El vicio del ladrillo // Excesos con platos rotos

  • Noviembre 2014

    INMOBILIARIO: He aquí un tremendo viaje por la historia reciente de un país de endeudadísimos propietarios.

    El vicio del ladrillo
    La cultura de un modelo productivo
    Lluís Pellicer
    Catarata. 2014
    239 páginas. Precio: 18 €

    En el país descrito en El vicio del ladrillo se urbanizó todo lo urbanizable. Después, mientras quedaban en venta más de 1,2 millones de vivendas (nuevas y de ocasión), se producía un desahucio cada 15 minutos.

    Uno tiene la cabeza algo embotada tras atravesar el humo más intenso del milagro español, y puede dar pereza releer sobre el boom inmobiliario, como si no hubiera nada nuevo que aprender. No es cierto. El periodista Lluís Pellicer no se limita a narrar el ascenso y derrumbe de los reyes del ladrillo —los Portillos, Martínes, Del Riveros, Jovés... con especial querencia por un rehabilitado Enrique Bañuelos, hilo conector entre la debacle y las escasas lecciones aprendidas gracias a Barcelona World—. Este libro de la España de los excesos es un relato clarificador, documentado, riguroso y hasta entretenido que narra con pasión periodística las causas de lo ocurrido, y que analiza sus consecuencias sociales. Por él desfilan las compras de suelo rústico a bajo precio, para, tras la oportuna recalificación urbanística, revenderlo a un precio superior, además de los 300 políticos en activo imputados por corrupción contabilizados en 2013. También las rentabilidades del 16% de la inversión en ladrillo, los cambios legales que facilitaron la fiesta y el baile de fusiones inmobiliarias.

    Sin olvidar la gasolina aportada por la banca y las hipotecas a la carta ni el invento de la Sareb, que se quedó activos con descuentos del 60% o más. Recupera comparativas entre aumentos del metro cuadrado y aumentos de salarios, el penoso mobbing inmobiliario, los minipisos que un día sonaron a amenaza; el desembarco de fondos extranjeros, buitres incluidos; la interpretación prudente de los síntomas de mejora, y la diferenciación entre los negocios patrimonialista y promotor, este último del todo condenado a profesionalizarse.

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