¿Prestigio sin fundamento?

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  • 26 Abril, 2013

    Todos los humanos, en un momento u otro de nuestras vidas, experimentamos en carne propia el Principio de Peter.

    Nos descubrimos incompetentes, ya sea en la profesión, en el trato humano, en las relaciones sentimentales, en la práctica deportiva o en la búsqueda de setas, y no queremos admitirlo, lo camuflamos. El ocultamiento puede carecer de importancia o atraparnos hasta hacernos perecer bajo toneladas de equívocos. 

    Los artistas suelen protagonizar vistosos ejemplos del famoso principio. Escriben una buena primera novela, ruedan un primer film innovador, aciertan a pintar de otro modo lo que ya hemos visto mil veces, y de pronto se les encumbra y califica de genios. A veces se lo creen y empiezan a comportarse como tales o como se supone que lo hacen los de verdad.

    Javier Bardem en To the Wonder.

    El desconocido Terrence Malick, en 1973, ganó en San Sebastián con su primera cinta, Badlands. En aquellos años el festival donostiarra atravesaba una profunda crisis....

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