El protagonista sí que soy yo

  • Marzo 2016

    Lo peor de ser pensionista, achaques aparte, es que los políticos —no todos, pero sí unos cuantos— intenten tomarte el pelo. Es la sensación que tuve cuando recibí una carta de la ministra de Empleo y Seguridad Social, doña Fátima Báñez, en la que notificaba la “subida moderada” de mi pensión (el famoso 0,25%). Antes de soltarme tal anuncio, en los párrafos previos he leído cosas como que “hemos logrado evitar el rescate de nuestra economía” –impresionante,  de ignorar el rescate de la banca–, que las cuentas públicas están “en orden” –llamativo, considerando la bola de nieve de la deuda pública– y que España “vuelve a crecer y a crear empleo” –justo en enero, cuando el paro ha vuelto a subir.

    La ministra también me dice que el protagonista de toda “esta mejora” soy yo mismo, junto a los millones de personas que nos hemos “enfrentado con determinación a las dificultades”.  Y en eso sí le doy la razón. Porque en su carta, Báñez recuerda que “el empleo es el principal sustento de un sistema de pensiones como el nuestro”. Y es verdad que, si sube el paro, hay menos trabajadores entre los que repartir ese coste, y que, de media, vivimos más años. Pero tantas alegrías sobre la recuperación del empleo y la economía me ponen de los nervios. 

    Nuestro sistema se basa en la solidaridad entre una generación y la siguiente. Mi pensión la pagan quienes trabajan hoy, igual que yo ayudé a costear la pensión de mis mayores cuando estaba activo.  El Gobierno nos vende que el año pasado fue todo un récord en creación de ocupación y récord de cotizantes. He leído en la prensa que estos últimos suman 525.100 más. Sin embargo, eso no ha impedido que el PP haya tenido que volver a echar mano del Fondo de Reserva para sacar más de 13.000 millones de euros.

    En la carta recibida en enero no hay ninguna referencia a los casi 70.000 millones de la hucha de las pensiones con la que se encontró este Gobierno; pan para los tiempos inciertos... del que se ha zampado la mitad. Es la única explicación por la que se ha podido afrontar el pago a los jubilados.  

    A. Pérez

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