Tenemos que hablar del mundo ‘cripto’

Comparte
Pertenece a la revista
Abril 2021 / 90

Ilustración Elisa Biete Josa

Revolución: Criptomonedas como el bitcóin contribuyen a dinamizar la actividad económica y en el futuro podrían traer más prosperidad, democracia e igualdad.

En 2009, una persona misteriosa bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto creó el bitcóin, la primera criptomoneda bajo el sistema de encriptación de blockchain. A las 10.14 horas del pasado 11 de marzo, un bitcóin valía 54.616  dólares, el mercado de bitcoines tenía una capitalización de más de 1.000 millones de dólares y el total del mercado cripto ascendía a 1,7 billones de dólares, una cifra superior al PIB de España en 2019. Donde unos ven las criptomonedas como meros instrumentos de especulación o una burbuja que explotará tarde o temprano, otros las consideran como las divisas del futuro, destinadas a cambiar la manera en la que adquirimos bienes o servicios. Lo que queda claro es que han adquirido el volumen necesario para que se tome en serio cualquiera de los desenlaces. 

Para comprender qué implicaciones tienen, primero es necesario tener nociones básicas de cómo funcionan. Cada criptomoneda es irreplicable, por lo que es, con los poderes computacionales de hoy en día, imposible crear bitcoines falsos.

Las criptomonedas, como si fueran oro, se minan. Pero en vez de utilizar picos y palas, se resuelven programas matemáticos. Una vez se resuelve un bloque de esos problemas matemáticos, se obtiene como recompensa un bloque, compuesto de monedas. A medida que se resuelven los bloques, los problemas computacionales se vuelven más complejos, con lo que minar se vuelve más caro y complejo. La resolución de estos problemas es lo que sirve como gasolina para realizar las transacciones. Esto explica que las criptomonedas experimentaran un crecimiento muy rápido tras su creación y que se vayan ralentizando a medida que la moneda llega a su madurez. 

De este modo, se crea una moneda que cumple absolutamente todas las funciones del dinero: es una unidad de contabilidad, una reserva de valor y se puede utilizar para intercambiar bienes y servicios, con un añadido clave: está completamente descentralizada. 

El dinero no es, propiamente hablando, un objeto comercial; es solo el instrumento que acuerdan los hombres para facilitar el intercambio de un producto por otro. No es ninguna de las ruedas del comercio: es el aceite que hace que el movimiento de las ruedas sea más suave y fácil. (David Hume, 1777)

El dinero es lo único que nos separa del trueque. Sin embargo, por un gran número de motivos, no es práctico acumular todo nuestro dinero en nuestra cartera o bajo nuestro colchón. Además, el oro y otros metales preciosos pesan demasiado para transportarlos fácilmente. Por ello se crearon los bancos, que almacenaban riqueza y emitían certificados intercambiables que el gobierno regularizó, uniformizó y convirtió en el dinero que todos conocemos. Con esto, los bancos comenzaron a emitir préstamos, poniendo las bases del sistema capitalista. 

Las criptomonedas permiten intercambios de persona a persona sin necesidad de un intermediario como puede ser un banco o un gobierno. Cada persona tiene acceso a su cartera y al oro que posee, y puede invertirlo con total libertad a nivel mundial. En el caso de que su implementación se normalice y se masifique, estamos hablando de una revolución. 

Pero no todo es tan sencillo.

¿Será bitcóin la moneda mundial?

Bitcóin ha sido la moneda pionera, y hoy en día es la que concentra la mayor capitalización. Posee una mayor infraestructura y un mayor número de personas la han adoptado. Además, se trata de la moneda más madura. Si bien su valor se ha multiplicado por cuatro desde que se iniciara 2021, el hecho de que tenga ya más de 10 años de vida hace que tenga un menor número de ballenas, es decir, individuos o grupos que acumulen un porcentaje de la capitalización suficiente para manipular la divisa. Actualmente, se trata del oro digital. 

Con el tiempo y a raíz del White Paper de bitcóin, se han creado distintas criptomonedas: las altcoins. Ethereum, la segunda moneda con mayor capitalización, es más versátil: no solo sirve como divisa, sino que se puede escribir código encima de cada bloque, lo que permite beneficiarse del blockchain para otras aplicaciones, como los smart contracts (contratos que se accionan de manera automática en caso de que se realicen eventos programados con fines de agilizar procesos burocráticos). Otras monedas se han utilizado como método de financiación de proyectos varios a través de ICO (Initial Coin Offering). 

Algunas monedas, como cardano, ofrecen menor trazabilidad, Otras, como ripple, son adaptadas para hacer transferencias entre bancos, y las hay que buscan beneficiarse del efecto meme para su viralización y adopción masiva, como dogecoin, recientemente promocionada por Elon Musk.  
Bitcóin tiene dos limitaciones principales. La primera es que cada transacción es muy cara y lenta. Al ser la primera criptomoneda, el traspaso de cartera a cartera tarda mucho, y cada transacción realizada tiene un coste muy elevado. En otras palabras, enviar bitcoines requiere un gasto energético en cada transacción, y esta fracción de cada transacción es considerablemente mayor que para otras criptomonedas. Esto provoca que siempre será relativamente incómodo comprar tu café con bitcoines. 

Si cada bitcóin vale  54.616  dólares, o 49.203 euros, eso significa que una barra de pan de un euro costaría 0,00002 bitcoines. La gente no está psicológicamente preparada para razonar con este tipo de números para realizar transacciones corrientes. Si se busca una moneda que se use de manera uniforme a nivel mundial, debe tener una oferta mucho mayor: existen  solo 1.698.233 bitcoins, por 91.424.056.663 dogecoins. Por esa razón, a pesar de que hoy bitcóin parezca el estándar, todo puede cambiar, lo que da fruto a las distintas especulaciones y a la volatilidad de los mercados. 

Alternativa a inversiones tradicionales

El auge de las criptomonedas no se puede explicar sin las políticas expansionistas de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo desde la crisis de 2008. Las inyecciones sucesivas de dinero en el sistema apenas han tenido un impacto en las tasas de inflación, y los tipos de interés negativos en algunos casos no han repercutido en la economía de a pie. No obstante, el valor del mercado financiero sí ha seguido creciendo por encima del PIB, lo que se ha visto acentuado por la pandemia. La UE planea invertir 1,8 billones de euros en su fondo de recuperación, y EE UU 1,9 billones de dólares en su paquete de estímulos más reciente. La pérdida de confianza en las divisas sobre las que se mantiene la economía mundial provoca apuestas por otras alternativas. 

Las criptomonedas no hacen gracia a los gobiernos: el sistema fiscal no está preparado para ellas

Si bien el precio de bienes y servicios se ha mantenido relativamente estable, los distintos actores financieros tienen más recursos para jugar con ellos, como en el caso de las criptomonedas. Para facilitar las transacciones, existen mercados de futuros, inversión en los márgenes y todo tipo de instrumentos financieros que las utilizan. 

Aparte de la pandemia, todo esto ha coincidido en el tiempo con una democratización del sistema financiero: las personas de a pie tienen acceso al mercado desde plataformas como Robinhood. Todo esto ha provocado un nuevo boom en el mercado de las criptomonedas a principio del 2021.

El mercado de las criptomonedas no hace nada de gracia a los gobiernos. El motivo es simple: el sistema fiscal no está preparado para ello. Actualmente, los gobiernos, que solo operan en su moneda nacional, tienen dos opciones: impuestos sobre las ganancias en el cambio de criptomonedas a euros/dólares o computar las criptomonedas en la declaración de la renta con su valor actual, lo que obliga a la gente a desinvertir para pagar impuestos. La primera opción no quita que haya mucha gente que acumule activos de gran valor en cripto. La segunda es muy difícil de computar, ya que, a pesar de que las carteras y los sitios de compraventa están sujetos a regulaciones, no se trata de dinero centralizado en un banco para su monitorización. 

La convivencia de un sistema monetario tradicional y cripto no se antoja demasiado claro. A los gobiernos les gusta controlar los flujos de capitales, y las criptomonedas dificultan este proceso. 

El problema de la volatilidad

La percepción actual de las criptomonedas como instrumento especulativo es cierta. Las historias de personas que compraron bitcóin en 2011 y se han vuelto multimillonarias llevan bastante tiempo haciéndose virales. La volatilidad de los precios presenta un obstáculo a su uso para el consumo de bienes y servicios. Si un coche varía su precio el 10% de una semana a otra,  la gente se enfrenta a un riesgo adicional y, por tanto, baja su intención de compra. No obstante, a medida que las monedas se adaptan de manera masiva, la capacidad de unos pocos de hacer subir o bajar los precios se mitiga, por lo que a largo plazo será una moneda cada vez más estable. 

Si un gobierno hace una transición a bitcóin, por ejemplo, su gestión fiscal y deuda también queda sujeta a la volatilidad de la criptomoneda, lo que puede originar cambios bruscos en las balanzas de pagos,  una situación equivalente a la de los países emergentes que adoptan divisas con poco tiempo de vida.  

El consumo de energía 

Minar cripto requiere un poder computacional elevado y mucha energía. En 2019 la mina de bitcóin conllevó 29.000 millones de Kwh, o lo que es lo mismo, 19 veces el consumo de energía de Portugal. Un análisis simplista diría que las consecuencias medioambientales serán catastróficas. Nada más lejos de la realidad, ya que aparte de los costes, hay que computar la tendencia y los beneficios. El 74% de esta energía viene de fuentes renovables, cuatro veces más que la media, debido a que gran parte de las minas están situadas en sitios fríos y con gran disponibilidad de energía hidráulica como Escandinavia, el Cáucaso o Canadá oriental. Esto, añadido a que las GPU son cada vez más eficientes, conlleva ahorros energéticos a futuro.

Los beneficios medioambientales de las criptomonedas superan el enorme coste energético que acarrea su uso

Por otro lado, es importante resaltar los ahorros derivados de una adopción masiva de las criptomonedas, desde los recursos destinados a la banca tradicional, que incluyen al gestor del banco yendo a trabajar en coche por las mañanas, así como la disminución en el uso de monedas y billetes, el impacto del blockchain en sectores como la logística (como el uso de smart contracts en las aduanas) u otras mejoras derivadas en menor gasto de gobierno. Por ejemplo, la posibilidad de utilizar la blockchain para una democracia más participativa. Los beneficios medioambientales son mayores que los costes. 

Conclusión

Las criptomonedas son instrumentos especulativos. Muchas tienen valor vacío y se hundirán. Mucha gente ganará dinero con ello, y mucha gente perderá. Ni siquiera se sabe si bitcóin será el estándar, ni los gobiernos tienen claro cómo recaudar impuestos. Las competencias de los bancos centrales y gobiernos quedan en entredicho, lo que implica mayor responsabilidad fiscal. Está claro que se trata de una industria en pañales, y la escala global que adquieren este tipo de experimentos hace que todo esté caricaturizado. Pero el valor económico añadido que tiene hacer transferencias a nivel mundial sin necesidad de bancos y sus consecuencias en el dinamismo económico mundial a través de una adopción en masa son mucho mayores. 

Si, como explicó David Hume en el siglo XVIII, el dinero es el aceite que hace mover la maquinaria de la economía, las criptomonedas no hacen más que dinamizar los intercambios, lo que en líneas generales debería traer más prosperidad, democracia, igualdad y riqueza. 

 

Altcoins: Ethereum es la segunda criptomoneda en capitalización tras bitcóin. Otros ejemplos son cardano, ripple y dogecoin, esta última procionada por Elon Musk.