Tener 20 años en 1968 y en 2018

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    ¿Eran los jóvenes de 1968 muy diferentes de los de hoy? La historiadora Ludivine Bantigny y el sociólogo Camille Peugny debaten sobre la cuestión.

    ¿Qué significaba ser joven en 1968?

    "Mayo del 68 es un movimiento profundamente solidario" Ludivine Bantigny, historiadora

    Ludivine Bantigny: En esa época comienzan a darse las condiciones materiales necesarias para que la juventud tenga una existencia de pleno derecho como categoría social. Se le dan más medios para existir como tal, con aficiones específicas. En el espacio doméstico, por ejemplo, mejoran las condiciones. El hecho de tener una habitación propia, de poder escuchar su música, con la aparición del transistor, es muy importante para que la juventud pueda vivirse como una edad singular. Comienza a ser objeto de políticas públicas específicas, como muestra la creación de una secretaría de Estado (en 1963) y, posteriormente (1966) de un ministerio de Educación y Deportes.

    Dicho esto, presenta numerosas fracturas. Los gustos culturales siguen siendo socialmente diferentes. Los estudiantes son una pequeña minoría, globalmente muy privilegiada desde el punto de vista social y cultural. Los hijos de obreros representan el 10% de los estudiantes, y los de campesinos, del 4% al 6%.

    ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

    Está lejos de ser una generación dorada como se piensa con frecuencia. A partir de 1966 hay un giro en la coyuntura económica. Comienza a surgir el problema del empleo, especialmente entre los jóvenes: en 1968, se calcula el número de parados en cerca de 500.000. No es casualidad que la ANPE, la Agencia Nacional para el Empleo, se cree en 1967. También aparece en esa época una secretaría de Estado del Empleo, al frente de la cual está Jacques Chirac, a quien sus detractores denominan "Sr. Paro". También empieza a surgir el tema del desclasamiento. Algunos estudiantes lo expresan: "¡Nuestra licenciatura no va a servir para nada!". Ya temen no encontrar un trabajo a la altura de su formación.

    Finalmente, los jóvenes sufren, en cierto modo, de un "prejuicio de la edad" en el mercado laboral, debido a las reducciones de salarios en función de la edad instaurados en la Liberación. A mismo trabajo y misma cualificación, los jóvenes ganan menos que los obreros adultos de más de 21 años y solo reciben un porcentaje de ese salario, variable independientemente de las ramas y los sectores profesionales.

     

    ¿Se puede decir que Mayo del 68 es un movimiento de jóvenes?

    L. B.: Es difícil hablar de un movimiento puramente generacional cuando 10 millones de personas paran en Francia, de los cuales más de 7 millones son asalariados huelguistas. Sin embargo, hay una dinámica específica de la juventud en el estallido de los acontecimientos de mayo. No solo en Nanterre y en el Barrio Latino, sino, unos meses antes, también en Caen, donde muchos jóvenes obreros procedentes del medio rural emprenden una huelga muy dura. Los jóvenes están también muy presentes en las movilizaciones de agricultores que precedieron a Mayo del 68. Fue en Quimper donde se lanzaron los primeros adoquines contra la prefectura y en Mans donde se levantaron las primeras barricadas en octubre de 1967.

    Lo interesante de todas estas movilizaciones es que, sin lugar a dudas, hay un encuentro entre unos medios sociales que hasta entonces dialogaban muy poco. En Caen los estudiantes echaron una mano a los obreros en los piquetes. En el Barrio Latino hay muchos jóvenes obreros, como también carteros, empleados, recaderos, lavaplatos de restaurante y camareros. En el enfrentamiento a las fuerzas del orden se expresan solidaridades juveniles.

    A esa solidaridad práctica en el altercado contra la policía se añade, en los estudiantes movilizados, un proyecto de alianza social. Los estudiantes no quieren verse reducidos a su estado de niños de papá; no quieren ser, dicen, los engranajes de la burguesía.

     

    ¿Ser joven en 2018 no tiene nada que ver con serlo en 1968?

    "Como en 1968, los jóvenes de hoy quieren ser unos ciudadanos como los demás" Camille Peugny, sociólogo

    Camille Peugny: Tener 20 años en 1968 significa, independientemente del origen social, haber nacido en un momento en el que el fuerte crecimiento económico modela la percepción del futuro. Los nacidos en 1948, por ejemplo, han visto cómo la sociedad se ha transformado y, aunque las desigualdades se mantienen, todos pueden proyectarse en ese movimiento socialmente ascendente. Por el contrario, aquel o aquella que tiene 20 años en 2018 ha nacido en una sociedad en la que ya la generación de sus padres ha conocido la crisis en los años 1980. La esperanza de ascender tiende a sustituirse por el miedo a descender socialmente, y eso lo cambia todo.

    Además, ser joven en 1968 significa ser joven en una sociedad en la que el peso demográfico de los jóvenes crece, en la que esas generaciones van a guiar las transformaciones sociales. Es chocante ver que, en los textos de los años setenta y ochenta, algunos sociólogos entierran, en cierto modo, las clases sociales y pregonan una "medianización" de la sociedad. Para Henri Mendras, por ejemplo, esa medianización pasa por los jóvenes. Describe los nuevos oficios que surgen en los años setenta en el sector médico-social, la educación, la cultura… y hace de los jóvenes que los ejercen los "núcleos innovadores" o, dicho en otras palabras, los que van a pasar la página del mundo antiguo.

    Se trata de un argumento contestable, en la medida en que los jóvenes constituían entonces, como constituyen hoy, una categoría socialmente muy heterogénea, pero subraya implícitamente hasta qué punto los jóvenes de 2018 están privados de las palancas del cambio social. Recordemos que la Asamblea Nacional que surgió de las urnas en 1981 tenía el mismo número de diputados treintañeros que sexagenarios. En la Asamblea de 2012, estos últimos son ocho veces más numerosos. Entre ellos, muchos de los treintañeros de 1981… Añadamos que, como en el caso de las reducciones salariales de 1968, sigue habiendo una barrera de edad para ser un ciudadano social de pleno derecho, pues es necesario tener 25 años para tener derecho al salario mínimo social sin restricciones.

     

    ¿Se puede decir que Mayo del 68 fue una revuelta de los jóvenes contra sus mayores?

    L. B.: No creo que lo fundamental sea el enfrentamiento entre generaciones. En los acontecimientos de entonces había una auténtica solidaridad intergeneracional. Una muestra de ello es la lucha por las condiciones laborales. El 1º de Mayo, una importante reivindicación de las manifestaciones de toda Francia era "la defensa del empleo" como se puede leer en las pancartas y las octavillas. Pero el tema central es el coste de la prosperidad. Hay crecimiento, hay más confort, pero se sigue trabajando enormemente, ¡más de 46 horas semanales se tenga la edad que se tenga!

    Por otra parte, poco después de Mayo del 68, la aspiración principal de la juventud era encontrar su lugar en la sociedad, estar más integrada, encontrar un empleo. Sus valores eran los mismos que los de las generaciones precedentes: un gran apego a la familia, a la fidelidad en el amor… Aunque los acontecimientos del 68 tuvieron una fuerza contestataria innegable al poner en suspenso las evidencias –las jerarquías, la autoridad arbitraria, la concentración de poderes…– y al cuestionar el orden social.

    C. P.: Lo mismo pasa hoy. La encuesta Generación What? que coordiné, junto con Cecile Van Velde, para France Televisión en 2013, muestra un intenso sentimiento de frustración en los jóvenes, pero también que el deseo mayoritario es conseguir un contrato por tiempo indefinido y ser ciudadanos como los demás, raramente la de orientarse hacia otro tipo de sociedad. Además, los que en 2018 tienen 20 años son la segunda generación de la crisis. Sus padres sufrieron las mismas dificultades para insertarse en los años ochenta, lo que puede crear las condiciones para una solidaridad intergeneracional de una intensidad que quizá no había hace unas décadas.

     

    ¿Entonces no hay más conflicto intergeneracional en 2018 que en 1968?

    C. P.: La acusación de egoísmo a los baby boomers que habrían dilapidado los frutos del crecimiento y legado deudas a la generación de sus hijos es un discurso que me parece políticamente peligroso. Por una parte, al poner de relieve una fractura generacional, oculta las desigualdades entre grupos sociales. Por otra parte, permite librar de toda responsabilidad a las políticas públicas que se han llevado a cabo desde hace varias décadas. Es evidente que hay desigualdades entre las generaciones. Tener que esperar a estar en la treintena para obtener el primer contrato indefinido significa no poder ser propietario o alquilar sin el aval de los padres, no poder tener hijos… Pero ello no debe hacernos olvidar que cada clase de edad sufre sus desigualdades: ¡las clases sociales atraviesan y fracturan las generaciones!

    ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

    L. B.: Yo añadiría que no se puede comprender el destino de una generación únicamente por su entrada en la vida activa: hay baby boomers que han sido despedidos a los 54 años y han permanecido en el paro hasta su jubilación. Ellos también han sufrido el prejuicio de la edad: "Sois demasiado viejos, no os sabéis adaptar, no sois suficientemente flexibles…".

    Esos personajes mediatizados como Daniel Cohn-Bendit, Serge July y Bernard Kouchner no son representativos de los 10 millones de personas que se movilizaron en mayo y junio de 1968. Además, también hay que tener en cuenta las solidaridades intergeneracionales y la ayuda financiera que los padres aportan actualmente a sus hijos. En el fondo, denigrar el 68 es decir: "¡Miren su resultado y, sobre todo, no hagan lo mismo!" Los detractores de la huelga general con ocupaciones incluidas sacan provecho de ello.

     

    Otra crítica que con frecuencia se hace al Mayo del 68 es la de haber abierto la puerta a una sociedad ultraindividualista…

    L. B.: Se trata de otro enorme despropósito. Todo lo que motivaba a los huelguistas, a los manifestantes, en resumen, a los protagonistas de los sucesos, estaba orientado hacia una emancipación colectiva. No se puede reducir Mayo del 68 a unos eslóganes, por poéticos que sean, como "Disfrutemos sin restricciones": esas palabras las escribieron en los muros un puñado de jóvenes. Por otra parte, el tema de la sexualidad no se abordó en realidad en el 68. Lo que se buscaba era una mejora para todas y para todos de las condiciones laborales y de existencia. Era un movimiento profundamente solidario.

    "Los jóvenes de hoy tienen miedo a descender socialmente"

    "Acusar de egoísmo a los ‘baby boomers’ es peligroso"

    "Las plataformas de Internet han acentuado la precarización"

    C. P.: Hoy, la juventud sigue muy apegada a esas vías colectivas de la movilidad social que son la escuela y el trabajo. Pero tienen una imagen muy negativa de su realidad actual y juzgan la escuela injusta y sus esfuerzos poco recompensados en el mundo laboral. "Hoy solo se puede contar con uno mismo para lograr algo", consideran. Pero sería una exageración interpretarlo como una forma de individualismo: es más un "liberalismo por necesidad". Tienen la sensación de que esas vías de movilidad han funcionado bien para sus padres, pero que para ellos están cerradas.

    L.B.: De hecho, como han mostrado Luc Boltanski y Eve Chiapello, la nueva gestión empresarial, a partir de los años ochenta, es la que ha puesto al individuo en primer plano, recuperando las consignas de 1968: ¿no queréis capataces? ¿Es demasiado jerárquico?, ¡pues vais a ser vuestros propios capataces, vuestros propios empresarios! Es lo que ha llevado a ese movimiento de desestructuración de los colectivos y a la individualización de las condiciones laborales a través de la multiplicación de evaluaciones y de incitaciones al rendimiento que hemos visto estas últimas décadas, con los dramas que le han acompañado.

    C. P.: Esta individualización de la relación laboral se ha visto acentuada por el capitalismo de plataforma (encarnado por Uber y Deliveroo, por ejemplo) y el auge de los servicios a la persona… Los auto-emprendedores son en gran parte jóvenes que carecen de un colectivo laboral, que están aislados. Ello constituye una dimensión importante de la precarización. Hoy, millones de personas de menos de 40 años trabajan sin haber visto jamás un jefe de personal. Y este hecho es un obstáculo importante para la movilización. 

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