Nómada o precaria: una generación de jóvenes doctoras // La encrucijada de quienes quieren seguir una carrera universitaria

  • Por (Profesora ayudante doctora de la Universidad de Valencia y coautora del libro 'Universidad precaria, universidad sin futuro')
    Noviembre 2018

    Las universidades públicas han cerrado sus puertas a las nuevas generaciones y, por ello, nos encontramos ante un problema de relevo generacional. Para quienes terminan el doctorado en España el futuro se presenta en forma de falta de expectativas. En realidad, las posibilidades que se abren para la mayoría son dos: la precariedad laboral o salir a trabajar al extranjero. Entre estas dos opciones, en mi caso elegí la segunda, pero bien podría haber optado por la primera. Renuncié a quedarme en mi ciudad y en mi universidad para poder tener un empleo decente por mi trabajo como investigadora. No soy un ejemplo aislado, al contrario, muchos jóvenes doctores y doctoras compartimos la impresión de que para poder continuar en la carrera académica es necesario adaptarse a una vida nómada que consiste en encadenar contratos posdoctorales allí donde se presenten; o quedarte en tu universidad de referencia acumulando experiencia docente en condiciones de absoluta precariedad. Es decir, hay dos opciones: hacer las maletas y tenerlas siempre preparadas o dejarse apisonar por unas condiciones de trabajo abusivas. O te vas o aguantas. 

    En España el futuro se presenta en forma de falta de expectativas 

    En la carrera académica  hay dos opciones: o te vas o aguantas

    Esto se debe a que los contratos de investigación posdoctoral en España, como los programas Juan de la Cierva y Ramón y Cajal, son extremadamente escasos y solo son accesibles para una minoría muy competitiva (que muchas veces también ha tenido que irse fuera para acumular méritos). Al mismo tiempo, las plazas de profesor/a ayudante doctor/a, que es el primer escalón de la carrera académica y docente tras la tesis, convocadas por las universidades se publican con cuentagotas y en muchos casos se utilizan para estabilizar al profesorado en situación precaria y no para el nuevo ingreso de jóvenes doctores y doctoras. En mi caso, de nuevo la movilidad geográfica me ha permitido estabilizarme y volver a España para continuar mi carrera en una universidad distinta donde me doctoré. Como me decía una amiga cuando me fui de España: “piensa que te vas para poder volver”. 


    INTENTO FALLIDO

    En tiempos de crisis y poscrisis la contratación de profesoras y profesores universitarios, altamente formados y preparados, como mano de obra “barata” en las universidades públicas se ha convertido en una forma generalizada y aceptada de resolver los problemas de la gerencia universitaria. Dentro de esta estrategia, la vía más frecuente es la de contratar profesorado asociado (supuestamente empleados a tiempo completo por otro organismo y que acuden a la universidad a impartir docencia relacionada con su trayectoria profesional en calidad de expertos) para poder renovar la plantilla en los departamentos sin tener que convocar plazas “decentes”. Muchos de estos docentes, contratados a tiempo parcial con salarios entre los 300 y los 600 euros, son en realidad jóvenes doctores y doctoras con prometedoras trayectorias de investigación que intentan acumular así horas de docencia para estar mejor posicionados el día que se convoque alguna plaza de ayudante doctor/a. Hace poco, una compañera, falsa asociada, es decir, que no tiene otro empleo fuera de la universidad, me contaba que tras pasar dos años en Harvard como investigadora posdoctoral decidió volver a España por motivos familiares. Aquí solo ha tenido opción a un contrato a tiempo parcial, remunerado con poco más de 300 euros y la obligación de darse de alta como autónoma. Todo un chollo a los 36 años. 

    Entre la falta de estabilidad y la presión por acumular méritos, la formación de familias se tiende a posponer. Esta espera nos penaliza especialmente a las mujeres, pues en muchos casos la maternidad se convierte en un proyecto que termina por no poder realizarse. Es difícil dar este paso cuando la incertidumbre vital nos lleva a priorizar cuestiones más urgentes: ¿llegaré a fin de mes o tendré que volver a casa de mis padres?, ¿querrá mi pareja acompañarme si mi siguiente contrato posdoctoral implica volver a cambiar de país? 

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