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Revisión de toda la cadena de la producción al uso

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Marzo 2020 / 78

Para reducir el impacto del sector digital en el medio ambiente hay que cambiar de mentalidad y abrir canales de reutilización de productos y materiales.

Perico Pastor

¿Cómo contaminar menos con nuestros ordenadores y teléfonos? No piense que vaciando su correo electrónico ya ha cumplido. “Centrarse en un único uso no es la buena solución”, explica Vincent Bidollet, animador en el 8 FabLab, en la ciudad francesa de Crest. Y lo mismo opina Frédéric Bordage, animador de la comunidad Green IT: “La sobriedad digital es más una mentalidad que una solución técnica”. Por ejemplo, a la vuelta de un fin de semana en un AVE, en lugar de enviar inmediatamente a la nube las 100 fotos que hemos tomado con nuestro móvil, es mejor utilizar el tiempo del viaje para hacer una selección y elegir las 10 que, cuando lleguemos a casa, subiremos a la red a través de nuestro ordenador.

Aparte de los gestos individuales, es necesario mentalizar a los usuarios sobre el impacto medioambiental de lo digital integrando en los programas escolares cursos sobre el ciclo vital de los productos y la ecoconcepción de los aparatos y softwares, además de módulos para aprender a repararlos uno mismo, por ejemplo en los cursos de tecnología de secundaria. Pero, sobre todo, es necesario delimitar prácticas y canales,  a nivel legal y económico. La prioridad está clara: son los aparatos, los terminales (ordenadores, smartphones…) los que tienen mayor impacto medioambiental. 

La duración de un móvil

Antes de culpabilizarse por el streaming, mire la fecha de su última adquisición. Bien cuidado, un ordenador puede durar al menos 10 años y un smartphone, al menos cinco años. 

A nivel de empresas, prolongar la duración de los ordenadores portátiles de dos a cinco años permitiría reducir en un 37% las emisiones de gas de efecto invernadero del parque de terminales, según el think tank The Shift Project. 

Aumentar el porcentaje de teléfonos móviles duales —que están dotados con dos tarjetas SIM—, tendría el mismo efecto que suprimir el uso de un aparato. El Institut du Numérique Responsable, una asociación francesa fundada por actores privados el pasado mes de junio, pretende favorecer este cambio en las organizaciones.  A la hora de comprar, hay varias guías [por ejemplo, la Guía Electrónica Verde, de Greenpeace, que clasifica las empresas del sector teniendo en cuenta criterios energéticos —reducción de los gases de efecto invernadero a través de la eficiencia y las energías renovables—, consumo de recursos —a partir del diseño sostenible y uso de materiales reciclados —y productos químicos —eliminación de productos químicos peligrosos tanto del producto como de la fabricación—.]

La accesibilidad de los componentes y la duración de la memoria  son aspectos que pueden tenerse en cuenta.  

[España trabaja en la elaboración de una Estrategia Nacional de Economía Circular de la que existe un borrador considerado poco concreto por la Fundación de Economía Circular. A finales de noviembre pasado, Castilla-La Mancha fue la primera comunidad autónoma española que aprobó una ley sobre la cuestión. Entre otras finalidades y medidas, la norma incluye  el cálculo de los servicios ecosistémicos que se ven envueltos en cada proceso productivo, el aumento de la durabilidad de los productos (vía reciclaje y el reaprovechamiento de materiales), una nueva organización industrial para mejorar la gestión de estocs o el incentivo del cálculo de la huella de carbono y la huella hídrica. Además, introduce la obligación de establecer un tributo que grave el depósito de residuos en vertedero.] En Francia, el proyecto de ley de economía circular aprobado a principios de este año prevé el establecimiento de un índice oficial de reparabilidad, que estaría en marcha el 1 de enero de 2021. “Se podría pensar en una penalización a los fabricantes que tengan un índice negativo”, sugiere Romaric David, miembro de EcoInfo, una estructura del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica, en sus siglas en francés) dedicada a la informática ecorresponsable.

Dicho índice pasaría en 2024 a ser un índice de durabilidad. “Este segundo índice es más ambicioso porque tiene también en cuenta la solidez y la fiabilidad del producto antes de que se rompa, precisa Laetitia Vasseur, delegada general de la asociación Halte a l’Obsolescence Programmée, “algunos fabricantes tienen productos muy sólidos o estancos, pero poco reparables. Y la reparación corre a cargo del consumidor”. 

La asociación propone la instalación en los productos electrónicos (y electrodomésticos) de contadores de uso semejantes a los de los coches: número de horas de visionado en una televisión, por ejemplo. Pero por el momento no se contempla.

Otro tema: la duración de la garantía legal en función de las características anunciadas del modelo, garantía que hace recaer sobre el vendedor y, en última instancia, sobre el fabricante, una parte de responsabilidad de la duración del producto. 

Aligerar los 'softwares'

Además de la obsolescencia programada*, que es un delito, un importante obstáculo es el de los softwares inflados: algunas actualizaciones del software no son necesarias, lo recargan y hacen que, si el ordenador es un poco viejo, vaya muy lento y lleve a los consumidores a cambiarlo. Se trata de un factor importante de la ecoconcepción. La ley francesa de economía circular preveía una garantía del software de 10 años, es decir la obligación del fabricante de garantizar el mantenimiento del software vendido durante ese periodo, especialmente en lo referente a los fallos de seguridad. Pero la Asamblea Nacional lo ha cambiado.  

Finalmente, para que los aparatos duren, es necesaria una buena higiene: del mismo modo que no dejamos la luz encendida mientras dormimos, ¿por qué no apagar también el rúter? Consume lo mismo que un frigorífico, según la Agencia del Medio Ambiente y del Control de la Energía. Y lo mismo deberíamos hacer cuando paremos para comer: para mayor facilidad, se puede utilizar una regleta multienchufe con interruptor —y conectar el rúter a la regleta si este no tiene interruptor—.

Igual que no dejamos la luz encendida cuando dormimos, ¿por qué no apagar el router?

En lugar de olvidar el viejo móvil en un cajón, debe darse a organizaciones de recogida

Como complemento hay que adquirir el hábito de reparar. “Sería necesario que el Estado diera un marchamo que garantizara la fiabilidad y oficializara las tiendas de reparación”, estima Romaric David, responsable del centro de datos de la Universidad de Estrasburgo. La manipulación no es especialmente difícil para el reparador. 

Los fabricantes que pretenden que el producto no es reparable o ponen una firma electrónica que impide el acceso a sus funcionalidades lo hacen “para imponer un circuito de reparación caro y, por tanto, disuasivo”, añade el informático. Algunas marcas, como Apple llegan incluso al extremo de que cuando una persona no autorizada por el fabricante cambia la batería de un iPhone, el indicador de nivel carga deja de funcionar. “Ese tipo de actuaciones no está sancionado por los poderes públicos”, se lamenta Romaric David.

Una vez que creemos haber agotado todas las posibilidades de nuestro aparato, en lugar de olvidarlo en un cajón hay que darlo a organizaciones de recogida. Hay muchas posibilidades de que sea reutilizado después de reacondicionarlo, es decir, una vez que se borren los datos personales y se limpie informáticamente. 

[Mientras proliferan los cursos de formación y los nuevos negocios de reparación de móviles —que según empresas del sector mueven en España un mercado de 700 millones de euros anuales— y hasta venta de móviles de segunda mano, en caso de reciclaje hay puntos limpios o verdes. En www.ecolec.es se pueden consultar todos los puntos de recogida  de aparatos electrónicos que hay en España. Han surgido además iniciativas de interés como Alencoop, una cooperativa que, además de integrar a trabajadores inmigrantes, ofrece un servicio gratuito de recogida a domicilio de todo tipo de chatarra y electrodomésticos, como los viejos móviles. 

Además, la red Recyclia es una de las principales entidades que se dedica al reciclaje de aparatos electrónicos. Y dispone de una red propia de contenedores para el tratamiento de móviles antiguos cuenta, Tragamóvil.] 

Reparar con garantías

La cuestión es si se establece una recogida obligatoria y masiva de aparatos. Una opción es imponer un depósito de cierta cuantía, para que sea disuasoria, cuando se compra el dispositivo, lo que implica también definir un pliego de condiciones para los reacondicionadores. ¿Qué significa “aparato en buenas condiciones” en sus páginas web? Hoy en día es un término muy vago. 

La plataforma de venta en línea de productos reacondicionados Back Market ha ganado en popularidad, pero corre el riesgo de que el gran público se decepcione tras el entusiasmo inicial por falta de garantías que le protejan de sorpresas desagradables, estima Fréderic Bordage.  Es preferible comprar directamente a un reacondicionador que hacerlo en un sitio que ofrece aparatos procedentes de diferentes canales. 

Limitar el uso de la nube

Y después, ¿qué usos preferir? Carboanalyser, una extensión desarrollada por el think tank The Shift Project, permite medir el impacto de nuestra navegación. “Limitar el uso de la nube, sobre todo en el 4G”, responde de entrada Frédéric Bordage. Utilizar la fibra o el ADSL (aunque sea en wifi) consume mucha menos energía que una red móvil, 3G o 4G y, evidentemente, 5G cuyo futura expansión a gran escala es toda una aberración. Es pues peor ver un vídeo en el smartphone que en el ordenador portátil. En el mismo orden de cosas, es mejor ver la televisión a través de la TNT que del ADSL.

El vídeo (75% de los usos en internet) es muy energívoro. Ver un vídeo para muy alta definición durante 10 minutos consume 170 megabits, frente a 1 megabit por el envío de un email con un archivo adjunto de ese tamaño. Optar por tomar prestados DVD o por el alquiler de pago, que obliga a seleccionar más, puede ayudar a limitar su uso. Y existen extensiones (como Minimal) para frenar el lanzamiento automático por parte de la plataforma de vídeos en Youtube, Facebook, Amazon, Netflix y otros. The Shift Project edita una guía para reducir el peso de los vídeos usando el software Handbrake. Respecto a los correos electrónicos, el impacto medioambiental está sobre todo relacionado con el tamaño de los archivos adjuntos. Un megabyte es un buen límite. Pero, por salud mental y ecológica, lo más fácil es enviar menos emails.

 

*  Obsolescencia programada: conjunto de técnicas mediante las cuales un fabricante 
reduce deliberadamente la duración de un producto para incitar al consumidor a sustituirlo antes.