Geografía de la crisis

  • Instituto de Economía, Geografía y Demografía, CCHS-CSIC

    La mitad oriental de la Península y las islas se han mostrado más vulnerables al batacazo económico. El mapa de la crisis permite sacar lecciones cara al futuro

    La crisis se ha convertido en una referencia inevitable para comprender los profundos cambios económicos, sociales o políticos que han tenido lugar en España en los últimos años. Pero la crisis económica y las políticas de austeridad fiscal que le han seguido tienen también una dimensión geográfica menos conocida, aunque no menos importante, pues la distribución de sus costes ha sido muy desigual según las regiones y ciudades.

    ILUSTRACIÓN: PEDRO STRUKELJ

    Los medios de comunicación se hacen eco periódicamente de la publicación de diferentes informes y estadísticas que nos recuerdan las graves consecuencias de la crisis para la sociedad española. Pero esos indicadores no son sino promedios que, pese a su interés, no llegan a reflejar la verdadera intensidad que alcanzan esos impactos en algunos lugares. Por ese motivo, dibujar el mapa de la crisis y comprobar la existencia de tendencias que se repiten puede mejorar nuestro conocimiento de lo ocurrido. Sobre todo, permite comprender las razones de ese distinto comportamiento y revisar de forma crítica aquellos modelos de crecimiento que se han demostrado insostenibles, para evitar la tentación de repetirlos en el futuro inmediato.

    Sin caer en un exceso de cifras que sólo pueden identificar algunas dimensiones de la violenta sacudida padecida por la sociedad española, algunos datos pueden ser útiles para mostrar la particular fragilidad de unos territorios frente a la mayor resistencia de otros. Si se considera que la crisis comenzó a despuntar a mediados de 2007, la observación de lo ocurrido entre diciembre de 2006 y 2013 permite ya observar contrastes sin duda llamativos.

    Así, por ejemplo, la brusca reducción del crédito hipotecario que alimentó la burbuja inmobiliaria paralizó la construcción residencial, con una reducción del 93% en el número de viviendas terminadas en ese período, que superó el 97% en las provincias mediterráneas de Castellón, Málaga, Murcia y Tarragona además de Las Palmas de Gran Canaria, donde los excesos cometidos habían sido mayores.

     

    VULNERABLES Y RESISTENTES

    Tras un período de especulación incontrolada que triplicó el precio de la vivienda libre en apenas una década, la crisis y, más aún, la salida al mercado del stock en manos de las entidades financieras y de la SAREB provocaron una depreciación estimada en un 23%. No obstante, en las provincias de Guadalajara, Toledo y Zaragoza su valor se redujo en más de una tercera parte frente a menos del 10% en Gipuzkoa, Ourense, Cáceres y Badajoz.

    Al aproximar la lente a las ciudades con más de 20.000 habitantes, esos contrastes se agudizan, pues en las ciudades de Segovia y Guadalajara, junto al municipio gerundense de Salt, la caída media de precios superó el 50%, mientras que no alcanzó la décima parte de ese valor en otra media docena de núcleos.

    En Segovia o en Salt, los precios de los pisos cayeron más del 50%

    La sacudida afectó más a los territorios de baja productividad

    Es bien conocido que la recesión económica tuvo un reflejo inmediato en el mercado laboral, con una pérdida de 3,5 millones en el número de afiliados a la Seguridad Social y un aumento del 132% en el paro registrado. Pero de nuevo los contrastes territoriales se hicieron evidentes al duplicarse con creces ese valor en los casos de Guadalajara y Castellón. La explosión del paro en esta última provincia, que superó un incremento del 300%, multiplicó por seis el padecido por las provincias de A Coruña y Ourense. A escala local, la lacra del desempleo se mostró aún más selectiva, pues aumentos próximos al 400% en las localidades murcianas de Torre-Pacheco, San Javier y San Pedro del Pinatar, en las castellonenses de Almassora, Vilareal y La Vall d’Uixó, y en Azuqueca de Henares, en la periferia metropolitana de Madrid, multiplicaron por diez los registrados en las ciudades gallegas de Ferrol y Santiago, o en las andaluzas de Priego y Alcalá la Real.

    Por último, otro indicador particularmente sensible son las ejecuciones hipotecarias presentadas en los juzgados de primera instancia, que pueden conducir al desahucio. En los siete años analizados se registró un total de 523.740, con un aumento del 400% respecto a las presentadas en los siete anteriores. Pero esa tasa de crecimiento superó el 700% en provincias del litoral mediterráneo como Almería, Málaga, Murcia y Girona, junto a Toledo y Guadalajara, mientras que todas las del litoral cantábrico y Zamora no alcanzaban la mitad de ese aumento. A escala urbana, las tasas de crecimiento superiores al 1000% en Fuengirola, Mijas o Estepona contrastan con valores inferiores al 50% en Mieres, Langreo, Leioa, Getxo, Eibar o Ceuta.

    Estas cifras demuestran que el lugar importa a la hora de considerar de qué modo la crisis y la austeridad han impactado en nuestros territorios, provocando la aparición de nuevas desigualdades que se suman a otras heredadas y están modificando la organización territorial que conocíamos.

    Pero el análisis de esos contrastes sólo cobra verdadero valor cuando es capaz de identificar regularidades que permiten comprender por qué algunos territorios han sido más vulnerables mientras que otros mostraron mayor capacidad de resistencia. Para lograrlo se calculó un sencillo índice sintético de vulnerabilidad* capaz de combinar un total de 15 indicadores para las provincias españolas y de ocho para las ciudades, con valores positivos para aquellas que padecieron impactos superiores al promedio español –tanto más altos cuanto mayor fue su gravedad– y negativos en caso contrario. Los mapas que reflejan esos resultados, junto a las tablas que identifican las provincias y ciudades situadas en los extremos, confirman tendencias bien definidas.

     

    MODELO PRODUCTIVO ERRÓNEO

    El rasgo más destacable es el vuelco que parece haberse producido en perjuicio de la mitad oriental de la Península y las islas, que en conjunto se mostraron bastante más vulnerables que los territorios de la mitad occidental. Por ello el mapa resulta en cierto modo el negativo del que caracterizó la crisis vivida hace más de tres décadas, que centró sus peores efectos en la España atlántica frente al mejor comportamiento de la mediterránea. En cambio, el impacto de la actual crisis ha sido máximo en aquellos territorios cuyo crecimiento reciente supuso una elevada exposición al riesgo, al especializarse en actividades de baja productividad y fuertemente cíclicas como la construcción, las industrias auxiliares o los servicios al consumo, con elevados niveles de empleo poco cualificado y precario, junto con un modelo de urbanización dispersa muy intensivo en el consumo de suelo y recursos naturales. En este grupo se encuentra la mayoría de provincias mediterráneas –con Castellón, Murcia y Valencia en cabeza– junto con las del archipiélago canario, valle del Ebro y entorno de la región metropolitana madrileña.

    Ocho de las diez ciudades menos vulnerables son vascas

    La anterior crisis vivida en España afectó más a la zona atlántica

    Buscar la recuperación reactivando el ladrillo  es alarmante

    Por su parte, las ciudades de la crisis repiten esa misma distribución, con las diez que han mostrado mayor vulnerabilidad localizadas también en el eje mediterráneo, lo cual cuestiona las estrategias de crecimiento y las políticas aplicadas en esas regiones, alertando sobre los riesgos que hoy supone considerar que la atracción de inversiones para promover un nuevo ciclo inmobiliario pueda ser la clave de su recuperación.

    Los territorios menos vulnerables, en cambio, se identifican con dos conjuntos de características muy diferentes. En primer lugar están aquellos que apostaron por una economía diversificada, mantuvieron una industria renovada y cierta capacidad exportadora, base para localizar servicios empresariales avanzados que favorecen la innovación y generan empleo de mayor calidad, con las provincias atlánticas como principales exponentes.

    El impacto de la crisis también fue relativamente moderado en algunas provincias interiores (Lugo, Ourense, Badajoz, Zamora…), poco implicadas en el crecimiento de la burbuja inmobiliaria y en su posterior pinchazo, con un empleo público que las protegió en los inicios de la crisis y ha dejado de hacerlo tras implantarse las medidas de austeridad. Esa tendencia se acentúa en el caso de las ciudades. Así, 8 de las 10 menos vulnerables fueron vascas y, tras ellas, se situaron otras de tradición industrial así como algunas capitales administrativas y centros de servicios de las regiones interiores. Se confirma, en suma, que la diversificación económica, el esfuerzo en innovación y formación de recursos humanos, la presencia de servicios públicos de calidad o la capacidad de determinadas políticas urbanas para mejorar la calidad de vida y hacer más atractivas las ciudades favorecen procesos de desarrollo más estables.

     

    MADRID Y BARCELONA

    Por su parte, las aglomeraciones metropolitanas de Madrid y Barcelona muestran una evolución definida por sus fuertes contrastes internos. Los núcleos que concentran a los grupos sociolaborales más frágiles (jóvenes sin formación, inmigrantes, trabajadores con empleo precario, familias de bajos ingresos…) han padecido con intensidad los efectos de la crisis. En cambio, aquellos otros donde residen los grupos sociales y profesionales con mayores recursos y cualificación, con mejores equipamientos y capacidad actual de atraer empresas, han registrado impactos mucho más moderados, circunstancia que acentúa los fenómenos de segregación del espacio.

    Los componentes territoriales de la crisis no son irrelevantes

    Las ideas para dinamizar una zona deben surgir también del territorio

    En resumen, pese a la escasa atención social y mediática prestada a los componentes territoriales de la crisis, que en apariencia se consideran poco relevantes frente a los económico-financieros, sociales o políticos, dibujar con más precisión las principales asimetrías que aquélla ha originado puede ser útil desde una doble perspectiva. Por un lado, para aprender de lo ocurrido, identificando cuáles son las regiones y ciudades perdedoras de esta crisis y, de ese modo, revisar de forma crítica estrategias de desarrollo que generaron una elevada vulnerabilidad. Por otro lado, puede resultar útil porque esas diferencias territoriales nos recuerdan la necesidad de que, junto a cambios en la política europea o del Gobierno central que cuestionen la racionalidad neoliberal imperante hasta el momento, también se necesitan estrategias destinadas a la revitalización económica y la regeneración del tejido social que surjan desde los propios territorios, protagonizadas por los propios ciudadanos y por sus gobiernos de proximidad, actores clave en la nueva etapa que ahora se inicia.

     

       

    PARA SABER MÁS

    Atlas de la crisis. Impactos socioeconómicos y territorios vulnerables en España.
    Ricardo Méndez, Luis D. Abad, Carlos Echaves Tirant Humanidades. Colección Crónica. 2015. 301 páginas

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