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África se pasa a la electricidad verde

Por A. Martin
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Noviembre 2018 / 63

Desarrollo: La caída del precio de las energías renovables las impulsa en el África subsahariana. Pero persisten muchos obstáculos para su implantación.

ILUSTRACIÓN: PERICO PASTO

En el África subshariana, 600 millones de personas, o dos terceras partes de la población, todavía viven privadas de electricidad. El nivel de electrificación progresa, pero a un ritmo insuficiente teniendo en cuenta el crecimiento demográfico de la región. En las ciudades, tres cuartas partes de los ciudadanos tienen ya acceso a la red, pero no es el caso en las zonas rurales. Las necesidades energéticas del continente las satisfacen hoy de forma casi exclusiva la biomasa tradicional (la madera) y las energías fósiles (carbón y petróleo), que suponen el 48%y el 36% del mix energético primario. La capacidad de los países subsaharianaos para responder a la demanda energética de sus ciudadanos, que se duplicará desde ahora hasta el año 2030 según la Agencia Internacional de la Energía Renovable (Irena), dependerá de cuánto recurran a las energías renovables.

Al pensar en energías limpias viene a la cabeza la energía solar, cuyo potencial es enorme en África. No obstante,la electricidad fotovoltaica representa una parte ínfima del  mix energético. La bajada del coste de los paneles solares en un 80% desde el año 2009 intensificará el recurso a esta fuente: lo ilustra, por ejemplo,  la puesta en funcionamiento de la central de Zagtouli, en Burkina Faso.

El subcontinente puede igualmente contar con la energía eólica, así como con la hidráulica, que actualmente supone un 1,3% del mix energético primario, cuyo potencial se mantiene prácticamente sin explotar.  La construcción de presas comporta inversiones colosales. Todavía son poco numerosas, y pueden hacer que la capacidad eléctrica de un país dé un salto adelante. En Guinea, por ejemplo, a la presa de Kaleta inaugurada en 2015 se le sumará la de Soupiti, ahora en construcción. “Antes de lanzar estos proyectos, conviene tener en cuenta sus impactos ecológicos y sociales: destrucción de ecosistemas, desplazamiento de poblaciones...”, reflexiona Nicolas Guichard, responsable adjunto de la división de energía de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD).

Otra clave para el desarrollo de las energías renovables es una mejor valoración de la biomasa.

Combinando todas estas fuentes de energía  limpia y teniendo en cuenta las importantes mejoras de la eficiencia energética que se podrían realizar, la parte de las renovables en el mix  energético del subcontinente podría alcanzar un 50% en 2030, según subraya Irena.


DIFICULTADES TÉCNICAS

Sin embargo, persisten obstáculos que dificultan un desarrollo masivo de estas fuentes de energía, empezando por los aspectos técnicos. Todavía se necesita formar a ingenieros, técnicos y artesanos. “La eficacia de las tecnologías ya está demostrada, pero en el caso de la energía solar, por ejemplo, el beneficio derivado de una infraestructura puede reducirse por la exposición deficiente de los paneles por un mantenimiento deficiente o debido a anomalías de montaje”, explica Cédric Philibert, analista encargado de energías renovables en la Agencia Internacional de la Energía (AIE). 

Además, la mayor parte de las redes eléctricas actuales deben modernizarse para poder absorber esta nueva capacidad. También se requiere desarrollar la capacidad de almacenamiento para gestionar el componente variable de la energía eólica y fotovoltaica. “Las energías renovables intermitentes pueden ser utilizadas ampliamente para aliviar las redes existentes”, subraya Yves Maigne, director de la fundación Energías para el Mundo. 

Igualmente hay que afrontar dificultades en materias de financiación. Si la electricidad de origen renovable se vuelve competitiva en comparación a la de origen fósil, la estructura de sus costes se caracteriza por unas elevadas necesidades de capital. Los gastos de funcionamiento de un parque eólico o solar son débiles, pero la inversión inicial requerida es importante. En África, este desembolso es particularmente elevado debido a la existencia de importantes riesgos jurídicos y políticos, y eso a pesar de que los inversores privados a menudo tienen ya tendencia a sobrevalorarlos.  “La financiación de infraestructuras energéticas ha sido durante mucho tiempo materia de ayuda internacional, pero esta parte tiende a disminuir”, indica Cédric Philibert. 

Para animar a los operadores privados, los Estados han puesto en marcha mecanismos de seguro públicos que permiten asegurar las inversiones  y enjugar eventuales pérdidas.

 

DÉBIL GOBERNANZA

Hay un problema de gobernanza y de planificación. Con el acuerdo de París sobre el clima de 2015, son numerosos los países del África subsahariana que se han dotado de planes de desarrollo energético con un horizonte de entre 20 y 50 años, pero raros son los que incluyen una visión operativa a corto plazo. Como resultado, la política energética se resume demasiado a menudo en intentar resolver los problemas urgentes y permanentes de los cortes de corriente. Ello se traduce en un desarrollo de fuentes de respaldo sucias, como los grupos electrógenos, que limitan la capacidad de las empresas nacionales de electricidad de invertir en paralelo en energías verdes.

Esta débil gobernanza complica igualmente el despliegue de la electrificación rural, en localidades que con frecuencia se encuentran demasiado alejadas parar poder estar conectadas. En estas zonas, se asiste desde hace algunos años a un auge del mercado de equipos solares individuales: compuestos por un pequeño panel y una batería, son relativamente accesibles para los hogares pobres y ofrecen un servicio mínimo: encender una única lámpara, que reemplace una lámpara de petróleo, recargar un teléfono o las baterías de una radio.

“En el África anglófona, más de un millón de kits solares con sistema de pago fraccionado por teléfono móvil han sido repartidos en pocos años por empresas privadas que han sacado provecho simultáneamente de la bajada de precio de esta energía y del desarrollo de servicios financieros accesibles por teléfono móvil”, explica Nicolas Guichard.

Teniendo en cuenta su potencia ridícula y su coste elevado por kilovatio/hora producido, estos equipos de respaldo no resuelven el problema de la electrificación rural. Para hacer funcionar aparatos domésticos como una nevera o un televisor o para equipar las pequeñas empresas, escuelas o dispensarios, es necesario desarrollar miniredes locales que acompasen medios solares o eólicos y capacidades de almacenamiento suficientes con el fin de asegurar una producción permanente. Estos sistemas autónomos son cada vez más competitivos con relación al coste de extender la red, su financiación no puede basarse solo en los usuarios, en un marco de países muy pobres. 

La financiación de las raras minirredes rurales se basa hoy ampliamente en la ayuda internacional. Pero es difícil imaginar que puedan desarrollarse en el futuro si los países subsaharianos no imponen un mínimo de transferencias de sus recursos domésticos entre ciudades y zonas rurales. Este tema sobrepasa la cuestión de la electrificación. Es una pieza en el gran rompecabezas de la lucha contra el hambre y la pobreza, de la que las zonas rurales son principales víctimas.