar milagros económicos. Pretendió haberlo hecho en la época de José María Aznar y Rodrigo Rato y ahora vuelve a la carga tras cada mejoría en las cifras del paro y el empleo. Ha vuelto a predicarlo tras la publicación de la EPA (Encuesta de Población Activa) del primer trimestre de 2017. La EPA es, sin duda, un buen indicador para analizar la situación del empleo mercantil (cuando menos es la mejor estadística disponible). Pero como cualquier otra estadística, hay que saber leerla para obtener interpretaciones que vayan más allá de las meras cifras resumen.  

    Al tratarse de una encuesta trimestral, la elección del lapso temporal en el que se va a realizar la lectura condicionará su evaluación. Como la economía, especialmente la española, se caracteriza por una elevada estacionalidad, comparar un trimestre con el siguiente no tiene mucho sentido. Siempre el primer trimestre es el peor para el empleo y el tercero el mejor. Por eso, una comparación razonable es siempre comparar el mismo trimestre del año y tomar una perspectiva temporal adecuada.

     

    INCÓGNITAS

    Cuando se realiza este ejercicio las cosas resultan menos brillantes y las incógnitas se incrementan. Si tomamos en consideración las variables básicas de ocupación, paro y actividad, podemos constatar algunas cuestiones básicas. La economía española se está recuperando desde principios de 2014, pero no ha conseguido absorber ni de lejos el impacto de la crisis de 2008. Hay 2,18 millones de empleos menos que en el primer trimestre de 2008, la recuperación del empleo es menos de la mitad de la destrucción anterior. El volumen de parados es casi el doble que hace siete años y de nuevo la reducción del paro registrado desde 2014 ha sido menos de la mitad del aumento anterior. Hay que aclarar además que el paro se reduce por dos vías: por creación de empleo o porque la gente deja de buscar trabajo. A principios de 2017 hay 117.000 personas más buscando empleo que en el primer trimestre de 2008 y 190.000 menos que en el primero de 2014. Nadie niega que se ha creado empleo, pero es evidente que parte de la reducción del paro se ha debido al efecto trabajador desanimado. Esta gente que contamos como inactiva es en muchos casos paro encubierto. Paro que no medimos, pero que existe, como el de muchos jóvenes. 

    Si tomamos aspectos más cualitativos del tipo de empleo creado, las cosas son aún peores. Ha aumentado el empleo a tiempo parcial. En 2008, el  11,8% de cada 100 empleos era de este tipo; en el primer trimestre de 2017 lo es el 15,68% (con un claro sesgo de género: 7,9% de los empleos masculinos frente al 24,8% de femeninos). El elevadísimo porcentaje de personas con empleo a tiempo parcial que manifiestan que éste es involuntario refleja que esta es otra forma de camuflar el paro, al menos el parcial.  De la misma forma que ha vuelto a aumentar, pese a la reforma laboral que se anunciaba favorable al empleo de cualidad, el porcentaje de contratación temporal del 23,1% en 2014 al 25,7% en 2017 (24,9% el masculino y 26,5% el femenino), y esto en un período en el que apenas se ha recuperado el empleo en la construcción, el sector que históricamente aporta una mayor proporción de empleo temporal. O sea, que la creación de empleo sigue siendo insuficiente y de mala calidad.

     

    ESTRUCTURA

    Un último comentario. Conviene mirar también en qué sectores se crea empleo. Ello da cuenta de la calidad de nuestra estructura productiva y de los problemas que podemos afrontar en el futuro. La hostelería y las actividades relacionadas con el turismo han sido las principales creadoras de empleo en esta fase de crecimiento (218.000 empleos creados por la hostelería desde 2014, a lo que cabría añadir el de actividades anexas como servicios de ocio o parte del comercio). Indican en buena medida que no hay un cambio sustancial en las pautas de especialización productiva del país que están en la base de los problemas que nos afectan.

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