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Un fresco de las resistencias

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Enero 2016 / 32

El cineasta Pere Portabella ofrece un fresco de la nueva política, vibrante y poético.

Fotograma de Informe general II.

El veterano cineasta Pere Portabella sigue al pie del cañón, fiel a su estilo de siempre, igual de lúcido y con el talento intacto y puesto al servicio del cine de autor y de sus ideas de izquierdas, sin concesiones a lo comercial. Lo demuestra su nueva película, Informe general II, un fresco sobre las  nuevas resistencias surgidas en España al calor del 15-M que conecta con el primer Informe general, el que el mismo Portabella rodó en 1976, tras la muerte del dictador.

Hace cuarenta años, el cineasta dirigió la mirada a todo el chup chup que hervía y que iba a constituir el caldo de la nueva sociedad que empezaba a alumbrarse tras el franquismo. En cierta forma, ahora hace lo mismo tras advertir que aquel ciclo está agotándose y que del ruido de las plazas no sólo surgen protestas, sino también los ingredientes sobre los que se ha empezado a construir una nueva sociedad. En términos que van más allá de la política en un sentido estricto: son otras formas de hacer, con otra tecnología, con otra dinámica y con un fuerte componente generacional que sin embargo tiene menos que ver con la edad que indica el DNI que con la mente libre de prejuicios.

En esta ocasión, como antaño,  esta nueva realidad en ebullición no asomaba claramente a la superficie porque todo el sistema en retirada se resistía a incluirlo en el encuadre. Pero la mirada de Portabella no suele limitarse al marco que otros definen y, por tanto, tiene la capacidad de otear en los márgenes e ir siempre unos pasos por delante al reconocer la parte del futuro que avanza por circuitos paralelos —no oficiales— antes de que sea evidente para todos.

Por el nuevo Informe general desfilan muchos actores de la nueva política, no necesariamente vinculados a partidos convencionales y articulados en torno a las mareas, que han reconectado a muchos ciudadanos con la política y la han liberado de su vertiente exclusivamente institucional en el reino de lo posible. Varios protagonistas han saltado ya a las instituciones —Ada Colau, Jaume Asens, Íñigo Errejón—, mientras que otros prosiguen su camino del activismo ciudadano en busca de mecanismos de participación que mejoren la calidad democrática de la sociedad —Itziar González, Marina Garcés—, pero ambos mundos no aparecen ya como líneas paralelas que nunca confluyen, sino precisamente con una constante interacción, que es, además, uno de los elementos definitorios de la “nueva política” que desfila ante la mirada complacida de Portabella. En ese mismo magma, el director incluye el “proceso catalán” —¡y hasta a Artur Mas!—, sin duda la opción más controvertida del documental y la más difícil de justificar.

La película busca abrir un auténtico debate global que implique  ángulos muy variados, desde el arte hasta la ciencia con el telón de fondo de lo que se nos ha vendido como inevitable sin serlo, como sugiere el subtítulo, El nuevo rapto de Europa. Puede parecer arduo, pero ambos —arte y ciencia— son precisamente buenos ejemplos —con la conversación entre Manuel Borja-Villel y Toni Negri en el Museo Reina Sofía y el animado diálogo entre investigadores del CSIC— de la buena mano de Portabella a la hora de facilitar que las ideas vayan fluyendo sin agotar, ni aburrir, ni abrumar. Y con un envoltorio siempre suave —no importa cuán enardecida sea la exposición— e incluso poético, con una muy bien pensada selección de espacios y metáforas.

Alternativas Económicas también está presente en el documental, con la participación del director, Andreu Missé —que debate con el abogado Jaume Asens y la activista de la Red X Simona Levy—, y la charla que Ariadna Trillas, socia y redactora de esta revista, mantiene con el economista y presidente de la Red Renta Básica, Daniel Raventós.