La creación de empleo pierde fuelle

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    Septiembre 2019

    El empleo aumenta y el paro recula, pero cada vez con menos fuerza y bajo el persistente signo de la precariedad, en un contexto mundial en el que soplan vientos de crisis. Un dato positivo: crece la población activa.

    En sus últimas previsiones económicas de julio pasado, la Comisión Europea lanzó un mensaje positivo sobre el crecimiento de la economía española, que calificó de “sorpresa”, y elevó dos décimas su pronóstico para este año: el 2,3%. El Banco de España es incluso más optimista, con el 2,4%, y ambos convergen en el pronóstico para el año próximo: la economía crecerá a un ritmo del 1,9%, lo que refleja una moderación a la que no es ajena el entorno internacional sombrío que dibujan las tensiones comerciales y el Brexit.

    Esta circunstancia —a contracorriente de la tendencia de conjunto en la zona euro, y en especial en la locomotora alemana, envuelta en el fantasma de una recesión— ha permitido al Ejecutivo comunitario augurar “una expansión robusta del empleo” en España, que han de conducir a “nuevas reducciones de la tasa de paro”. El aumento de la ocupación tenderá a “lentificarse”.

    Pero esta lentificación ya se ha dejado constatar en los últimos datos sobre el comportamiento del mercado laboral: la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre del año, y el paro registrado en julio. 

    El incremento de la ocupación en el segundo trimestre de 2019 (del 2,38%) es el más bajo desde 2016. Aun así, el número de personas ocupadas entre abril y junio aumentó en 333.800 personas, hasta situar la población ocupada en el mayor nivel de una década: 19,90 millones. 

    También si observamos qué sucede con el paro —proporción de personas activas que se encuentran en situación de no trabajar— se detecta un freno en la tendencia positiva. Desde 2013, el año en el que el desempleo registró su peor dato, ha tenido lugar una caída remarcable de la tasa de paro en todos los segundos trimestres. Pero la de 2019 es la menor de la serie desde 2013 (-7,4% de variación anual). Un total de 123.600 personas trabajadoras han salido del desempleo, menos que el mismo periodo en seis años.

    Si se observan los datos desestacionalizados —se les aplica un filtro estadístico por el que se elimina el componente estacional de la serie— entre abril y junio el paro se elevó incluso ligeramente (el 0,53%) respecto del primer trimestre del año. 

    El Gobierno ha augurado que este año el nivel de paro bajará por debajo del 14%. En el primer semestre no ha sido así, y la tasa se ha quedado en el 14,02%. Aunque se logre, se situará aún seis puntos porcentuales por encima del paro con el que España entró en la crisis.

    A la espera de la próxima EPA, en octubre, los datos de paro registrado en julio van en la misma dirección. Debido a la temporada turística, en julio el desempleo ha bajado casi todos los años desde que hay estadísticas. El pasado julio, también lo hizo — 4.253 personas desempleadas menos en relación al mes anterior—. Pero es la menor bajada intermensual en un mes de julio desde 2008. Y todavía estamos por encima de los tres millones de parados (3.011.433).

    No puede obviarse que en el  último año en España se han generado 460.000 empleos más, algo más de la mitad ocupados por mujeres, que protagonizaron una mayor bajada del paro en el segundo trimestre. O que hacía una década que no bajaban del millón los hogares con todos los miembros en paro.

    La ralentización de la caída del desempleo puede explicarse en parte por el aumento de la población activa. Este concepto es el que refleja el mercado laboral de un país, y suma a quienes tienen un empleo y a quienes no lo tienen pero sí que buscan trabajo. Desde 2014 cada segundo trimestre ha arrojado un aumento de la población activa. Y el de 2019 es el más elevado: afecta a 210.200 personas más. 

    Que aumente la población activa significa que hay más personas buscando trabajando abiertamente, lo que puede reflejar un menor desánimo, más expectativas, voluntad de salir de la economía sumergida, o bien necesidad de entrar al mercado laboral porque se han agotado prestaciones o porque se haya terminado un programa de formación. Es un dato positivo, aunque cuando hay  más gente buscando suele ir más despacio la reducción del paro. 

    Además de la moderación que tiene visos de agudizarse por el contexto económico internacional ya mencionado, estamos en las mismas con el tipo de empleos que se generan. La tasa de temporalidad aumentó en el segundo trimestre hasta suponer un 26,4% del empleo asalariado. Economistas Frente a la Crisis atribuye a la creación de empleos de bajos salarios y bajo valor añadido la caída continua de la productividad media, derivada de un aumento del empleo a ritmos muy altos con relación al ritmo al que está creciendo la economía.

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