03. Economía del Bien Común // Lo primero: el bien común

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  • Marzo 2018

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    Un movimiento surgido de la conexión entre la universidad y empresarios con conciencia promueve un cambio de modelo que dé prioridad al impacto social por encima del beneficio.

    ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

    La Economía del Bien Común (EBC) es un movimiento surgido en torno al sociólogo austríaco Christian Felber y a su libro homónimo, publicado en 2012, cuando la profundidad de la crisis económica global dio impulso a nuevas visiones que buscan no solo superarla, sino hacerlo con un nuevo paradigma que evite más cataclismos y que ponga en primer término a las personas, acabando, además, con la vieja dicotomía entre capitalismo y economía planificada.

    A pesar del liderazgo de Felber, se trata de un movimiento sin estructuras jerárquicas, que funciona a partir de núcleos locales (los llaman “campos de energía”-)que a su vez impulsan federaciones regionales y nacionales. Al menos una vez al año celebran un encuentro internacional para poner en común los avances, debatir y actualizar los estándares e impulsar nuevas acciones para extenderse y ganar influencia.

    Los núcleos más fuertes están en los países centroeuropeos (Alemania, Austria, Suiza), donde nació la EBC, seguido de los países mediterráneos (Italia, Portugal, España) y con la formación reciente de “campos de energía” también en el mundo anglosajón y América Latina. España cuenta con más de 20 “campos de energía”, cinco asociaciones territoriales y una asociación federal, que en 2018 celebrará su asamblea anual del 6 al 8 de abril en Alpedrete (Madrid). El polo más fuerte es seguramente la Comunidad Valenciana, donde dos de los introductores en España de la EBC, Rafael Climent y Francesc Álvarez, pasaron a dirigir el Departamento de Economía Sostenible de la Generalitat tras el triunfo electoral de la izquierda, como consejero y director general, respectivamente. 

    Al no existir una organización centralizada, se hace muy difícil calcular el volumen de gente implicada globalmente en la EBC, pero sí que se lleva bastante al día un registro de empresas y organizaciones involucradas: alrededor de 2.000 están asociadas y unas 400 han hecho ya el balance del bien común, que es el elemento más práctico y distintivo del movimiento: una especie de auditoría que busca cuantificar el impacto de la entidad en la sociedad y los ciudadanos, más allá de la cuenta de resultados. Entre las entidades que han hecho balance del bien común destacan en España la Universidad de Barcelona, el Instituto Guttmann y una quincena  de pequeñas y medianas empresas.


    IMPULSO DE EMPRESARIOS

    El mundo empresarial está involucrado con la EBC desde el principio, cuando un grupo de “empresarios con conciencia” ayudaron a Felber (más vinculado al mundo académico y teórico) a construir la herramienta del balance. La aproximación es siempre, por tanto, business friendly, pero dándole la vuelta: cómo poner el mercado al servicio de las personas y no solo del beneficio privado desde la lógica económica realmente existente, sin necesidad ni de una revolución ni de un fuerte intervencionismo de los poderes públicos. Se buscan, pues, incentivos siempre en positivo para que las empresas se vayan sumando libremente al movimiento y hagan el balance del bien común.

    Esta aproximación tan business friendly y de incentivos pone en guardia a algunos investigadores, como Ruben Suriñach, autor de Economías transformadoras de Barcelona, quien advierte de los “importantes riesgos de asimilación por el marco dominante” de la EBC, que podrían acabar derivando en una versión sofisticada de la clásica responsabilidad social corporativa (RSC) o incluso directamente del lavado de cara. Tanto Montse Junyent, presidenta de la asociación catalana de la EBC, como Joan Ramon Sanchis Palacio, director de la primera cátedra de la EBC en España, en la Universidad de Valencia (UV), consideran, en cambio, que la EBC y la RSC tienen naturalezas muy distintas y que, por tanto, no existen riesgos de una deriva en esta dirección.

    El balance va más allá de la responsabilidad social corporativa

    El color verde oscuro distingue a las empresas ejemplares

    “La aproximación de la EBC es holística: se analizan muchos factores que desde la empresa no se pueden controlar, el método es participativo (no lo puede hacer un director dando instrucciones a subordinados) y siempre tiene una auditoría externa”, recalca Junyent, consultora y formada en dirección y administración de empresas.

    El Comité Económico y Social Europeo (CESE), organismo de la Unión Europea, sostiene que “el modelo [de la EBC] converge con las propuestas de la tradicional RSC en cuanto a valores, pero va un paso más allá en cuanto a objetivos y metodología”. Con la RSC, añade el CESE, se busca “devolver a la sociedad parte del beneficio que se obtiene de ella”, antes de dedicarse de nuevo a “maximizar el beneficio”. En cambio, en la EBC las dos esferas deberían ir en sintonía y siempre teniendo presente que el objetivo central no es el beneficio, sino las personas.


    MERCADO ÉTICO EUROPEO

    Este dictamen del CESE es importante porque propone insertar la EBC dentro del marco jurídico de la UE y convertirla en la pieza central de un proyecto de “mercado ético europeo”, que abriría enormes posibilidades a las empresas que se sumen: sello reconocido, posibles incentivos fiscales e incluso cláusulas sociales en la contratación pública, que podrían otorgar puntos adicionales a las empresas que exhiban buena calificación en el balance de la EBC.

    La EBC no distingue entre fórmula jurídicas, pero las cooperativas tienen una ventaja de partida porque los valores cooperativos ya están en sintonía con los principios del movimiento. Tanto desde un punto de vista filosófico (las personas en el centro y la lógica superadora del conflicto entre capitalismo y estatismo) como práctico: el balance de la EBC se centra sobre todo en aspectos que son todos ellos también prioritarios (e incluso inherentes) al cooperativismo y a la economía social, como subraya el mismo dictamen del CESE: dignidad humana, solidaridad/cooperación, sostenibilidad ecológica, justicia social y democracia.

    Estos cinco ejes se analizan a fondo en relación con proveedores, fuentes de financiación, trabajadores, propietarios, clientes y ámbito social. De ahí se extrae una puntuación numérica en cada área analizada y también una nota global. La puntuación máxima son 1.000 puntos y se establecen cinco colores para definir la situación de la entidad con relación a la EBC: hasta 200 puntos, rojo (la peor calificación); 201-400, naranja; 401-600, amarillo; 601-800, verde claro,y más de 800, verde oscuro (ejemplar). Toda empresa puede hacer el blance, sí, pero no necesariamente lo aprobará, claro.

    “Lo más importante no es el número concreto que se obtiene, sino la radiografía que se extrae de todo el proceso y el objetivo de proponerse mejorar en un próximo balance”, explica Sanchis Palacio, que acaba de estrenar la cátedra de la EBC tras muchos años investigando sobre cooperativismo en el Instituto Universitario de Economía Social y Cooperativa de la Universidad de Valencia (IUDESCOOP). 

    La matriz y la metodología para llevar a cabo el balance de la EBC están disponibles en las webs del movimiento, pero se recomienda contar con los consultores oficiales, que tutelan los procesos a precios que varían en función de las características y el peso de las entidades solicitantes. En todo caso, para que sea reconocido requerirá el aval posterior de un auditor del movimiento. 

     

    PARA SABER MÁS

    La economía del bien común
    Christian Felber. Deusto, 2012

    La econonomía del bien común: un modelo económico sostenible orientado a la cohesión social 
    Dictamen del Comité Económico y Social Europeo, septiembre de 2015 (ECO/378)

    Asociación Federal Española para el Fomento de la Economía del Bien Común: economiadelbiencomun.org

    Cátedra Economía del Bien Común UV: 
    catedraebc.blogs.uv.es

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