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Un arma de doble filo

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Febrero 2017 / 44

Leo con mucho interés, pero también con algo de inquietud, las páginas centrales que Alternativas Económicas dedica a la economía colaborativa en el número 42. Digo con interés porque es un trabajo muy completo y muy bien documentado sobre un fenómeno del que poca gente había oído hablar hace apenas unos meses. Parece claro que cada vez más ciudadanos vamos a participar en ella y que las nuevas tecnologías, si se usan bien, nos pueden ayudar a construir un mundo más justo. Hay ejemplos de economía colaborativa excelentes, sobre todo los que han abrazado el cooperativismo como forma de propiedad.

Pero también siento cierta inquietud porque la economía colaborativa es un arma de doble filo que puede perpetuar situaciones de precariedad en el mundo laboral y deteriorar la vida en nuestras ciudades. Pienso que el éxito de Airbnb está alentando un turismo masivo que beneficia sólo a unos pocos y perjudica a la mayoría de los ciudadanos. No hay más que ver cómo el centro de Barcelona está prácticamente ocupado por los turistas. Los negocios que atienden a la población local están desapareciendo a toda velocidad y son reemplazados por tiendas de souvenirs y restaurantes de mala calidad. 

Aunque la situación no es ni de lejos tan grave, Madrid, ciudad en la que resido, está empezando a verse afectada por el problema. Basta con darse una vuelta por la Plaza Mayor y alrededores para comprobarlo. 

Y qué decir de la subida de los precios. Para un propietario, alquilar una vivienda por días es mucho más rentable que hacerlo por períodos largos, lo que obliga a los residentes a buscar pisos de alquiler asequible en zonas alejadas del centro. 

Otro de los máximos exponentes de esta nueva economía, Uber, no se responsabiliza de sus conductores más allá de pagarles por cada servicio que realizan. Ni están en plantilla, ni la empresa les paga las cotizaciones sociales, ni les da seguro médico... No me extraña que el colectivo del taxi esté en pie de guerra por competencia desleal. El dinero, como casi siempre, acaba en manos de unos cuantos.

En resumen: la economía colaborativa tiene sus luces y sus sombras.

Genoveva Aristi (Madrid)