(Des)enseñar la economía

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    Profesor de Economía

    Para reducir el paro deben bajar los salarios... o subir. Supuestos de partida distintos conducen a políticas opuestas

    CONTRADICCIÓN Los alumnos pueden aprender una cosa o la contraria según se la expliquen. FOTOGRAFÍA: A. BOSCH

    La enseñanza de la economía es un reto muy importante para el profesorado porque se trata de una ciencia que no es neutral. La posibilidad de manipulación es muy grande, y el objetivo de la docencia en las aulas ha de ser el de ayudar al alumnado a pensar por sí mismo, indicando toda la gama de opciones existentes. En cambio, son demasiadas las ocasiones en las que se abandona totalmente la honestidad intelectual y se trata de imponer el pensamiento único. Trataré de ejemplificar esto a partir de mis recuerdos como alumno y de mi experiencia como profesor.

    Comenzaré con las relaciones laborales, aquello que suele llamarse “el mercado de trabajo”. La economía convencional supone que la oferta de puestos de trabajo que realizan las empresas crece si desciende el salario, pues les resulta más barato contratar. Pero la demanda de empleo de los trabajadores crece si lo hacen los sueldos, ya que la gente tiene un incentivo para trabajar más si la remuneración es mayor. Bajo estas condiciones, si existe desempleo debe corregirse por la vía de la disminución de los salarios. Explicado de este modo, se ofrece al alumnado una solución única, pero resulta que este modelo tan sencillo esconde supuestos de partida cuestionables.

    De hecho, podríamos llegar perfectamente a la conclusión contraria. Así, diríamos que la demanda de las empresas crece con el sueldo, porque este no solo es un coste para las empresas, sino un elemento que permite consumir y generar una mayor producción de bienes y servicios, y la demanda aumentaría si bajara el sueldo (habría que trabajar más horas para ganar lo mismo). Así, para acabar con el paro deben aumentar los salarios. Es decir, supuestos de partida diferentes conducen a políticas totalmente opuestas.

    Siguiendo con las relaciones laborales, resulta interesante analizar cómo se utiliza el lenguaje. Se habla de flexibilidad para referirse realmente al poder de las empresas para organizar y controlar a su antojo a la fuerza de trabajo, y se opone el término de rigidez para establecer los derechos laborales. Una manipulación muy sutil para introducir juicios de valor a la hora de acometer el debate.


    IMPUESTOS Y RIQUEZA

    En el terreno de los impuestos, otro ejemplo de lo que estamos comentando es la famosa curva de Laffer, que sostiene que una reducción de los tipos impositivos a las empresas origina un mayor beneficio de las mismas, que será invertido en generar puestos de trabajo y riqueza, de modo que crecerá la recaudación fiscal. Una especie de cuento de la lechera que sustentó la política económica de Ronald Reagan y que, evidentemente, no generó el efecto final deseado. Simplemente se incrementaron las rentas del capital, que fueron desviadas hacia actividades especulativas que establecieron las bases de las crisis financieras que luego hemos vivido (y estamos viviendo).

    Siguiendo con los impuestos, la manipulación se hace evidente, no solo en las aulas, sino en la mayor parte de los medios de comunicación. La pregunta de si deben subir o no los impuestos es de una enorme simpleza, ya que lo realmente interesante es saber qué impuestos deben subir (o bajar), para quién han de subir (o bajar) y qué se hace con la mayor (o menor) recaudación. Si atendemos a las encuestas del CIS, ante la pregunta de si deben bajar los impuestos, la mayoría contesta que sí. Pero si se plantea una subida de impuestos a los más ricos para financiar el gasto social, la respuesta mayoritaria también es sí. Y es que el concepto de progresividad fiscal es básico para entender el asunto, así como el hecho de que los ingresos se utilizan para financiar el gasto.

    Llegamos aquí al núcleo fundamental de la cuestión. La economía convencional no trata de entender la realidad, sino de justificar determinadas políticas que se realizan sirviendo a unos intereses de clase concretos. Un ejemplo dramático son las recetas del FMI, que proponen a los países empobrecidos medidas basadas en la liberalización, desregulación y flexibilización, cuando la historia reciente demuestra que estas políticas hunden más a estos países. No puedo detenerme en el análisis de toda la parafernalia matemática tras estas propuestas, pero es fácil comprobar cuáles son sus efectos.

    Alumnado y profesorado críticos han dado en el clavo. Cuestionar el modo dominante en que se imparte economía es esencial. Superarlo es una de las bases para que esta disciplina esté al servicio de toda la población.

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