Una película que derrota las mejores series: ‘Boyhood’

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Noviembre 2014 / 19

Periodista

Boyhood juega con el tiempo, con el fluir de la vida, los relevos generacionales. En ella se asoma la verdad desagradable de envejecer y morir.

Fotograma de Boyhood.

Los hermanos Lumière, cuando filmaban a los “obreros saliendo de la fábrica” o “el tren llegando a la estación de La Ciotat” estaban convencidos de captar y mostrar la vida misma, y que eso era lo extraordinario. El poeta y también cineasta Jean Cocteau decía que el cine servía para “poder ver la muerte haciendo su trabajo”. El cineasta Richard Linklater, rodando Boyhood, devuelve a la captación de la realidad ese carácter extraordinario propio del cine que tan a menudo se olvida, y lo hace permitiéndonos “sentir” el paso de doce años en 164 minutos. 

Los actores –Ethan Hawke, Patricia Arquette, Ellar Coltrane y Lorelei Linklater– han aceptado dejarse filmar durante un mes cada año a lo largo de esos doce años. En ese mes han sido una familia cinematogràfica contemporánea, con el padre trabajando en Alaska y divorciándose cuando pensaba ser acogido con los brazos abiertos por una madre que se equivoca con sus sucesivos amantes y maridos. Vemos también los hijos viviendo la infancia, adolescencia y juventud.

La trama ficcional es mínima, la de una existencia en la que se suceden las experiencias –descubrir el sexo, el alcohol, las drogas, las distintas formas de amistad, el peligro, el miedo, la plenitud…– y en la que mientras vemos a los jóvenes que están convencidos de “llevarse la vida por delante”, los adultos aprenden que “ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra”, tal como escribió el poeta.

Boyhood parece tener muchos números para figurar en la quiniela definitiva de los oscar. Linklater, que había jugado ya antes con el tiempo utilizando en tres películas a la pareja Ethan Hawke-Julie Delpy, ha hecho en este caso algo que nadie había intentado antes. En fin, nadie no, pues un cineasta -Eugeni Anglada- hizo algo parecido con La rabia, una película protagonizada por un hijo al que la cámara también siguió en el tránsito de la infancia a la adolescencia.

El protagonista de la cinta de Linklater pregunta a su padre ¿por qué y para qué vivimos? Jaime Gil de Biedma propone una respuesta con la que coincide el personaje interpretado por Patricia Arquette cuando comprende a qué ha quedado reducido su horizonte. El film nos hace sentir que la vida es eso, esa continuidad, esos relevos generacionales, una aceptación de su falta de trascendencia.

Puede que Boyhood no sea comprendida en su justo mérito por la aparente sencillez que destila todo, por el esfuerzo que ha puesto Linklater en borrar los trazos de esfuerzo, por la forma tan moderna de ser clásico. No hay efectos especiales, no hay una gran intriga, no tiene una realización a lo Scorsese, incluso su utilización de la música de moda es discreta. Pero el reto implícito sigue siendo el mismo: demostrar que una buena película, de menos de tres horas, es capaz de exponer y hacer vivir con mayor intensidad y concisión aquello para lo que una serie reclama varias temporadas.