Los insectos, ¿la futura proteína?

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    Alimentación: Ver insectos en nuestros platos no va a ser algo de hoy para mañana, pero algunas empresas ya están en ello para fabricar comida para animales.

    Puesto de grillos fritos en Siem Ream, Camboya. FOTO: Shankar S.

    Una a una, la preparadora selecciona las orugas hervidas y aparta las que están en mal estado. A su lado, una compañera pasa los saquitos por una máquina que los sella: los insectos podrán consumirse dentro de los 18 meses siguientes. Instalada en una casa en Uagadugú, capital de Burkina Faso, la empresa emergente FasoPro trabaja a pleno ritmo. Su fundador, Kahitouo Hien, un hombre en la treintena, no para entre llamadas de teléfono, e-mails y entregas de pedidos. Su apuesta: fabricar industrialmente productos alimentarios a base de insectos, en forma de aperitivo, de galletas, de harina, en el África Occidental. “En Burkina Faso, parte de la población consume ya tradicionalmente orugas de karité durante su estación, es decir, entre julio y septiembre. Son una fuente increíble de proteínas, y muy ricas en ácido graso esencial omega 3 y en hierro”, explica Kahitouo Hien mientras visitamos la sala en la que se guardan las orugas recolectadas en plena naturaleza.

     

    COMIENZO PROMETEDOR EN ÁFRICA

    Montar una empresa emergente en Burkina Faso no es fácil, pero en sus cuatro años de existencia, FasoPro ha ganado varios premios internacionales y ha alcanzado un volumen de negocios de unos 76.000 euros —muy respetable para una empresa emergente burkinesa. Hoy, sus productos se venden en más de 530 tiendas de Burkina Faso, entre ellas, las gasolineras Total. Y para Hien, solo es el comienzo. Porque está convencido de que, dentro en 10 años, el consumo de insectos será masivo en el mundo. “La población mundial aumenta y va a haber que encontrar una solución para alimentarla”, subraya.

    Como muchos de sus colegas en el sector, Kahitouo Hien comenzó a interesarse por esos bichitos en 2013. Ese año, el informe Endible Insects. Future Prospects for Food and Feed Security, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), causó un gran impacto. En él, la FAO recomienda el desarrollo, cría y consumo de insectos, pues, “de ahora al 2030, más de 9.000 millones de personas deberán ser alimentadas, así como los miles de millones de animales que se crían cada año”. Y, los insectos, “son nutritivos y tiene alto contenido en proteínas, materias grasas y minerales”. Además, presentan unos índices de crecimiento y de conversión alimentaria altos  y causan escaso impacto medioambiental durante su ciclo vital”. ¿Son los insectos las proteínas del futuro? Siempre y cuando no hayan desaparecido de aquí a entonces, un riesgo importante, según un reciente estudio australiano que indica que el 40% de las especies están en declive.

     

    ‘BOOM' MUNDIAL

    Desde entonces, en África, en Asia, así como en Holanda, Francia, Estados Unidos, Canadá y Bélgica han surgido empresas  que se han lanzado a la producción industrial de insectos. En Francia, se calcula que hay entre 10 y 20, según Virginie Mixe, portavoz de la Federación Francesa de Productores, Importadores y Distribuidores de Insectos y fundadora de Minus Farm, una minigranja de cría de insectos de 10 metros cuadradods. Desarrollan técnicas de cría industrial de moscas soldados negras , gusanos, saltamontes, grillos, coleópteros… Entre ellas se encuentran Ynsect, InnovaFeed, NextAlim, Micronutris y Jimini’s.

    Los países europeos han invertido 400 millones en el sector

    En Europa, la International Platform of Insects for Food and Feed (Ipiff), creada en 2012, cuenta con 46 miembros, dos tercios de ellos dedicados al feed (pienso para alimentación de ganado) y el resto al food (comida para alimentación humana). “En Europa, se han invertido unos 400 millones de euros en el desarrollo de la producción, más de lo que se ha invertido en otros continentes”, subraya Christophe Derrien, secretario de la Ipiff. Es una cifra en la que están incluidas las inversiones públicas, como la realizada en Francia por el Banco Público de Inversiones. El Viejo Continente es, pues, líder en este ámbito. Pero la producción es mínima: 2.500 toneladas anuales, de las cuales el 85% está dedicado a la alimentación animal.

    De hecho, la entomofagia humana es aún marginal. Ante todo, porque está muy limitada por la reglamentación europea. Si antes había lagunas reglamentarias, desde el 1 de enero de 2018, la Unión ha apretado las tuercas: los insectos están ahora clasificados como novel food. Es decir, está prohibido comercializarlos sin una autorización de venta. Ello permite poner orden en el sector, pero elaborar el expediente para obtener la autorización es caro y los trámites, pesados. Hasta ahora hay una decena de empresas a la espera de autorización. 

    En Francia, a diferencia de Bélgica y Holanda, los controles de la Dirección General de la Competencia, del Consumo y de la Represión de los Fraudes se han endurecido, lo que ha llevado a varias empresas a concentrarse en la alimentación animal. Otras continúan comercializando discretamente insectos para consumo humano con la tolerancia de las autoridades mientras se resuelve su expediente. Por el contrario, en Bélgica y Holanda, se aplica claramente el periodo de transición, previsto en el texto europeo, en el que la empresa podrá seguir comercializando el producto hasta que se adopte una decisión sobre su expediente.

    Pero incluso en los países en los que la reglamentación es más suave, el consumo humano titubea. “Los frenos son sobre todo culturales: a mucha gente no le es fácil comer insectos”, señala Antoine Hubert, presidente de Ynsect y del Ipiff, “hay empresas que se han lanzado a su producción en Asia y, contrariamente a lo que se podría esperar, allí no es muy diferente. Cuando se dice que los asiáticos comen insectos, se está generalizando, como cuando se dice que los franceses comen caracoles”.

     

    ALIMENTAR A LOS ANIMALES

    Esa es la razón por la que este ingeniero agrónomo ha orientado su empresa hacia la alimentación animal (gatos, perros) y, sobre todo, hacia la acuicultura. Antoine Hubert explica: “La reserva de peces pienso salvajes que se pescan para fabricar harina para alimentar a los peces de piscifactoría está muy sobreexplotada y disminuye, mientras que la demanda aumenta. Los insectos pueden, por tanto, constituir una oferta adicional”. Desde el 1 de julio de 2017, la reglamentación de la Unión Europea autoriza la incorporación de proteínas de insectos en las preparaciones para los peces de piscifactoría. Esta posibilidad debería extenderse a las aves: “Esperamos que este año se vote afirmativamente”, apunta Hubert. Y quizá en el futuro se amplíe a los cerdos. En Francia, Ynsect ha recaudado 40 millones de euros desde 2011 y se dispone a lanzar una fábrica de producción de proteínas de tenebrios molineros (conocidos como gusanos de la harina) en Amiens.

    Plato de grillos, saltamontes y orugas en un mercado de Alemania. FOTO: Thomas W. Fiege

    En este nicho, la carrera por la productividad causa furor: el competidor InnovaFeed ha recaudado la misma suma en 2018 para producir  20.000 toneladas anuales de proteínas. NextAlim, con sede en Poitiers ha recaudado 7 millones de euros entre  actores industriales con los que se han identificado sinergias operativas (Suex, Nutriciab…) y prevé producir 10 toneladas de insectos diarios. Otros han  abandonado, como Entomo Farm, empresa emergente que pasó a estar en liquidación judicial a finales de 2018. Y es que hay que tener en cuenta que las harinas de insectos son el doble de caras que las harinas de pescado.

     

    ALIMENTO COMPLEMENTARIO

    Los expertos consideran que este mercado será marginal. Ya sea para la alimentación de los animales o de los seres humanos, el sector de los insectos será un complemento, una fuente alternativa de proteínas, tras las leguminosas (soja, ya muy implantada, guisante, haba forrajera, altramuz, trigo sarraceno, alubias, arroz, quinoa, sorgo) o, incluso, las algas”, explica Samir Mezdour, investigador de ciencias de los alimentos  en la escuela AgroParisTech y coordinador entre 2013 y 2017 del proyecto Desirable, financiado por la Agencia Nacional de la Investigación para hacer previsiones sobre el sector emergente del insecto. En su informe La proteína en todos sus estados, de mayo de 2017, el Centro de Estudios y de Investigación sobre la Economía y Organización de Producciones Animales, una consultoría con fines no lucrativos del AgroParisTech, considera que la producción de proteínas de insectos debería alcanzar 1,4 millones de toneladas dentro de 10 años: “Una gota de agua frente a los 100 millones de toneladas actuales de la soja”, estima el investigador.

    Producir harina de insecto es el doble de caro que la de pescado

    Pero no por ello los insectos dejan de ser una vía que desarrollar, “sobre todo porque la entomocultura tiene mucho interés desde el punto de vista ecológico”, recuerda el biólogo Jean-Baptiste de Panafieu. Por no hablar de que “en los países en los que la entomofagia es ya una práctica más extendida, la multiplicación de los criaderos podría hacer que los insectos ocuparan un lugar netamente más importante en la economía y la alimentación”, añade. A esta tarea se ha dedicado Kahitohuo Hien: el joven director de FasoPro prevé inaugurar una producción de saltamontes del Níger antes de finales de este año. 

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