Movilización demócrata

  • Octubre 2018

    El 15 de marzo de 1965, el presidente Lyndon B. Johnson pronunció un discurso en el Congreso de Estados Unidos en el que puso de relieve los enrevesados métodos que las comisiones electorales, especialmente de los Estados sureños, estaban utilizando para impedir el voto a los afroamericanos. Han transcurrido más de cinco décadas y los demócratas vuelven a alzar la voz para denunciar que muchos Estados hayan reanudado tácticas que dificultan el voto. 

    Tras la icónica marcha protagonizada por Martin Luther King desde Selma a Montgomery, el presidente demócrata impulsó la Ley sobre el Derecho de Voto para garantizar que se cumpliera la Decimoquinta Enmienda de la Constitución, ratificada en 1870, que prohíbe negar o dificultar el voto “debido a raza, color o condición anterior de servidumbre”. Esta ley permitía al fiscal general investigar las irregularidades en el sistema electoral y autorizaba al Departamento de Justicia a vetar cualquier norma aprobada por los Estados en los que se hubiera producido discriminación racial.

    La iniciativa de Johnson fue ratificada primero por el Senado con 77 votos a favor y 19 en contra, y después por la Cámara de Representantes con 333 votos a favor y 85 en contra. Pero en 2013 el Tribunal Supremo consideró, con 5 votos a favor y 4 en contra, que la discriminación racial había sido superada y que el Departamento de Justicia ya no debía controlar las normas electorales que los Estados aprobaran. 

    Los efectos de esta decisión se constataron al llegar las elecciones de 2016. En tan solo tres años se aprobaron en 14 Estados nuevas normas dirigidas a dificultar el voto de la gente de raza negra, los estudiantes, los ancianos y los pobres. Y un estudio de Priorities USA señala que en Wisconsin, donde Hillary Clinton perdió por 22.748 votos, estas nuevas directrices dieron lugar a que 200.000 ciudadanos especialmente de zonas desfavorecidas dejaran de ejercer su derecho de voto. 

    Si 40.000 personas en el conjunto de Míchigan, Pensilvania y Wisconsin se hubieran decantando por la candidata demócrata, otra persona estaría ahora en el Despacho Oval. Por ello, los demócratas están llevando a cabo una movilización sin precedentes. Se han creado emisoras de radio, organizaciones y movimientos diversos con el fin de apoyar a los candidatos y persuadir a los ciudadanos a que voten. 

    Los derechos conseguidos después de años de luchas podrían desvanecerse sigilosamente. De ahí que jóvenes y altos cargos de anteriores Administraciones estén volcados en la urgente tarea de despertar la conciencia ciudadana para la pervivencia de la democracia en EE UU.

    Blanca Velasco Portella

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