Poco margen de maniobra

  • Después de las elecciones municipales, un golpe para la izquierda, el gobierno no lo tendrá fácil para restablecer la credibilidad de la mayoría. Sobre todo considerando que su primera tarea será encontrar de dónde ahorrar 50.000 millones de euros entre 2015 y 2017, contrapartida prometida a la bajada en 30.000 millones del coste del trabajo concedida a las empresas.

    Es una suma significativa. Veamos algunas magnitudes para hacernos una idea: 50.000 millones de euros equivale a la cuantía de los intereses de la deuda pública durante un año, y a las amortizaciones que venzan. Representa también 2,4 puntos porcentuales del Producto Interior Bruto (PIB). O el 4% del conjunto de gastos del Estado y de las administraciones locales. Al distribuirse la suma a lo largo de tres años, toca, pues, bajar los gastos del Estado en un 1,4% anual. Lo nunca visto.

    Toca reducir el déficit un 1,4% anual al año, lo nunca visto

    El resultado resta al gobierno legitimidad para hacer reformas

    La Comisión Europea de Bruselas lo recordó el pasado 5 de marzo: no hay modo de escapar al ajuste, y en principio, desde 2015 Francia debe respetar la regla por la que el déficit presupuestario no puede superar el 3% del PIB.

    Podemos encontrar exasperante que nuestra política se dicte en Bruselas. Como hace el premio Nobel Paul Krugman, se puede considerar que este rigor presupuestario lleva a Europa de bruces hacia la deflación, y que, en el contexto actual, valdría más gastar más que menos. Pero François Hollande se ha comprometido en nuestro nombre sobre este punto. Y, a pesar del golpe que le han supuesto las municipales, su margen de maniobra para replantear dicho compromiso parece muy limitado. Especialmente, teniendo en cuenta que los plazos para actuar son cortísimos: desde ahora hasta el 15 de abril, el ministro de Economía deberá haber remitido una copia a Bruselas.

    Jean-Marc Ayrault, primer ministro francés.foto: OFICINA DEL PRIMER MINISTRO

    El encargado de preparar esta ingrata tarea es el ministro delegado de Presupuesto, Bernard Cazeneuve. Este hombre preciso, no desprovisto de humor, recibió en febrero y en marzo, uno a uno, a todos los ministros para cazar miles de millones.

    De hecho, los 50.000 millones se dividen en tres paquetes. El primero: el gobierno discute con los expertos de la Comisión sobre las hipótesis de crecimiento, los niveles de inflación y las recaudaciones de impuestos desde ahora hasta 2017, pues, siguiendo las cifras mencionadas, el esfuerzo puede variar de forma sensible. Segundo: el Estado recortará, como siempre, de las principales partidas presupuestarias. En particular, reducirá de forma significativa su ayuda a las administraciones locales sobre las que pesará una parte importante del ajuste. La masa salarial de los funcionarios debería también congelarse hasta 2017, lo que, después de numerosos años de vacas flacas, no facilitará precisamente su movilización a favor de la modernización del Estado. Y tercero, esa “política de pasar el cepillo” de la que Nicolas Sarkozy ya abusó, no bastará. El gobierno intentará llevar a cabo reformas más estructurales, que afectan en particular a los gastos en protección social. Podría proponer también fusionar regiones y entidades de cooperación intermunicipales para ahorrar... Vistas las municipales, no es seguro, sin embargo, que disponga de bastante legitimidad para ir más lejos .

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