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La crisis climática levanta a la juventud en todo el mundo

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Mayo 2019 / 69

Los gobiernos capitalistas no solo no luchan contra el cambio climático, sino que lo han convertido en una fuente de negocio y especulación rentable gracias a los incentivos fiscales y ayudas a las empresas verdes.

El pasado 15 de marzo, la huelga estudiantil internacional contra el cambio climático fue un auténtico éxito. En más de 1.000 ciudades y 100 países, centenares de miles de jóvenes alzamos nuestra voz contra la catástrofe ecológica que vive nuestro planeta y contra sus responsables: los capitalistas, los gobiernos a su servicio y las grandes multinacionales.

En el Estado español, la huelga general estudiantil y las manifestaciones convocadas por el Sindicato de Estudiantes en más de 30 ciudades sacaron a más de un millón de estudiantes a la huelga y más de 100.000 jóvenes salieron a las calles al grito, entre otros, de “si el planeta fuera un banco ya lo habrían rescatado” y “sus beneficios matan el planeta”.  Y es que, los responsables de esta destrucción medioambiental tienen nombres y apellidos: se calcula que el 63% de las emisiones a la atmósfera de CO2 en todo el mundo son consecuencia directa de la actividad de 90 multinacionales, y que tan solo en Europa el 60% de la contaminación es producida por cinco de ellas.

Ante esta realidad, muchos expertos se preguntan cómo es posible que no “exista voluntad política” para abordar el problema. La respuesta es sencilla: los intereses de los capitalistas son totalmente antagónicos a los de la mayoría de la población. En una época de absoluta decadencia del sistema capitalista, donde la guerra comercial y la competencia por el mercado mundial marcan el tono de las relaciones y los intercambios económicos internacionales, la catástrofe ecológica se ha elevado a la enésima potencia y no tiene freno alguno.

Para más inri, los gobiernos capitalistas han convertido el fenómeno del cambio climático en una fuente más de negocio y de especulación muy rentable gracias a los incentivos fiscales, subvenciones y ayudas a empresas verdes, créditos de carbono, los “futuros climáticos” —valores especulativos con los que poder negociar en bolsa—, a la exportación de la contaminación a países en desarrollo, cuya normativa ambiental es inexistente, y que se convierten en paraísos fiscales medioambientales...

El cambio climático no es ajeno a la existencia de la lucha de clases. Un puñado de capitalistas son los que determinan qué se produce y cómo se produce, únicamente con el interés de seguir obteniendo mayores beneficios privados. El discurso sobre la posibilidad de construir un capitalismo verde es una auténtica utopía y desvía el centro del debate, focalizándolo tan solo en el consumo responsable y la concienciación individual.

 

POR UN ECOLOGISMO ANTICAPITALISTA Y REVOLUCIONARIO

Pero la verdad es concreta: es totalmente imposible solucionar la situación de riesgo que vive nuestro planeta sin derrocar las relaciones de producción capitalistas y sin planificar de forma democrática la economía. Aceptando las reglas del sistema es completamente imposible dar marcha atrás a esta tragedia ecológica.

La supervivencia del planeta no está separada del resto de reivindicaciones sociales y educativas por las que hemos luchado estos años.

Se calcula que el 63% de las emisiones son obra de 90 multinacionales

En Europa, el 60% del CO2 lo causan cinco grandes empresas 

El sistema capitalista lleva directo a la tragedia ecológica

Consideramos que presentar esta lucha como un conflicto generacional es un error y también lo es plantear que nuestra lucha va dirigida a que “los políticos” en general reflexionen y tomen medidas.

Tenemos que levantar un gran movimiento ecologista anticapitalista, que vaya a la raíz del problema, y que una a la juventud, a los trabajadores y trabajadoras, a todos los sectores oprimidos para lograr un cambio real en la sociedad: terminar con el control asfixiante que ejercen sobre la producción mundial un puñado de grandes multinacionales y establecer la planificación de la economía de manera racional y respetuosa con el medio ambiente, garantizando el pleno empleo, salarios y servicios públicos dignos. Solo acabando con la opresión capitalista y construyendo una sociedad auténticamente democrática y basada en la justicia social, una sociedad socialista, podremos preservar nuestro maravilloso planeta y librarnos de la catástrofe que nos amenaza.