Banca de proximidad. Lo que los grandes bancos no quieren que conozcas

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  • Por (Valor Social)
    Diciembre 2020

    El sector bancario privado promueve la concentración de más poder económico en menos manos, pero existen alternativas que trabajan para diversificar y promover su impacto social y comunitario.

    Arraigo local, confianza derivada de la transparencia, responsabilidad social, ética. Es difícil asociar cualquiera de estos conceptos al sector financiero ahora mismo. Acercarse a un banco es una acción ya casi insertada en la cotidianidad de casi todas las personas, para algunas un trámite más difícil que para otras, pero que casi siempre causa recelo o implica una distancia, o hasta renunciar a ciertos valores o ideas. Es tener relaciones socioeconómicas con un gran gigante que maneja tu dinero y lo mueve, junto al de millones de personas, al antojo de quienes controlan sus hilos, que siempre son pocos.

    Es cierto que las últimas décadas, esa realidad se ha acentuado, fruto de las salidas neoliberales a las sucesivas crisis económicas: de traspasar dinero público a lo privado, de financiarización (dedicar el capital a inversión y no a crédito), y de grandes fusiones o absorciones. Medidas que han llevado a que se perfile un horizonte con pocos bancos, privados, que controlan la mayor parte del flujo económico.

    También es cierto, pero, que esta realidad en algunas ocasiones, halla excepciones, y además, posiciones que buscan confrontarla. Siguen habiendo cajas y bancas, entidades que a pesar de todo, promueven relaciones financieras “ de proximidad”, en que el lucro no es el objetivo, o si más no que éste no se ponga por delante de las personas.

     

    Las cajas de ahorros

    Hay unas entidades históricas, que beben de una tradición de siglos (con origen en los Montes de Piedad italianos) de acompañar en el crédito a aquellas estructuralmente excluidas de éste y que se fueron convirtiendo en toda europa en las cajas de ahorros que conocemos ahora. En el Estado español proliferaron a nivel local (como fueron las extintas Caja Castilla-la Mancha o Caixa Catalunya en sus orígenes), apoyando financieramente a pequeños proyectos empresariales, autónomas y personas que buscaban ahorrar, mientras en paralelo contribuían de manera directa al desarrollo económico y social del territorio a través de su Obra Social, pata imprescindible de este tipo de cajas.

    A raíz de la crisis de 2007-2008 fueron desapareciendo, fruto de absorciones, caídas o varios escándalos (como el de las preferentes), así como el decreto ley que en 2013 modificaba algunas de sus premisas para existir. Y es que tanto desde el sector privado, como desde la administración, se ha presionado a las cajas de ahorros, llevándolas a una progresiva bancarización, convirtiéndose en competencia de los bancos. Eso implicó la clientelización de sus usuarias y el distanciamiento de su función más social y comunitaria.

    Ahora mismo, en el Estado, sólo quedan dos: Caixa Ontinyent, en Valencia y Caixa Pollença, en Mallorca. Se podría decir que “han sobrevivido” a la arremetida, mientras todo el resto se extinguieron. Ambas, conservan también, rasgos definitorios desde su origen y se acercan mucho a los valores de la Banca Ética.

    En disonancia con la situación en el Estado español, en la mayoría de países de la Unión Europea (Alemania, Francia, Holanda, Austria, Italia, …) sigue subsistiendo este modelo de banca sin demasiado cuestionamiento por parte de las estructuras políticas y administrativas.

     

    Cooperativas de crédito y cajas rurales

    Así como las cajas de ahorros tienen origen en el “apoyo a la comunidad” y se desarrollan a nivel territorial, existen otros espacios como las cooperativas de ahorro y/o crédito, que surgen de la autoorganización de dicha comunidad (un ejemplo claro fueron las cooperativas obreras surgidas en el entorno de las fábricas en los siglos XIX y inicios del XX) y que por ese motivo tienen en los inicios un perfil entorno el sector productivo de sus miembros (como sería, Caja de Ingenieros o Laboral Kutxa), o en algunas otras ocasiones, territorial.

    Este perfil de entidad financiera, se caracteriza por ser de propiedad colectiva (cada socia o socio cooperativista, usuaria o trabajadora, aporta el capital y tiene voz y voto en las decisiones tomadas en asamblea general), busca suplir las necesidades de ahorro y crédito de sus socias. Así como también en la mayoría de casos persigue un impacto social.

    Encontramos también las cajas rurales, que adoptan también la forma cooperativa en las zonas rurales. Su presencia y actividad es la que tiene más peso dentro del sector de crédito cooperativo español, por el volumen de activos, pero sobre todo por su capilaridad y presencia en el ámbito rural, que permiten el acceso a financiación y adaptación a necesidades específicas.

     

    La banca ética y las finanzas éticas

    Cuando se plantean alternativas a la banca tradicional, la opción más radicalmente distinta -y que además persigue cambiar el modelo actual-, tanto en forma organizativa como en objetivos o impacto, son las finanzas éticas. Con forma jurídica cooperativa, llevan a la práctica cada uno de los principios que dicta esta tipología de empresa, pero además se adhieren y promueven los valores de la Economía Social y Solidaria.

    De hecho, las entidades de finanzas éticas, ya sean bancos, como Fiare Banca Ética o Triodos Bank, o entidades que se dedican al ahorro o las finanzas sin prestar servicios bancarios al uso, como Coop57, Oikocredit o la cooperativa de seguros Arç, tienen como punto de mira la “contribución al desarrollo -y transformación- de la sociedad y la preservación del medio ambiente”. Muchas, además, trabajan con una mirada opuesta a las lógicas capitalistas que rigen la economía global actual.

    De esta premisa, se deriva, por ejemplo, su apuesta por la garantía del acceso universal al crédito, los productos financieros sostenibles y el compromiso con un uso responsable del dinero y la inversión: no será banca ética una entidad que invierta -directa o indirectamente a través de fondos de inversión- en armas, explotación laboral o infantil, combustibles fósiles, etc.

    En España cada vez empiezan a tener más peso este tipo de entidades que ponen en el centro la vida y el acompañar proyectos dentro de la economía social y/o solidaria. Y aunque todavía ninguna de ellas tiene la presencia necesaria o deseada para conseguir invertir la balanza y contrarrestar el poder de los grandes bancos privados, sí se muestran sólidas ante las crisis que ponen al descubierto a las más vulnerables. Lo muestran los informes anuales sobre finanzas éticas en Europa que publican desde la Fundación Finanzas Éticas, y balances como el Barómetro de las Finanzas Éticas, realizado por FETS y el Observatorio de las Finanzas Éticas.

     

    Otra banca, posible

    Son pequeñas, con menos presencia, y dada la capacidad de presión del sector privado, estas entidades no son tan conocidas. Aún así, existen y son opciones viables para cualquier trámite financiero, que muestran que que los gigantes financieros no son imprescindibles y la diversificación del sector no tiene por que fallar o ser menos sostenible. Sinó más bien al revés, sus posibilidades de palpar las necesidades y adaptarse o abonar la transformación de la realidad del entorno son mayores. Y no sólo eso, sino que precisamente ésta es su apuesta.

     

    Este artículo forma parte del Dossier "Banca en erupción", elaborado conjuntamente por Alternativas Económicas y Valor social, publicación de la Fundación Finanzas Éticas. Puede accederse a los artículos del mismo publicados en la revista de diciembre de Alternativas Económicas aquí
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