Rajoy y Pirro

  • Julio 2016

    El PP ha ganado la segunda vuelta de las elecciones generales y, contra todo pronóstico demoscópico, no tan sólo no ha perdido diputados, sino que ha ganado 14 respecto a los resultados del  pasado 20 de diciembre, cuando obtuvo 123 escaños. Otra cosa es que los 137 diputados le permitan gobernar. Ello dependerá de los pactos que  Mariano Rajoy  sea capaz de lograr en un Congreso enfrentado, con alianzas  que se antojan imposibles.

    Lo extraño es que los incesantes casos de corrupción que le salpican  no sólo no hayan pasado factura al PP, sino que parece que le aúpen aún más: si no, véase el caso de la Comunidad Valenciana, donde la corrupción se ha extendido por todas las esferas desde las administraciones locales —todos los concejales del PP en el Ayuntamiento de Valencia están investigados por corrupción— y ha ganado dos diputados respecto a diciembre,  y ha sido la formación  más votada. Lo mismo se podría decir de Catalunya, donde el escándalo de las conversaciones conspirativas del ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, y el responsable de la Oficina Antifraude de la Generalitat tenían como objetivo, con fondos e instrumentos públicos, entorpecer, desacreditar  y hacer descarrilar con artimañas y falsas noticias el proceso independentista catalán. Esta acción  antidemocrática, que en  cualquier país civilizado hubiese supuesto la muerte política de los implicados y un severísimo castigo en las urnas, el PP la  ha saldado con un  diputado en Lleida, demarcación en la que no tenía representante .
    Habrá pesado en los electores el temor a que formaciones emergentes  como Podemos o Ciudadanos,sin experiencia de gobierno,  pudiesen llegar a gobernar solos o en coalición o el Brexit, pero el margen de victoria del PP es  inexplicable.

    Más allá de la ceguera de los votantes,  lo que a mí, jubilado con escasa pensión,  me preocupa es saber de dónde sacará Rajoy los 8.000 millones entre multa y recortes que le pondrá la UE en otoño  por haber superado el nivel de déficit: ¿De mi pensión? ¿De los servicios sanitarios ¿De las escuelas de mis nietos?, como tienen por costumbre.  Y de todo esto ni una sola palabra en la campaña electoral. Esta  oposición tampoco nos la merecemos.

    Josep  Ferrer de Rúfol

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