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Promover el cambio social viviendo allí

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Junio 2015 / 26

Campos de solidaridad.  Una experiencia que no termina cuando finaliza el viaje

Amenudo se cuestiona el trasfondo de las iniciativas de voluntariado en los países del Sur, poniendo en duda su potencial como motor de cambio social. En SETEM tenemos una particular visión del asunto y apostamos por este tipo de proyecto porque creemos firmemente en su poder transformador, que no radica en la acción que los voluntarios realizan en los países de destino, sino en todo aquello que aprenden durante la experiencia y en las acciones futuras que se desprenden de este aprendizaje.

Los Campos de Solidaridad de SETEM tienen como objetivo dar a conocer las crecientes desigualdades Norte-Sur, generar una mirada crítica y reflexiva sobre el actual orden mundial e impulsar el activismo en España a favor de modelos más justos y respetuosos con los derechos y la identidad de los pueblos del Sur.

 

EL VALOR DE LA EXPERIENCIA

Para comprender las necesidades e inquietudes que afrontan día a día hombres y mujeres en los países empobrecidos, creemos que es importante vivir y compartir su realidad. Al participar en un Campo de Solidaridad, entramos en relación directa con estas personas y con las organizaciones en las que trabajan, lo cual nos aporta una forma diferente de ver el mundo y puede hacer que nos planteemos de manera distinta nuestro presente y futuro. 

Los Campos de Solidaridad muestran los fuertes impactos de un sistema económico feroz, cruel e injusto sobre la vida de muchas personas. Por este motivo, nuestro enfoque dista mucho de cualquier actitud paternalista o eurocéntrica que podría proporcionar un viaje humanitario que sitúa al voluntario en una posición de superioridad respecto a la población local. Asimismo, nos alejamos de la idea de campo de trabajo y de viaje exótico ya que nuestro trabajo va más allá de nuestra fuerza física para levantar paredes y de una simple visita de turismo alternativo. Pretendemos romper con estos paradigmas y establecer relaciones de igual a igual, entendiendo y compartiendo las formas de hacer y de vivir de las personas que nos acogen. 

Para garantizar una experiencia consciente y responsable dividimos el programa de Campos en tres fases por las que todos los voluntarios deben pasar. La primera, se centra en la cohesión del grupo y en la formación sobre las desigualdades Norte-Sur, la ética de la solidaridad y el conocimiento del contexto político, social y cultural del país de destino.

La segunda fase es el viaje y la estancia en un país del Sur. Los participantes son acogidos allí por cooperativas, asociaciones u ONG del país que trabajan cuestiones muy diversas: la promoción de los derechos humanos, la reivindicación política de tierras indígenas, el comercio justo, el desarrollo rural o la educación. 

Durante toda la experiencia (de tres semanas a un mes), los participantes conviven con estas organizaciones locales y con las familias que forman parte de ellas, conocen de primera mano su lucha y realizan sus actividades y tareas cotidianas. Así nacen los lazos de solidaridad y se enciende el motor de la reflexión individual y colectiva que nos permite poder crecer como personas.

La experiencia nos aporta una forma diferente de ver el mundo

Su potencial no radica en la acción voluntaria, sino en el aprendizaje

Finalmente, llega la tercera fase (a la vuelta), la clave del potencial transformador del proyecto. Al volver, los participantes se comprometen a divulgar lo aprendido y, así, contribuir a sensibilizar a la opinión pública sobre las desigualdades que han visto en los países del Sur. Para SETEM, los Campos de Solidaridad no tendrían sentido sin esta última fase, ya que es el motor de movilización de las personas que han vivido la experiencia. 

Más de 7.000 personas han pasado por nuestros Campos de Solidaridad en los últimos 20 años y son testigos del cambio. Pero nunca es suficiente: queremos seguir sumando ediciones, vivencias, reflexiones y semillas que nos acerquen un poco más a la justicia social y global.