Mis manos, mi capital

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  • “Qué bonito esto que haces… ¿Ah, pero cobras por hacerlo?“. Esta última expresión es alguna de las perlas con las que he tenido que lidiar en los últimos años en los que he intentado ganarme la vida como intérprete de lengua de signos. Me la dicen, sobre todo, desde que empezó la crisis (últimamente incluso me espetan: “¿Podrías venir a interpretar… pero sin cobrar?”).

    Ya se sabe, ofrecer esta interpretación en un acto determinado da buena imagen, y cualquier entidad que se precie quiere darla, pero a cambio de nada. La cara de tu interlocutor cambia por completo cuando dices que por supuesto que cobras, que para esto te has
    formado, has invertido tiempo, dinero, esfuerzos…

    Luego también están los que encuentran que las tarifas son excesivas (¿¡!?) por hacer algo
    que suponen que llevas a cabo por caridad, o por voluntarismo, o por una eufemística vocación. Claro, los que nos dedicamos a trabajar en el sector social somos tan...

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